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Cuentos infantiles: Los zapatos púrpura

Cuentos infantiles  · 

Cuentos infantiles: Los zapatos púrpura

Por Isabel Gamma

 

Hoy en "La hora del cuento" compartimos el cuento infantil "Los zapatos púrpuras" de Isabel Gamma.

Un cuento mágico, donde unos simples zapatos hacen llegar muy lejos a la pequeña Rosa. Generosidad, trabajo, esfuerzo y lucha en este cuento infantil.

*Imagen: Sara Morante "Los Zapatos Rojos"

En una angosta calle de la Ciudad de México, vivía una linda niña que tenía cinco hermanos, ellos iban a la escuela, pero Rosa además trabajaba en el centro comercial ayudando a las señoras a llevar las bolsas a sus autos, le iba muy bien, Rosa apenas cumpliría nueve éste año y tenía muchos sueños de poder estudiar muchas carreras. Su madre trabajaba de día y de noche para poder pagar sus gastos y Rosa la apoyaba todas las semanas con un poco de dinero.

Uno de esos días en los que ella había tenido un día excelente, pues había ganado casi quinientos pesos en una sola tarde, se encontró con una anciana en la puerta del centro comercial que tenía extendida la mano y alcanzó a escuchar cómo le decía –un peso para poder comer-; Rosa se detuvo y le preguntó –¿por qué no vienes a ayudarnos a llevar bolsas y te ganas unos pesitos?, ¡estoy segura que te va a ir bien!-, pero la señora levantó el reboso que le cubría las piernas y le hizo notar que sólo contaba con una.

Rosa sorprendida le dijo que no se preocupara, le preguntó dónde vivía y la señora contestó que aquí y allá, -estoy sola en el mundo, en realidad sólo me preocupó por tener donde comer y vivo en una posada, dónde la señora me da asilo si le ayudo diario a limpiar su cocina, pero es muy cansado-. Rosa volteó a ver su dinero, con el que había planeado comprarse unos zapatos para ir a la escuela, y pensó que tal vez la siguiente semana podría juntar el dinero para poder hacerlo. Fue a la taquería y pidió un menú completo para la señora, por el resto de la semana, sólo le quedaron ciento cincuenta pesos que pensaba entregarle a su madre, -son muy buenos- pensó-.

La señora quedó muy agradecida y le dijo que ella merecía tener lo mejor, que sólo las princesas del alma piensan en los demás. Y Rosa agradecida se retiró a su casa muy contenta.

La siguiente semana ya no vio a la señora, pero no se preocupó, sabía que tal vez ahora iría a otro lugar donde le iría mejor. Una compañera le dio al llegar una cajita que la señora le había dejado para ella, cuándo la abrió notó que eran unos preciosos zapatos color púrpura y pensó, -bueno en realidad ella no sabía que los que yo necesitaba, eran para la escuela-; es más, no sabía cómo había podido enterarse de que le hacían falta unos zapatos.

Agradeció a su compañera y continuó su camino.

Cuando llegó a su casa y le contó a su madre, la felicitó y le dijo que se lo merecía por ser tan buena, pero le pidió los zapatos para revisarlos por seguridad. Cuando abrieron la cajita notaron que eran unos zapatos negros con correa y de suela de goma, justos para la escuela, -¿no me dijiste…?-, -¡eran púrpura, te lo prometo!- interrumpió ella;

-bueno no te angusties, tal vez lo viste mal, pero qué bueno que tienes lo que necesitas-, dijo su madre para que se calmara.

En dos semanas tendrían que ir a la Ceremonia de su hermano, le entregarían un diploma y ella tenía un modesto vestidito Rojo, se puso sus únicos zapatos presentables, que a pesar de las dos semanas de uso seguían intactos, no combinaban muy bien, pero eran unos zapatos preciosos, sí esos negros de la escuela.

Cuando llegaron, vieron a la maestra de su hermano que las recibió con honores, -¡Rosa, ¿dónde has conseguido esos zapatos?, te quedan muy bien!- preguntó la maestra; y cuando voltearon a verlos, se dieron cuenta que los zapatos eran unos rojos preciosos con un poco de plataforma y con correa que ajustaba perfecto a sus pies, además eran del color del vestido, que sólo por los zapatos ahora se veía mejor que nunca.

Rosa y su madre estaban muy sorprendidas y entusiasmadas, y no hicieron más experimentos, que seguro yo hubiera querido hacer en su lugar. Rosa jamás tuvo que comprar zapatos, ellos cambiaban de talla y de color según los necesitara. Cuando ella se hizo abogada y puso su despacho, un día llegó hasta su oficina una señora con un bastón que reconoció de inmediato, -vengo por mis zapatos niña, ya los has usado lo suficiente y creo que le serán útiles a alguien más, estoy segura que no te faltarán-

Rosa sonrió y sin pensar que se quedaría sin zapatos para regresar a casa, se los entregó y le dijo –en verdad no sabes lo que hiciste por mí, te estaré agradecida toda mi vida, no sólo mi madre jamás tuvo que gastar en zapatos, empleé cada peso que gané en mi educación y en la de mis hermanos y soy muy feliz, gracias-.

La señora salió con los zapatos en la mano, pero no llevaba los tacones de plataforma negros que Rosa traía puestos, ahora eran unos zapatos púrpura de niña.

Fin.

*Imágenes: SuperSonicGirl & A.P.Scribbles

Sobre la autora

"Isabel Gamma nació en la Ciudad de México, en la actualidad escribe libros para niños y adolescentes con varias colecciones publicadas. Sus colecciones ya están catalogadas en las cinco más importantes librerías del País en tan solo un año. Personalmente opera un programa de lecturas gratuitas para niños en diferentes librerías y Escuelas del Distrito Federal, Querétaro, Hidalgo y Estado de México.

Escribe quincenalmente un cuento para un Periódico local en Querétaro.

Es mediador del Programa Nacional de Salas de Lectura, haciendo posible dos Salas de Lectura en el Estado de Querétaro.

Actualmente es parte del Consejo de cultura en una Delegación en el Distrito Federal. Colabora como invitada de algunos programas de lectura para Asociaciones en los diferentes Estados.

La también empresaria mexicana, trabaja desde su marca Dear Mommy, un blog para padres y es Social Media Manager.

Mujer mexicana, madre, esposa, escritora, empresaria y blogger."

 

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Palabras clave de este post: Cuentos infantiles, zapatos, generosidad

Comentar post

Apacible

Gracias

rosario

Que bonito es una historia fantástica si señor,,,, felicidades a la autora, que suerte tener la oportunidad de que podamos leer sus cuentos,,,