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Cuentos infantiles: Dos estrellas

La hora del cuento  · 

Cuentos infantiles: Dos estrellas

Por Luis Mario Reyes

Hoy en La hora del cuento compartimos: Dos estrellas, escrito por Luis Mario Reyes.

Luis Mario Reyes P. es un amante de los libros y la televisión. Es editor de la revista en línea www.libertimento.com.mx, una publicación dedicada a la literatura escrita y gráfica, donde los cuentos ilustrados son el principal elemento en la revista. A su vez, es maestro de primaria, le encanta contar cuentos y leer lo que los niños tienes que decir.

La antigua mina  “Dos Estrellas”  está justo en frente de la casa del tío Toño, lo único que se interpone entre la casa y la mina es una carretera abandonada, donde unos dicen que el eco de las carretas cargando pirita –“El oro de los tontos”– se sigue escuchando. En la casa del tío Toño uno puede asomarse por cualquier ventana y observar el cerro lleno de agujeros, un cerro que parece haber sufrido de varicela. También hay cientos de bolsas del “oro de los tontos” abandonadas  y cuarzos en bruto con cara al sol. Mucha gente se ha dejado llevar por el brillo de la pirita a la distancia, año con año decenas de personas se han perdido entre los socavones abiertos del cerro. Dicen que alguien se los traga.

La “Dos Estrellas” se encuentra en Tlalpujahua, Michoacán, se puede decir que este pueblo es la frontera con el Estado de México. La mina “Dos estrellas” era la principal fuente de recursos en tiempos de Don Porfirio. El expresidente era muy recordado en Tlalpujahua; el tío Toño era una memoria fiel de su legado, un retrato de Porfirio Díaz, a tamaño real, era la prueba de su devoción. El tío nos contaba que Don Porfirio cargaba a la mina en su corazón, prueba de ello eran dos estrellas doradas pendiendo de su solapa izquierda.

El tío decía que Don Porfirio nos daba la bienvenida cada vez que llegábamos a su casa, también nos mentía argumentando que aquel señor era nuestro tatarabuelo. Una y otra vez nos decía que el diablo nunca se había metido en nuestro supuesto tatarabuelo, que él nunca tuvo miedo de trabajar en la mina y mucho menos de explorar en sus socavones a flor de piel tarareando la canción de los mineros. Melodía que el tío siempre tarareaba chiflando; según él, Don Porfirio había enseñado tal melodía a los mineros para cuidarse de los socavones y lo que sea que estuviera tierra abajo esperando la muerte de cualquier distraído, era para la buena suerte.

El tío chiflaba la melodía de los mineros sin razón aparente, bien lo podía hacer en un funeral o a media cena tal y como lo acaba de hacer. Acabada la merienda y la melodía del tío, llevé mi plato al fregadero, la negrura de la mina entraba por todas las ventanas de la cocina. Después me lavé los dientes y me metí a la cama. Ya acostado, la canción del tío sonaba una y otra vez en mi cabeza. En la oscuridad total, escuché pasar al tío Toño por el pasillo; pero ahora, el chiflido clásico de la melodía era sustituido por una letra original.

–…En una noche de luna debajo de la cama salió un diablito loco tocando la guitarra, el diablito loco se salió...el diablitoooo seguíaaaaa baaiillllaannddooo – El chiflido de los mineros tenía letra gracias al tío Toño, él la compuso después de que “Dos Estrellas” se derrumbó hace más de 30 años. Yo estaba aterrado.

Ilustraciones: No tech MagazineJoseph Arrowsmith

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