Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

Entrevistamos a ING Edicions, libros para compartir

Entrevistas  · 

Entrevistamos a ING Edicions, libros para compartir

Después de 20 años editando libros infantiles, las responsables de ING Edicions nos hablan de su proyecto y de la importancia de los cuentos. Nos proponen también algunas recomendaciones sobre el criterio para seleccionar las mejores historias para los más pequeños.

Àuria G. Galceran es maestra de primaria de la escuela Waldorf-Steiner el Til·ler de Bellaterra. Fue maestra de infantil durante muchos años y miembro del equipo fundador de la escuela. Participa habitualmente en cursos de formación para maestros, entre ellos el posgrado en educación infantil Waldorf en La Salle (Universidad Ramon Llull).

Ivette Noguera fue maestra de infantil y de primaria en escuela pública. Es psicóloga de formación, ha estado durante muchos años en contacto con las necesidades profesionales del mundo de la empresa como responsable en procesos de selección de personal.

Conjuntamente crearon la editorial Ing Edicions. Ivette es su directora y Àuria su responsable pedagógica.

“A fin de que una historia mantenga de verdad la atención del niño tiene que divertirlo y excitar su curiosidad, pero para enriquecer su vida tiene que estimular su imaginación, ayudarlo a desarrollar su intelecto y a clarificar sus emociones.”

En esta frase de Bruno Bettelheim llama la atención el hecho de clarificar las emociones. ¿Un niño tiene conflictos emocionales? ¿Cuáles?

ÀURIA: Sí, muchas veces el niño sabe que le pasa algo pero no sabe qué. Por ejemplo, cuando empieza a despertarse como yo individual a los tres años, a confrontar, a decir “no”, o cuando tiene un hermanito, aparecen los conflictos. Ve que a su hermanito se le hacen cosas que a él no se le hacen y empieza a tener dentro una imagen de lo que tendría que ser y no es: eso es un conflicto. En este momento si encuentra una imagen de un cuento con un personaje al cual le está pasando lo mismo, siente como un despertar. Por ejemplo, muchos niños que tienen hermanos han sentido lo mismo que siente la madrastra hacia Blancanieves: ella si pudiera la sacaría de casa, sacarían al hermanito de casa, de hecho es habitual que en algún momento pregunten a la madre “¿Y cuándo se marchará?”. Aunque no se identifiquen con la madrastra, entienden lo que le está pasando por la cabeza y lo que siente aquella señora. De esta manera empiezan a entender que sus sentimientos tienen un espacio y un sentido, y eso les da mucha tranquilidad. A partir de aquí, se pueden distanciar y pueden decir: eso lo quiero o no lo quiero. Pero si no saben identificarlo, no pueden después distanciarse.

Cuando hablamos de cuentos estamos hablando de cuentos de hadas, cuentos de tradición oral, de cuentos populares, de fábulas, leyendas...

ÀURIA: La definición de cuento es una narración corta que tiene un inicio, un nudo y una resolución. Dentro de eso hay cuentos que están más orientados hacia el mundo de los niños y otros, hacia el mundo de los adultos. Para un niño pequeño necesitamos que sea muy fácil para él entrar en la imagen que estamos expresando. Cuando nosotros decimos cuentos de hadas queremos decir cuentos que no son de esta realidad. Siempre empiezan con el “Érase una vez” y no se sabe qué tiempo era aquel. Tenemos la creencia de que por el hecho de que sean cuentos de tradición oral ya tienen que ser cuentos para niños y en realidad no todos los cuentos son para niños. Dentro de las escuelas Waldorf hemos hecho un trabajo exhaustivo sobre todo lo que significa esta tradición oral, queremos diferenciar los cuentos que corresponden a diferentes ciclos de edad. Por ejemplo, sabemos que un niño de 3 a 5 años se siente mucho más a gusto con un cuento rítmico que habla de una fantasía muy conectada con la realidad que la fantasía por la fantasía, que no consideramos oportuna. Para nosotros lo que es válido son las imágenes universales, que hablan y ayudan a todos los niños porque el niño pequeño es universal. Y las narraciones tienen que ser rítmicas porque él todavía está creando su respiración... y tienen que ser cuentos que estén muy conectados con la tradición del lugar: la tierra, los animales, los campesinos... la vida simple y sencilla.

 

IVETTE: Si leemos cuentos de los diferentes países vemos que son el mismo cuento ambientado diferente. Le han puesto un vestido diferente porque es el marco cultural, pero en esencia son los mismos cuentos, son universales.

 

¿Qué tienen estos cuentos? ¿Qué hay detrás de los cuentos que hace que conmuevan a un nivel no tan consciente, tanto en el caso de los niños como de los adultos? ¿Es el ritmo, la forma, la estructura, los personajes, el desenlace?

