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La hora del cuento: Circo Paraíso

La hora del cuento  · 

La hora del cuento: Circo Paraíso

Por Kima Comas

Rita trabajaba en un circo, ella era payasa como sus padres y abuelos, porque hacía mucho tiempo sus bisabuelos habían formado un circo llamado Circo Paraíso. Todas las generaciones habían trabajado en aquel fantástico lugar y Rita no sabía hacer otra cosa. Ella era feliz porque le encantaba viajar, viajaban de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de país en país mostrando a todos el maravilloso mundo del circo su magia y su belleza. Se emocionaba cada vez que llegaban a un sitio nuevo, con público nuevo. Lo que más le gustaba era que en aquel nuevo lugar hubiera mar, ay! qué bonito era el mar, y bañarse en él todavía más, bañarse en aquel lago infinito como le llamaba su abuelo.

A Rita eso de ser payasa le entusiasmaba porque hacer reír a la gente para ella era una sensación maravillosa. Su padre le decía siempre que reír sanaba el alma y ella se lo creía. Pero...lo que realmente le encantaba a Rita, era el trapecio. Siempre que lo veía ahí arriba colgado, le cogían unas inexplicables ganas de subir y balancearse, arriba, abajo como un péndulo, como un vaivén dulce y rítmico.

Y Rita guardaba un secreto...cada noche cuando todos dormían, en silencio se ubía al trapecio y se quedaba ahí sola, haciendo figuras que había visto hacer a la trapecista del circo a Madame Beth. Le encantaba estar arriba suspendida en el aire, sin los pies en la tierra. Se sentía libre y en armonía. Ella al trapecio lo llamaba su "amigo del alma" y con él se sentía feliz de verdad. Éste era su pequeño secreto y nadie, nadie lo sabía bueno eso era lo que ella creía. Hasta que un día lluvioso de invierno pasó algo inexplicable. Madame Beth estaba ensayando un doble salto mortal cuando de repente, sin más, se cayó del trapecio rompiéndose un brazo. Que desgracia! pobre chica y sólo faltaban siete días para el gran espectáculo final y, el Circo Paraíso se había quedado sin su trapecista.

- No podemos suspender la actuación!- dijo el padre de Rita.

- Y ahora que vamos a hacer?- dijeron todos preocupados.

El silencio fue la única respuesta, hasta que al cabo de un momento dijo Rita:

- Yo lo haré, yo subiré al trapecio!

- Tu??!! Venga Rita no digas bobadas, eres payasa nunca has subido a un trapecio- dijo el padre enfadado.

Rita en aquel instante les contó una historia, la bonita historia de una payasa que quería convertirse en trapecista y, todos se quedaron con la boca abierta.

- Es verdad lo que dice, yo cada noche la veo subida al trapecio y lo hace realmente bien- dijo el Mago John guiñándole un ojo a Rita. Ella se puso colorada y le sonrío tímidamente.

El padre de Rita no estaba muy convencido pero vio a su hija con tanta seguridad que confío en ella.

- Muy bien! quiero verte ahí arriba ahora mismo!- le dijo.

Rita sabía en lo más hondo de su corazón que aquel momento era muy importante para ella, si lo hacía bien se podría convertir en trapecista, lo que siempre había soñado. La oportunidad para enseñar lo que sabía había llegado y estaba convencida de que lo haría bien. Subió contenta y orgullosa, sentía unas poquitas mariposas en el estómago pero eso era fruto de la sensación de estar volando, de estar sin los pies en la tierra.

circusTodos los presentes se quedaron petrificados y con los ojos como platos, porque Rita de verdad lo hacía realmente bien, casi rozando la perfección. Con el trapecio en sus pies parecía una hada de cuento elegante y alegre. Cuando acabó los gritos y aplausos se unieron en uno solo y Rita no podía sentirse más feliz. Ahora solo le quedaba ensayar para su gran salto mortal, pero eso no era ningún problema para ella, la mayor prueba la había superado, convencer a su padre. E stuvo ensayando días y noches, no se cansaba de hacer una y otra vez aquel salto mortal, aquel doble salto mortal que en el espectáculo final se convertiría en un “más difícil todavía” el triple salto mortal. Eso era lo que le gustaba más a Rita, volar el arte de volar sin pensar en nada, dejando la mente en blanco y confiar, confiar en que el salto saldría a la perfección.

Así como por arte de magia nació una nueva generación de trapecistas en el Circo Paraíso, una generación que perduró en el tiempo. Nacieron payasas trapecistas, magos payasos con muchas ganas de hacer reír al público, de hipnotizarlos, de hacer vibrar sus corazones, de hacerlos felices…como lo eran ellos cuando mostraban a todos el maravilloso mundo del circo, su magia y su belleza.

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Palabras clave de este post: la hora del cuento, paraíso, circo, LIJ

Kima Comas [+]

Es cuentacuentos y se dedica a explicarlos a niños de todas las edades. Le encanta escribir cuentos e historias inolvidables, lee algunas de sus historias y sumérgete en el maravilloso mundo de los cuentos...

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