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La Hora del Cuento: Diana y las palabras desaparecidas

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: Diana y las palabras desaparecidas

Hoy en nuestra Hora del Cuento os traemos una historia de nuestra gran amiga Begoña Torres: Diana y las palabras desaparecidas.

¿Alguna vez has sentido que las cosas salían mal? Eso pensó Diana que le pasaba a ella, o quizás no…

Por Begoña Torres

Diana iba a leer su relato a toda la clase. Estaba de pie, frente a todos, con los papeles en la mano y temblando de pies a cabeza. De ese relato dependía la mitad de la nota de lengua. Para Diana era muy importante que todo saliese bien, siempre era la primera de la clase y no quería que bajase su media.

Empezó a leer con voz alta y clara. Parecía que todo estaba saliendo perfecto. La profesora sonreía con aprobación y Diana poco a poco se iba sintiendo más cómoda. De repente, Diana notó como empezaban a desaparecer algunas palabras de la hoja. Simplemente ya no estaban, sólo había un hueco vacío allí donde antes había algo escrito. Al principio sólo eran algunas palabras y Diana fue subsanándolo sin que nadie se diese cuenta, pero, poco a poco, fue desapareciendo todo. Diana no daba crédito. Se frotó los ojos, pero cuando los abrió había más huecos en blanco en el papel. Las manos comenzaron a temblarle y gruesas gotas de sudor hacían carreras por su espalda. Diana empezó a tartamudear, intentaba seguir con su relato utilizando su memoria, pero los nervios se lo impedían. Notó como las lágrimas empezaban a rodar por su mejilla. La profesora la miró extrañada.

- ¿Te pasa algo, Diana? – le preguntó.

Diana negó con la cabeza, conteniendo las lágrimas. ¿Quién iba a creer que su trabajo estaba desapareciendo delante de sus ojos?

- Dame las hojas, Diana – le ordenó la profesora.

Ella negó con la cabeza.

- Es que tengo que pasar el trabajo a limpio – balbuceó.

- No importa – aseguró la profesora tendiendo la mano para que Diana le entregase los papeles.

Diana se los dio y comenzó a sollozar. La clase observaba atónita sin comprender lo que estaba pasando.

- ¡Están en blanco! – dijo la profesora mirando a Diana en busca de alguna explicación.

- Le prometo que he hecho el trabajo – aseguró Diana entre lágrimas -. Las palabras se han borrado delante de mis ojos, mientras leía el trabajo.

La clase soltó una carcajada, pero una mirada de la profesora bastó para que se volviese hacer el silencio.

- De todas las excusas que me han dado, desde luego que esta es la más original – explicó la profesora -. No es propio de ti, Diana. Por esta vez te lo dejaré pasar, pero quiero el trabajo escrito sobre mi mesa mañana a primera hora – le dijo mientras le tendía las páginas en blanco.

Diana volvió a su sitio muy nerviosa. No entendía que estaba sucediendo. Miraba las páginas en blanco buscando una explicación. Afortunadamente la clase terminó y Diana salió al recreo. Carlota, su mejor amiga, corrió hacia ella.

- ¿Qué te ha pasado?, ¿creía que habías hecho el relato? – le preguntó.

- Lo hice, pero te prometo que las palabras desaparecían del papel – afirmó Diana -. No sé que ha podido suceder.

- ¡Un misterio, un misterio! Tenemos que resolverlo – dijo Carlota mientras daba palmas.

Diana suspiró.

- No tengo tiempo para misterios – dijo -. Tengo que volver a repetirlo y hacer todos los deberes.

Cuando Diana volvió del colegio fue inmediatamente a su habitación, tenía mucho trabajo por delante. Abrió su carpeta y se dispuso a sacar los apuntes. Las páginas estaban en blanco. Diana no se lo podía creer. Todos los apuntes que había tomado durante todo el día habían desaparecido. ¡Había vuelto a suceder! Diana ya no pudo aguantar más y empezó a llorar. ¿Cómo podía estar desapareciendo todo lo que escribía? Los padres de Diana y David, su hermano pequeño, corrieron a su habitación al oírla.

- ¿Qué te pasa cariño? – le preguntó su madre mientras le daba un abrazo.

Diana le explicó entre sollozos todo lo que había ocurrido durante el día. Sus padres miraban asombrados las páginas en blanco, cuando David le preguntó:

- ¿Con qué has escrito el trabajo?

Diana le enseñó el bolígrafo mientras le decía “Lo cogí de tu cuarto, se me había terminado la tinta del mío”. David lo examinó y sonrió.

- Es un bolígrafo de broma – le explicó -, pensaba que lo había perdido. La tinta se vuelve invisible al rato de haber escrito. Pero, no te preocupes, si le pones una luz encima podrás ver lo que has escrito. La próxima vez pide permiso.

Todos rieron un buen rato. Diana pudo rehacer su trabajo con facilidad y a partir de entonces se aseguró de tener siempre bolígrafos de repuesto.

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