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La estatuilla de Murakami

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La estatuilla de Murakami

Por Héctor Mellinas

Haruki Murakami es, sin lugar a dudas, uno de los autores más vendidos de nuestro siglo. Querido por el público, todo aquél que haya leído algún texto suyo, repite. Eso, sin embargo, no le ha valido para conseguir el Premio Nobel de Literatura. En Boolino sí queremos homenajearle.

Al japonés Haruki Murakami (Kioto, 1949) le conocemos por atractivos textos complejos —presentados desde el onirismo, creado por las atmósferas o por los protagonistas; recurso que nos muestra la confluencia entre mundos, entendidos como diferentes planos e identidades de una misma persona— como Kafka en la orilla o Tokio Blues (Norwegian Wood) por citar solo dos de los libros de mayor éxito de un autor que se nos ha presentado en occidente como apocalíptico, en el sentido más recto de esta palabra, revelador.

medusasEl escritor nos ha descubierto un manga para adultos, unos relatos en los que sus protagonistas, seres instalados en las rutinas más cotidianas, tratan de escapar del bucle que representa su vida y el autor les propone para ello recursos fantásticos, alejados de la realidad de nuestro universo, no les permitirán de conocerse íntimamente y reflexionar sobre su identidad viéndose como a cualquier otro, desde el exterior.

Los protagonistas de Murakami se observan, se analizan y se juzgan como si fueran otra persona gracias a la magia propuesta por el juego onírico del autor, simbolizado en la “piedra de entrada” de Kafka o bien por las acuosas y acertadas medusas que Kat Menschik dibuja en el libro ilustrado que nos ocupa para representar el insomnio.

Sueño es un relato corto que Murakami escribió en 1990 y que hasta 2013 no ha llegado a nuestras librerías de la mano de Libros del Zorro Rojo porque el autor se negaba a publicar el texto separado de las ilustraciones (ligeramente inspiradas en el manga) de Menschik, que, según el propio autor, transmiten “ese sentido de otredad que como autor quiero evocar en mis lectores”.

Este libro ilustrado que Lourdes Porta ha traducido como Sueño (detalle: la traducción inglesa es Sleep, no Dream) presenta a una mujer que, ante la incapacidad de dormir —sin consecuencias físicas de ningún tipo— decide abonarse a la vida que decidió abandonar para formar una familia y entrar en las costumbres cotidianas más mecánicas. La mujer dedica sus noches a la lectura apasionada, con tableta de chocolate en una mano y alcohol en la otra, de prosistas rusos del fin de siècle hasta que se plantea por qué tiene este insomnio tan peculiar.

En su investigación se percatará de que el sueño no es otro que un ladrón que controla un tercio de nuestras vidas y que gracias a esta falta de somnolencia, ella misma es la propietaria de su vida y su conducta, hecho tan sorprendente para la protagonista que incluso llega a verse como alguien externo, casi irreconocible gracias al cambio: Me di cuenta de que me había convertido en una mujer más bella de lo que nunca había creído ser. Me veía sumamente rejuvenecida. Podría haberme hecho pasar por una chica de veinticuatro años.

floresSin embargo, el control total de la identidad personal no tendrá un final feliz para la protagonista, que, falta de adrenalina, aprovechará la fantástica capacidad insómnica para explorar nuevos lugares y escapar de un modo absoluto de “la jaula de sus propias inercias”.

En la línea de sus trabajos cronológicamente posteriores, Murakami ya nos enseña en esta novela corta que tal vez, jamás nos llegaremos a conocer por completo a nosotros mismos, que somos seres osmóticos que crecemos gracias a los impulsos de nuestro entorno —infeliz, tal vez— pero más sólido que adentrarse en el alma humana, en la que, sin duda, encontramos impulsos destructivos que no solo nos llevaran a romper las convenciones éticas y sociales de nuestro mundo sino que pueden cambiarnos como individuos de un modo definitivo. Ahora bien... ¿tan malo y fatalista es este cambio? ¿Tan terrible es conocernos?

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Palabras clave de este post: Premio Nobel, Literatura, Haruki Murakami, Libro ilustrado

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