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El miedo

La hora del cuento  · 

El miedo

Por Luis Mario Reyes

¿Tienes miedo a la oscuridad? No te pierdas este cuento infantil sobre el miedo.

Cuando mi mamá me dijo que no tenía por qué temerle a la oscuridad no me quedó muy claro lo que me aconsejó; porque ella me dijo que cuando la oscuridad se me apareciese pensara en que ella tiene más pavor de mí que yo de ella. La verdad que este consejo, si así se le puede llamar, me hizo pensar durante mucho tiempo, tanto, que hasta necesité ayuda de mi hermano mayor.

El miedo es como la oscuridad, es una sombra que se aparece, así de sencillo; muy bien, lo entiendo. Mi hermano mayor me dijo que la oscuridad se apaga cuando prendemos la luz del cuarto, del salón o del baño, y esto pasa porque la luz funde la negrura de la oscuridad con todo el poder de sus rayos. Desde ese día que mi hermano mayor me confesó esto de la oscuridad, tengo ataques de risa cada vez que pienso en ella; y del miedo mejor ni te cuento, porque me harían falta otros pantalones.

Eso de que la luz funde la negrura de la oscuridad me lo dijo mi hermano mayor una vez que nos quedamos solos en la casa. Esa noche era tenebrosa y estaba llena de sombras, los juguetes, las almohadas, las cobijas y la misma cara de mi hermano mayor era tan confusa que no sabía si era él o un juguete viejo y arruinado.

– La luz en la noche puede ser como la respiración, si te hace falta puedes morir, pero si tienes demasiada nunca pegarás el ojo para soñar Luisito –con el guiño de un ojo mi hermano mayor estaba por confesarme su truco para vencer el miedo en la oscuridad–. Mantén la luz siempre en tu cabeza, y la mejor forma de hacerlo, es durmiendo, ¿te digo por qué? –con la boca abierta le dije que si–, porque en los sueños la luz siempre está a la medida exacta para dormir. No importa si sueñas con el sol o con la luna, con un villano o con tu mejor amigo, la luz de tus sueños siempre te dejarán dormir –no sabía qué decir, estaba paralizado–. Funde la oscuridad con tus ojos cerrados.

Desde ese consejo, no importa si es por las noches o por los días, siempre tengo que llevar unos pantalones extra, porque cuando el miedo se me aparece en lo más oscuro de los lugares donde quiero pegar el ojo, no hago más que reírme y echarme a soñar.

Les digo que lo de los pantalones es verdad, ahora necesito cambiármelos.

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