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Cuentos infantiles: El pingüinito se va de vacaciones

La hora del cuento  · 

Cuentos infantiles: El pingüinito se va de vacaciones

Por José María de Arquer

Pingüinito estaba contentísimo porque marchaba de vacaciones con su familia. Sus padres y su hermana Adelia se estaban despidiendo de toooodos sus amigos, que eran cientos; vivían en el Polo Sur y se hallaba reunida toda la colonia cerca de la costa.

–Nos marchamos hoy, adiós, adiós… 
Pingüinito hacía lo mismo con sus amigos.
–¿Cuándo volverás? –le preguntaron.
–¡Volvemos esta tarde! –respondió él.
–Y ¿adónde vas? –quiso saber el más pequeño.
Pingüinito señaló una elevación helada del terreno, a su derecha. ¡En realidad todo estaba helado!
–¿Ves aquella montaña de allá? ¡Pues detrás se encuentra la playa más bonita del mundo! Nos tumbaremos y tomaremos el fresquito.
¡Ualaaa! –exclamaron todos–. ¡Qué suerte tienes!

Y tan al fresquito estarían, porque todo hasta donde su vista alcanzaba, a excepción del mar que tenían delante, era hielo. 
Pero a los pingüinos no les gusta estar solos. Y tampoco les conviene, porque el grupo les da calor y protección. ¿Sabías que pasan una buena parte del tiempo dentro del agua? Eso es porque fuera hace demasiado frío. Y el padre de Pingüinito sabía que no debían alejarse mucho de los demás. En realidad, ¡un día de vacaciones era una maravilla para cualquiera!

Comenzaron a caminar hacia la montaña helada, siguiendo la línea del mar. ¡Qué contentos estaban! Pingüinito y Adelia no dejaban de corretear juntos.
–¡No os alejéis! –les pidió su madre, una vez–. ¡Podéis perderos!
El padre la miró con sorpresa.
–¿Cómo van a perderse aquí? –preguntó, sorprendido–. ¡Todo el mundo sabe que un pingüino jamás se pierde!
Eso era verdad, porque un pingüino sabe dónde está con solo mirar el sol. Además, también mirándolo controla la hora y sabe cuándo tiene que entrar y salir del agua, o trasladarse de lugar.
–Bueno –contestó la madre–. Por si acaso…
Como en el fondo a nadie le gustaba alejarse mucho, el padre aceleró la marcha para no perder a sus hijos. ¡Qué manera tan divertida de caminar! Pim, pam, pim, pam…, pasitos cortos y balanceando su cuerpo. ¡Resultaban graciosísimos!
–¡Ya casi estamos! –exclamó Pingüinito, alegre.
Y corrieron por la costa unos últimos metros hasta aquella montaña de hielo, a cuyos pies se extendía la playa blanca más bonita del mundo. La familia de pingüinos corrió hasta el centro, muy cerca del agua; y se tumbaron todos muy juntitos, boca arriba. ¡Qué fresquito tan bueno! 
Entonces, Pingüinito vio una brecha en la pared helada de atrás. ¡Era un caminito de hielo azul!
–¡Oh! –exclamó, y le estiró la alita a su hermana–. ¡Vamos, Adelia, subiremos hasta arriba y bajaremos a toda pastilla!
Los dos ascendieron por la brecha y llegaron a la cima de la pequeña montaña. ¡Qué paisaje tan impresionante! Se veían icebergs sobre el océano, yendo a la deriva hacia otras tierras lejanas.
Entonces, Pingüinito y Adelia se tiraron por la cuesta de barriga y se deslizaron hasta la playa a toda velocidad.
Ziuuuuuuu…
A eso un pingüino lo llama barrinaje, ¡porque es un patinaje con barriga!
Aterrizaron a los pies de sus padres, que sonrieron contentos.
–¡Otra vez, otra vez! –suplicaron los pequeños.
Y volvieron a subir por la brecha helada para tirarse después de barriga. ¡Qué velocidad! ¡Incluso dieron alguna vuelta de campana en las curvas, de lo rápido que iban!
Y así pasaron un buen rato, hasta que sus padres anunciaron que ya debían volver.

Una hora más tarde, cuando llegaron al lugar donde descansaba el resto de la colonia, todos quisieron saber cómo les había ido. ¿Sabéis lo contentos que Pingüinito y Adelia estaban, contándoselo? Su día de vacaciones fue maravilloso. ¡Cómo disfrutaron cada hora que pasaron juntos! 
En realidad es una suerte ser pingüino, porque ¡nadie en el mundo practica el barrinaje como ellos! 

 

José María de Arquer

Autor de la novela juvenil "Custodios", del cuento "Corazón de Paja" y otros.

@JmdeArquer

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Comentar post

Rosana

Muy chulo el cuento. Nos ha encantado