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Corazón de nieve

La hora del cuento  · 

Corazón de nieve

Por José María de Arquer

Llegó la Navidad y con ella grandes copos helados, que caían alrededor de un hogar como el tuyo. Y un niño corrió a levantar un muñeco de nieve.

Inténtalo siempre que puedas en un parque, en un jardín, en la montaña… ¡Y protégete bien las manos, que la nieve está muy fría!

Le puso brazos, ojos y un palito en la nariz; luego un gorro rojo, unos pequeños guantes y una bufanda. ¡Quedó precioso! Ah, como el muñeco debe sonreír, dibujó en su boca una mueca feliz. Admiró su obra maravillosa y luego se marchó.

Entonces el muñeco abrió los ojos.

–¡Oooh! –exclamó, estudiando su alrededor–. ¡He vuelto!

· · ·

¿Sabías que el muñeco de nieve siempre va y viene por todas partes de nuestro planeta? Porque cuando en un lugar es verano ¡al otro es invierno! Y cuando se acaba el frío se funde y discurre buscando un río y el mar, donde viaja muchísimos kilómetros antes de elevarse y caer después convertido en nieve.

Y así espera a que otro niño vuelva a montarlo y se queda como dormido… ¡Pero él observa toooodo lo que pasa a su alrededor!, un amigo fiel que te acompaña en esta época de frío.

· · ·

Una gaviota que volaba cerca se posó sobre el suelo.

–He visto tu gorro rojo y me ha gustado mucho –le dijo–. Mis pequeñuelos disfrutarían con él, ¿quieres dármelo?

El muñeco se cruzó de brazos. ¡Recién estrenaba ropa nueva y le quedaba de primera!

–Ahh, claro que sí... –respondió–, ¡pero hoy no! Cuando llegue el calor, vuelve y te lo doy.

Satisfecha con aquella promesa, la gaviota le dio las gracias y se alejó en dirección al mar, decidida a volver en un tiempo. ¡Cómo se divertirían sus polluelos picoteando los hilos de ese gorro!

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Al día siguiente se acercó un gatito; no estaba acostumbrado a caminar sobre la nieve y tiritaba de frío.  

–¡Hola, muñeco! –saludó con voz suave–. Me he dado cuenta de que llevas una bufanda colorida y muy larga. ¿Querrás dármela, para hacer una alfombra para mis gatitos?

El muñeco se apretó el nudo al cuello. ¿Qué sería de él, sin la bufanda? ¡No podía quedarse desnudo!

–Gatito –le respondió–. Ahora no te la daré, pero si vienes cuando llegue el calor será tuya.

¡El gatito se puso tan contento! Cuando volvió a su casita y contó que pronto tendrían un suelo nuevo, ¡ay, qué alegría les dio a todos!

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El niño que cuidaba del muñeco lo cubría con nieve nueva, le hacía fotos con sus amigos y sus amigas... ¡El muñeco era tan feliz! Y siempre se hacía el dormido, claro.

El día de Reyes ¡le puso una piña en la nariz! ¡Qué contento respiraba! Es una suerte ser muñeco de nieve, incluso si te lanzan bolas. ¡Más bolas! Ziuu, ziuu. ¡Eso divierte a todo el mundo!

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Dos gorriones lo despertaron cantando.

–¡Pio, pioooo! ¡Buenos días, buenos días!

El muñeco se desperezó y los pájaros bajaron del árbol como flechas, para aterrizar cada uno sobre un guante.

–¡Qué suaves son! –canturrearon.

–¡Y qué calentitas me dejan las manos en invierno! –contestó el muñeco, complacido–. Aunque pronto no los necesitaré.

–Pues si no vas a usarlos –dijo uno de ellos, que saltaba sin parar sobre la mano–, ¿nos los darás?

El muñeco pensó que un pájaro no tiene manos donde ponerse los guantes.

–¡Pero si son más grandes que vosotros!

