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A fuego lento: hablamos con Susan Aumann

Entrevistas  · 

A fuego lento: hablamos con Susan Aumann

Por Héctor Mellinas

Hoy hablamos con Susan Aumann, una ilustradora con estilo y personalidad propia que trata de expresar aquello que no somos capaces de explicar con palabras con pincel y optimistas y esperanzadoras historias sobre la soledad para pequeños y adultos.

susanBuenos días, Susan. ¿Definirías tus creaciones como cuentos infantiles?

Mi último libro no es infantil; Los cócteles imprescindibles los dibujé partiendo del nombre de cada cóctel y luego la editora pidió a Màrius Carol que escribiera anécdotas sobre cada bebida o bien la historia del cóctel.

Aquí en Barcelona me inicié en ilustración de prensa, hice varios artículos para el Dominical de La Vanguardia y como es muy difícil vivir de la ilustración, entré en una empresa en la que me encargo del diseño gráfico de distintas revistas infantiles. Los libros son proyectos incubados en casa o encargos de Sd edicions, la editorial con la que trabajo.

¿Qué priorizas a la hora de crear: el texto o la ilustración?

Cuando trabajo por encargo, como fue el caso de El plàtan, creo que la ilustración no debe limitarse a recrear lo que se expone en el texto sino que debe ir más allá, añadir alguna cosa, ya sea un guiño, ironía… algo que no esté explícito en el texto.

El sueño de Lubina no fue concebido como libro infantil, fue una historia que nació de la ilustración casi en una tarde, con mucha tinta negra, que es característica de mi trabajo. La historia habla de un enamoramiento pero un niño puede ver en él más cosas que un adulto: soñar despierto, el día a día...

Vilma Bombay, en cambio, nació enfocado a niños; es una historia real sobre mi gata Vilma que en la terraza de casa se encontró con un mirlo que cada día venía y dialogaba con ella. En este caso todo nació de la imaginación del diálogo entre los animales, luego lo ilustré.

Trabajo directamente con la tinta china o el lápiz; no soy de las que dibuja “muy bien”, no hago formas realistas ni académicamente correctas. Para muchos, esto no tiene valor. Yo empiezo con el pincel, luego escaneo y le añado un fondo para hacer un collage. Los originales existen por separado, no el resultado, que es digital.

Tanto El sueño de Lubina como Vilma Bombay son relatos que versan sobre la soledad del individuo en una colectividad anónima. ¿Por qué?

Ahora mismo estoy muy sorprendida con la pregunta; nunca alguien dice cosas así de libros ilustrados. Se dice que son bonitos o complicados pero nadie se para a ver el conjunto. Sí que es cierto que la soledad es mi tema, creo. Soy alemana y me siento muy bien acogida pero siempre soy la extranjera, la “guiri”, dentro de la sociedad y de la familia con la que vivía aquí… Es un tema que me interesa explorar en mis libros.

¿Qué importancia otorgas en la educación de los más pequeños la esperanza de la pareja, la búsqueda del amor y la comprensión del otro, la necesidad de compañía?

Espero que a través de mis libros los niños perciban todos estos valores, porque la verdad es que muy pocas veces los ilustradores tenemos el contacto directo con el público. He hecho presentaciones de libros a las que asisten pocos niños, otras veces he hecho actividades con mis libros pero, realmente, no sabes cómo acceden a él. Simplemente deseo que la historia les llegue y les emocione.

¿Cuáles son tus referentes a la hora de ilustrar un libro? En El plàtan pareces evocar la típica mujer americana, esposa perfecta de mediados del siglo XX. ¿Es deliberado? ¿Cuál es la pretensión de la ilustración?

Todos mis objetos y personajes siempre tienen formas de otro tiempo, de una época más vintage: los hornos, los teléfonos… Puede que todo venga del entorno en el que viví mi infancia y ahora surja de nuevo: yo me crié con el tocadiscos. Las formas modernas no me resultan bonitas; me gusta más la estética “antigua” y para dibujar creo que debe haber algo que te capte, que te llame la atención como dibujante y lector: un teléfono de disco es mucho más atractivo que un ipod.

librosLos tres libros están ilustrados con un color predominante. ¿Por qué?

No me había dado cuenta y es, ciertamente, muy obvio. En los tres casos yo diseñé los libros, la maquetación gráfica, y fue totalmente inconsciente. Supongo que elegir un color de base de uniformidad al proyecto y lo convierte en un producto más acabado.

Ya para terminar, ¿qué opinas del incremento de producción en el sector del libro infantil? ¿Tienes algún libro favorito?

Antes leías los clásicos infantiles y crecías basándote en ellos; ahora tenemos tantas producciones que es casi imposible generar clásicos, textos que conozcamos a la perfección… Todo va muy deprisa, constantemente hay novedades y los tirajes suelen ser pequeños, y eso dificulta el acceso del público al cuento.

Mi libro preferido de pequeña no tiene dibujos: Mein Esel Benjamin [Mi burrito Benjamín]. Es un libro de los años 70 que cuenta con fotografías la historia de una niña que se llamaba como yo y que tenía una hermana con el mismo nombre que la mía. En un país sureño, la niña se pierde con el burrito protagonista y esta historia es conceptualmente muy similar a la de la lubina y el pez o Vilma y el pájaro.

A día de hoy me gusta mucho leer cómics, creo que la lectura visual que proponen (como la de los libros infantiles), el salto de viñetas, me incita a hacer cosas, a expresar con dibujos cosas que con palabras no se pueden explicar. Os recomiendo mucho La peor banda del mundo, de José Carlos Fernandes.

¡Muchas gracias, Susan!

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