Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

Actitud o destino: la posmodernidad

Educación  · 

Actitud o destino: la posmodernidad

Por Héctor Mellinas

¿Cómo piensa el hombre moderno? A día de hoy tenemos un conjunto de estímulos constantes que nos dejan poco espacio para la reflexión sobre los epistemes contemporáneos. En este artículo regresamos a la literatura clásica para el siglo XXI que nos demostrará como aún somos iguales que los semidioses a los que Wagner dotó de entidad y poder.

walkureHannah Arendt es uno de los filósofos del mundo contemporáneo más acertados. Sus reflexiones sobre la violencia o la vida actual de los hombres son tan crudas (por lo que tiene de directas y sorprendentemente verídicas) que obligan a plantearse un conjunto de postulados y planteamientos sobre la actitud del hombre hacia la comunidad que hasta hace poco teníamos totalmente asimilados y diferenciados; de modo que lo que nos ofrece la filósofa si aplicamos su trabajo a la literatura fundacional del mundo occidental contemporáneo es una nueva línea interpretativa de lo que hasta ahora hemos denominado como posmodernidad.

Arendt nos muestra que el hombre de la modernidad es por autodefinición, por voluntad propia, un animal laborans que ha dejado de lado la dimensión contemplativa, la capacidad de observar (de aprendizaje) del hombre. La acción, la voluntad de modificar aquello que podríamos llamar fato ha pasado a ser el modus vivendi de la sociedad contemporánea.

Sin entrar en los motivos individuales de este cambio en la mentalidad del hombre (Adorno lo asocia con la ferocidad de un sistema basado en la productividad, al capitalismo), vemos en la literatura esencial para nuestro siglo una dualidad marcada ejemplificada por dos personalidades antagónicas entre ellas por lo que tienen de simbólicas: el Hamlet de Shakespeare y el Fausto de Goethe.

La ética en la cual se sostiene la sociedad contemporánea condena una actitud como la del príncipe Hamlet, incapaz de tomar decisiones y resolver un conjunto de dudas que en gran medida han sido creadas por su intelecto. Si bien es cierto que la intervención del hombre empeora las situaciones, a día de hoy no somos capaces como comunidad de ensalzar a alguien que no se posiciona.

El hombre moderno halla su paradigma en el romántico Fausto. Imposible de mantener la visión objetiva de las cosas, preferimos actuar para modificar nuestro rumbo. Arendt habla de libre albedrío, de responsabilidad de las decisiones y consecuencia de la elección. El problema, sin embargo, se encuentra en las decisiones que tomamos, eminentemente fáusticas, que nos llevan a banalizar de un modo feroz el concepto de mal.

Arendt crea la expresión para referirse al nazi Adolf Eichmann y nos recuerda el caso de Macbeth de Shakespeare: un hombre que necesita intervenir, que debe actuar para realizar sus deseos pasando por encima de la moral e ignorando las consecuencias del dolor. Macbeth es el mal, la acción que ignora la bondad. Y por eso, casi de un modo determinista, Shakespeare lo liquida.

En cambio, Goethe perdona las acciones de Fausto, que jamás ha llegado a ser esclavo de Mefistófeles, el grotesco diablo. A diferencia de Macbeth, Fausto asume la responsabilidad de su decisión. Las acciones de Fausto quedan redimidas por la oda romántica a la individualidad, que no deja de ser un ser moral (incluso el mismo Mefistófeles se percata del mal excesivo que representa).

valkyriaPero la modernidad, la supremacía de la acción entendida como intención desesperada del hombre para emanciparse se encuentra con un muro indestructible ante la imposibilidad de llegar a comprender lo absoluto. La incapacidad de abastar la infinitud es lo que ha generado una retahíla de acciones, de decisiones que los eruditos han bautizado, sin mucho esfuerzo, posmodernidad.

El silencio ante lo inalcanzable, la abdicación es el paradigma de la posmodernidad, un dogma cultivado en todas las disciplinas artísticas que tiene en John Cage el ejemplo musical perfecto. El símbolo de la improductividad es, sin embargo, el personaje más memorable de Herman Melville: Bartleby, el escribiente. La actitud de éste, puesto que el mítico “preferiría no hacerlo” es también (y solo) eso, una determinada posición ante un sistema productivo, es la opción comunitaria de nuestra sociedad.

Que esto no nos confunda. Si tratamos de convertir la posmodernidad en una nueva cosmovisión solo nos estamos equivocando. La posmodernidad solo es una opción más de la modernidad; recordemos que ésta es conceptualmente la necesidad del hombre de posicionarse, la posmodernidad es solamente una opción a la hora de actuar, la del silencio.

El hombre de hoy sigue siento romántico, el ideal humano sigue siendo esa valquiria que por ética y moral decide romper las reglas y actuar a favor de un nuevo destino. A día de hoy aún somos incapaces de abstenernos. Callar es tan solo una actitud de moda, no el leitmotiv que rige nuestra época. La postmodernidad es una actitud momentánea, no una nueva cosmovisión.

(Ilustraciones de Harry Clarke y Arthur Rackham)

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: literatura, pensamiento, filosofía, clásicos, modernidad, posmodernidad

Comentar post