Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

La Hora del Cuento: Tiberio y Cornelio

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: Tiberio y Cornelio

Cuentaria está muy lejos de todas partes. Para llegar has de estar abierto de corazón y de cerebro.

Es un espacio de cuento donde se fabrican historias para que tu hijo nunca se quede sin lugares a los que viajar en su imaginación y que tú se las cuentes.

Si quieres aparecer en nuestra Hora del Cuento escríbenos a info@boolino.com.

Había hace muchos años un emperador romano que se llamaba Tiberio. Se vestía con una sabana liada y unas sandalias. Su padre y su hijo eran guerreros, pero él había salido filósofo. Todo el día se la pasaba pensando, sin jugar ni pintar ni saltar, por el puro placer de pensar. Se quedaba horas y horas viendo las nubes pasar y siempre tenía la cara preocupada. Le encantaba salir al Jardín de las Hespérides en la hora mágica y pensar en las formas de las cosas (triangulo, cuadrado, rombo).

Como era filósofo y pensaba tanto, se le olvidaba las cosas más fáciles, como por ejemplo ponerse calcetines cuando llovía. Por eso siempre se le mojaban los dedos de los pies. Otra cosa por la que era conocido es que cómo siempre estaba pensando en otras cosas no se acordaba de decirle a su mamá que tenía pis o caca y su mamá todavía tenía que llevarlo, aún con 50 años, con pañales a las reuniones del Senado.

Un día El Emperador Tiberio montaba a caballo y pensaba en tres cosas al mismo tiempo: qué hace el sol cuando llega la luna, en si el cielo está arriba o abajo de la tierra y si el amor y la risa van siempre juntos. No se dió cuenta cuando pisó una serpiente de colores vivos (violeta, rosa, azul, verde, naranja). La serpiente se enfadó y le dijo:

- Emperador Tiberio, a ver si te fijas por donde cabalgas.

El Emperador Tiberio no se enteró pues en ese momento estaba pensando en si los elefantes tenían trompa o no y porqué. La serpiente entonces le mordió y le echó el veneno de la falta de tiempo...

El Emperador Tiberío, a partir de ese momento, no encontró ni un momento para pensar. No tenía nunca tiempo para nada que le gustase y estaba todo el día firmando decretos para las colonias del Imperio, arreglando problemas con los libertos y peleándose con el senado.

El senado se preocupó mucho porque el Emperador Tiberio, de repente, se enfadaba con él. Pero el inventor loco que sólo mira hacia arriba le dio una solución: debía encontrar a Cornelio, del Álamo, Federado del Imperio Romano.

Los senadores conocían a Cornelio porque salía en todos los cuentos. Su fama era universal y en los reinos de Siría, Mauritania y Germanía ya habían construido altares en su honor, hecho sacrificios de flores y la plebe decía que era tan guapo que parecía divino y no humano.

Casualmente Cornelio estaba en Roma asistiendo a una fiesta Vestal tocando el xilofón con sus amigos los enanos Rufus, Wulfus y Tulfus, el Viajero Sinnombre, Narrador y la Maquina de la Contenta.

Los senadores muy preocupados le contaron el problema del Emperador Tiberio a Cornelio quien tenía guardado un poco de cielo azul que le había regalado el Viajero Sinnombre en un sueño. Puso un poco sobre la mordedura de la serpiente y el Emperador Tiberio, en ese momento, volvió a ser el mismo y se puso a pensar tanto, tanto, tanto que ni gracias le dio a Cornelio.

Hubo enormes fiestas en Roma, se levantaron nuevos altares y aquel día se convirtió en Fiesta donde no trabajaba nadie para nunca jamás y todos en el Imperio volvieron a estar contentos y comieron muchas perdices.

 

 Salamandra 5-3 230 X 50 0213

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: hora del cuento

Comentar post