ÀURIA: Tomemos el ejemplo del cuento de Caperucita Roja, que todo el mundo conoce y que es un cuento del Panchatantra, de la antigua India, es decir, que estamos hablando de 2.000 a.C. Imagínate los cuentos de dónde pueden venir. Cuando piensas que cuentos como este atravesaron el Cáucaso, llegaron a Rusia y después nos llegaron a Europa en la Edad Media y que nosotros conocemos a través de los hermanos Grimm, te preguntas cómo se ha podido mantener durante tantos siglos. Es una muestra de que el alma humana está universalmente intentando siempre entender el mundo y entenderse a sí misma. Y eso lo hacemos tanto los niños pequeños como los adultos. Este cuento lo han utilizado para anuncios, para televisión, incluso con un contenido sexual. ¿Cómo puede ser que utilicen estas imágenes para hacernos comprar un perfume? Pues porque están tocando este elemento universal y todavía nos está diciendo algo hoy día, si no, no lo utilizaríamos. En el lenguaje interno, el alma reconoce este elemento como suyo. Quizás no sabe muy bien dónde ubicarlo porque tenemos un gran peso de la educación contemporánea consumista, que no nos ayuda precisamente en eso. Pero no hay ninguna duda de que todo el mundo se ha sentido traicionado o engañado en algún momento y es el alma la que reconoce y acoge estas experiencias. Es una imagen que todavía actúa en nosotros porque si no, no habría sobrevivido. La encontramos también en las películas, no le llamamos Caperucita, pero tiene el mismo significado, igual que el mito de Perséfone y otros mitos que nos explican siempre la misma situación: alguien que es engañado y que, en la inocencia, es engullido y después tiene que saber salir de allí o lo tienen que salvar. Esta sensación de que algún día seré salvado o algún día sabré encontrar la solución y salir de aquí da esperanza. Nos deja esta semillita de “yo tengo confianza en que eso pasará”. Hay muchos autores, como por ejemplo Machado, que dicen que tenemos que saber todos los cuentos: todos. Porque si no, no seremos nunca liberados anímicamente. Porque en cada cuento reencontramos un espejo en nuestro interior y nos lo hacemos nuestro para poder leerlo cuando lo necesitamos interiormente y sentir esta semilla: “Yo sí que podré”.

 

Desde un punto de vista práctico, ¿cómo lo tengo que hacer para escoger un cuento para esta noche para mi hijo?

IVETTE: Depende de la edad que tenga y depende del momento en qué esté. Si nos preocupamos por los cuentos y nos preocupamos por lo que les conviene, entonces seguramente habremos mirado a los niños de corazón y sabremos escoger bien. Como hemos comentado antes, a los 3 años un niño puede empezar a tener miedo del mundo. Empieza a tener miedos y lo puede manifestar de muchas maneras. Para él buscaremos un cuento rítmico, sencillo, en el que todo vuelva. Yo soy partidaria de leer primero el cuento, antes de darles las imágenes de un libro.

 

ÀURIA: Damos mucha importancia a los cuentos de los Grimm por su fiabilidad en las imágenes, son muy precisas y guardan mucho de lo que tenían en sus orígenes. También los cuentos rusos tienen esta calidad.

Después tenemos los cuentos de Andersen, que son de creación propia, muy bonitos, pero más adecuados para niños a partir de los 8 y 9 años porque son cuentos donde las emociones son muy intensas. Por ejemplo La niña de los fósforos o La reina de la nieve son historias que están hablando a un alma que ya haya vivido muchas cosas y el niño pequeño no las puede hacer suyas fácilmente. Sí que las escuchará, como por ejemplo El patito feo, y puede ser que pueda identificarse, pero yo no lo recomendaría antes de los 7 años porque son cuentos que mueven mucho las emociones. Lo que queremos es que el niño vaya entrando, con alegría, en imágenes con las cuales pueda jugar, sin necesidad de que penetren tan profundamente. A partir de los 8 y 9 años también podemos narrar leyendas, que les gustan mucho. Después, a los 9 y 10 años, ya podemos entrar más en los mitos de cada cultura. Entender la mitología en cada una de las culturas también les da una gran riqueza. Y así podemos ir creciendo con ellos.

 

¿Hay alguna recomendación que queréis hacer a padres o a maestros?

IVETTE: Si quieres un niño creativo explícale cuentos, y si lo quieres sabio explícale más cuentos. Eso lo dice Einstein.

Explícale buenos cuentos.

ÀURIA: Exacto, pero es importante explicar ni que sea tu vida, que también es un cuento. Lo importante es el acercamiento, el tiempo que damos al niño. Y de los cuentos lo importante es que sean los adecuados. Los niños también piden las cosas, a veces te piden que les expliques aquello que te pasó cuando eras pequeño, es importante para él ver que tú también fuiste pequeño, que te caíste, que te levantaste, que también fuiste creciendo...

 

¿Muchos cuentos quiere decir siempre que se pueda explicar una historia o quiere decir que cada noche antes de ir a dormir tenga su cuento?

ÀURIA: Tenemos que ir con cuidado de no ahogar a nuestros niños en exceso de imágenes porque ¿verdad que a nosotros nos pasa que cuando ya hemos comido al mediodía no hace falta que empecemos a comer de nuevo al cabo de una hora? Comer ocho o diez veces al día no nos va bien a nadie. Pues los cuentos son un alimento y es importante que haya de vez en cuando silencio. Que no haya nada. Porque ellos necesitan una fase de escuchar y después de digerir e, incluso a veces, también de expresar su manera de entender aquella historia. Si no, aquellos niños se saturan. Nosotros, por ejemplo, en la escuela repetimos el mismo cuento muchos días, pero como máximo una o dos veces al día porque es muy importante que haya silencio, es como la música: si no hay silencio no puede haber música. Lo mismo pasa con los cuentos, para que haya alimento de las imágenes tiene que haber silencio.

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: entrevista, ING Edicions, cuentos infantiles

Comentar post