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Cuentos infantiles: SONGO, El elefante que quería dibujar lo que le gustaba

La hora del cuento  · 

Cuentos infantiles: SONGO, El elefante que quería dibujar lo que le gustaba

Por Laura Minimalia

Hoy en "La Hora del Cuento" compartimos: "SONGO, El elefante que quería dibujar lo que le gustaba", escrito por Laura Minimalia de La tienda de dibus.

Un bonito cuento sobre Songo, un elefante de la selva africana, que prefería dibujar dioses indios a paisajes de su tierra: África. 

*Imagen: Julen Urrutia

Había una vez un elefante muy grande que vivía en una selva muy grande, en África. Se llamaba Songo. Y estaba siempre triste.

Songo era como todos los elefantes: tenía el cuerpo grande, grandes patas, grandes orejas y trompa grande. (Tenía ojos pequeños, eso sí)

Lo que más le gustaba a Songo era dibujar. Y no dibujar cualquier cosa. Le gustaba dibujar dioses de La India. Sólo dioses de la India.

Cuando era pequeño (todo lo pequeño que un elefante puede haber sido) alguien le había contado a Songo que en La India los elefantes eran sagrados. Y que incluso había dioses con cara de elefante.

Así que desde pequeño (todo lo pequeño que un elefante puede haber sido), Songo había pensado que su vida habría sido mejor si hubiera nacido en La India.

- Si hubiera nacido en La India.- se decía a sí mismo.- yo sería un dios sagrado y viviría en un gran templo de piedra y los demás se apartarían a mi paso.

Pero resultaba que La India estaba muy lejos. Por eso Songo vivía en la sabana. Y también por eso dibujaba dioses de la India.

Songo exponía sus dibujos en los troncos de los árboles. ¡Quería ser artista y rico, por este orden! Para ser artista sus amigos tenían que admirar sus dibujos y para ser rico tenían además que comprarlos. Pero ninguna de esas cosas sucedía.

Por eso Songo estaba siempre triste.

- Dibujando dioses de La India no serás rico.- le dijo su amiga la tortuga Namwala.- Para ser rico deberías dibujar dioses de África o paisajes de la selva, que es donde vivimos.

- Pero…- protestó el elefante.

- Hazme caso.- insistió la tortuga.

Entonces Songo intentó dibujar un paisaje de la selva. No le quedó mal, porque Songo dibujaba muy bien. Pero no se divirtió nada haciendo aquel dibujo. ¡Él prefería dibujar dioses de La India!

Al día siguiente, la leona Lusaka vio el dibujo cuando iba con sus amigas de caza.

- Quedaría estupendo en el salón de mi casa.- dijo Lusaka.- ¿Cuánto cuesta?

La leona Kabwe se interesó también por el dibujo.

- Oh, a mí me vendría muy bien para el cuarto de los niños.- dijo.- Te daré más que ella.

Songo se frotó la frente con la punta de su trompa. ¡Nadie había querido hasta entonces comprar uno de sus dibujos! No sabía qué precio debía ponerle.

- Pues alegraría la entrada a mi casa.- interrumpió a leona Orapa.- Te daré el doble de lo que te den ellas dos juntas.

Mientras Songo seguía pensando, las leonas empezaron una discusión sobre quién tenía derecho a comprar el dibujo del elefante.

- ¡Yo lo vi primero!- dijo Lusaka.

- ¡Pero yo puedo pagar más! – dijo Orapa.

- ¡Pero en mi casa quedaría mejor! – protestó Kabwe.

Las leonas estaban a punto de pelearse en serio. Pero entonces Songo tuvo una idea.

- Veréis, amigas. No puedo venderos el dibujo. Es un regalo para mi amiga Namwala, la tortuga.

- ¡Vámonos! – dijo Lusaka.- ¡Aquí no hay nada que hacer!

Las tres leonas miraron a Songo muy enfadadas y se marcharon corriendo.

El elefante se quedó pensativo. Al cabo de un rato, Songo cogió el dibujo y fue con él hasta la charca donde vivía Namwala.

- ¡Oh, qué bonito! ¡Gracias! – dijo la tortuga cuando el elefante se lo ofreció como regalo.- Por fin me has hecho caso…

- Sí.- dijo Songo.- Pero ha sido la primera y la última vez.

Namwala le miró extrañada. Y Songo le explicó lo que había sucedido con las leonas.

- Además, ya no quiero ser rico.- le dijo Songo.- Sólo quiero dibujar las cosas que me gustan de verdad. Y a mí me gusta dibujar dioses de La India, no paisajes de la selva.

- Me encogería de hombros si los tuviera.- confesó la tortuga Namwala, con una sonrisa.- Pero me parece bien. ¡Tienes que hacer lo que a ti te gusta!

Songo le dedicó una sonrisa. ¡Namwala era una buena amiga!

Y Songo siguió siendo elefante muy grande que vivía en una selva muy grande, en África.

Pero ya no se sintió triste porque a sus amigos no les gustasen mucho sus dibujos de dioses de La India. ¡A él le gustaban! Y era suficiente.

 

Sobre la autora

"Me llamo Laura y mi alterego en el mundo 2.0 es Minimalia. Cuando era pequeña pintaba las paredes. Literalmente :) Las maestras me reñían y enviaban notas a mis padres porque dibujaba cosas en las esquinas de mis cuadernos de ejercicio. Pero nunca dejé de dibujar.

Me gusta leer, escribir y dibujar y adoro a los niños y a los animales en general. Siento devoción por mi dos tortugas, que tienen ya más de 15 años conmigo :)

Compagino mi actividad profesional como marketiniana con diferentes proyectos de ilustración. Mi último proyecto es La tienda de dibus, un pequeño escaparate de compartir mis dibujos preferidos y láminas personalizables y divertidas para niños y grandes, además de proyectos DIY y cosas bonitas que inspiran."

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Palabras clave de este post: Cuentos infantiles, elefante, África, India

Comentar post

Songoo

Muy bien Laura! Sigue así animando a los niños a hacer lo que les gusta y no trabajar sólo por dinero. Gracias.

rosario

Muy bonito el cuento y muy educativo, mis felicitaciones a Laura Minimalia,,,( Que me gustan los cuentos, igual leerlos que escribirlos)

Carmen Abadía

Enhorabuena, Laura, es un bella historia bien contada. Suerte en tu empresa de dibus. Suena bien esa idea tuya. Un abrazo estelar.