–¡Por eso mismo! Imagínate qué cómodos estaremos dentro, un día de lluvia.

El muñeco sonrió. Supuso que el pajarito tenía razón.

–¡Claro! Serán vuestros… pero hoy no. Cuando llegue el calor y yo me vaya, entonces os los daré.

Los gorriones piaron cerca de sus orejas.

–¡Pio, piooooo! ¡Gracias, gracias!

Y se alejaron así de contentos.

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Con el tiempo, el frío comenzó a retirarse y el muñeco supo que pronto partiría a otro lugar del mundo. El niño que lo cuidaba no se cansaba de ponerle más y más nieve, pero cada vez había menos…

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Entonces se acercó una ardilla, atraída por la piña de su nariz.

–¡Hola! –saludó moviendo su larga colita–. ¿Quieres darme tu nariz?

¡Una piña es un objeto precioso para una ardilla! El animal había encontrado otra aquella mañana y la llevaba entre sus manos.

El muñeco contestó muy serio:

–¿Pero tú crees que puedes llevarte mi nariz? ¡Ni hablar, tú ya tienes esa!

La ardilla lo comprendió. Sin embargo la piña… ¡era tan irresistible!

–De acuerdo. Pero cuando te vayas, ¿me la darás?

El muñeco de nieve sonrió.

–No falta mucho para la llegada del calor. Cuando eso ocurra, acércate y te daré la piña.

–¡Claro que volveré!

Y el animalillo desapareció excitado, saltando de rama en rama.

· · ·

Tres días después llegó el calor y el muñeco comenzó a sudar.

–¡Qué alegría! –exclamó. Era el momento–. ¡Hoy parto de viaje!

Se lo había pasado genial aquí pero ahora tenía la oportunidad de viajar a otro lugar. Y se preparaba para el viaje cuando se acercaron la gaviota, el gato, los gorriones y la ardilla. Todos esperaban sobre el charco de agua que la nieve iba dejando. 

–¡Hola amigos, habéis llegado puntuales! –los recibió, feliz de haberlos reunido a todos.

Y dijo:

–A ti, gaviota, te he guardado el gorro, como te prometí.

Y se lo dio y ella voló entusiasmada hacia su nido.

–A ti, gatito, la bufanda.

Y se la dio y lo vio marchar dando botes de alegría, pensando en cómo extendería su alfombra.

–A vosotros, gorriones, los guantes.

Los repartió y cada gorrión se llevó uno, haciendo un gran esfuerzo para elevarse. ¡Daban tumbos por el aire!

–Y para ti, ardilla, ¡la piña!

Y el animal, complacido, la agarró con sus enormes dientes y desapareció.

· · ·

Instantes después, el muñeco se fundió y corrió como un charco de agua buscando el río. Y lo encontró y se deslizó dentro de él. No tardó en salir a mar abierto para viajar lejos, muy lejos; justo al otro lado del planeta, donde no tardaría en llegar el invierno. Entonces se elevaría para caer en forma de grandes copos de nieve sobre algún lugar hermoso… y esperaría que las manos de un niño lo encontraran.

Siempre echaba de menos a sus amigos, repartidos por todo el mundo. Era feliz sabiendo que, cada año, compartía una preciosa aventura con otros nuevos. Con niños y niñas como tú, aquellos que queréis hacer un muñeco de nieve y verlo sonreír. ¡Pero solo durante un tiempo!, porque hoy está aquí y mañana allá… ¡Aprovechad su tiempo!

FIN

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Palabras clave de este post: cuentos infantiles, cuentos de navidad, amistad

José María de Arquer  ·  @JmdeArquer

Autor de la novela juvenil CUSTODIOS y de la colección de cuentos infantiles POL AVENTURER. Colabora habitualmente en la página de fomento de lectura infantil y juvenil Boolino, con la aportación de cuentos breves. Como profesión, realiza trabajos de investigación técnica en el mercado asegurador y es también colaborador de algunos proyectos sociales de desarrollo de los más jóvenes.

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