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La Hora del Cuento: El AlmacénDeLibrosQue...

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: El AlmacénDeLibrosQue...

Os traemos la tercera parte del cuento por capítulos, 5.000 libros de tapas rojas, escrito por María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez, de Cuento a la vista. La tercera entrega se titula El AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie, el siguiente destino al que Solotú llega tras su paso por la librería El perro verde.

Si te has perdido entregas anteriores...

Capítulo 1.- 5.000 libros de tapas rojas

Capítulo 2.- El perro verde

El AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie, de María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez.

Solotú abandonó la librería El perro verde la mañana del jueves. Su siguiente destino era un enorme almacén a las afueras de la ciudad lleno de estanterías de metal que llegaban tan alto que era imposible ver el final. Estaban repletas de libros con mucho polvo. Parecía como si hiciera una eternidad que nadie los utilizaba. Sin embargo, en el almacén había trabajadores que trasladaban libros de un lado a otro con unas máquinas amarillas.
 
– Así que este es mi nuevo hogar –suspiró Solotú-. Pero ¿qué es exactamente?

– Pues básicamente… el AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie– le contestó un libro de ciencia ficción con aspecto de antiguo y páginas amarillentas.

– Y eso, ¿qué significa? –preguntó extrañado nuestro protagonista.

– Que todos estamos aquí esperando a que nos aplasten hasta convertirnos en pasta de papel para hacer nuevos libros de aventuras, de acción, de cosas graciosas, de cosas tristes, de….

– Vamos, que estamos aquí esperando a que nos hagan papilla –le interrumpió de repente un pequeño ejemplar de tapas marrones.

– Sí, sí, no pongas esa cara –afirmó al ver a Solotú con expresión de terror–. Ese es nuestro destino: convertirnos en otro libro, a ver si así tenemos más suerte…

– Pero eso es horrible...



– Bah, no te creas, pueden pasar años hasta que vengan a buscarnos y la verdad es que aquí no se está tan mal, ¿no es así Cifi? –dijo dirigiéndose al libro de ciencia ficción.

– Hombre, querido Fabul, yo preferiría estar en otro sitio, pero sí, no se está tan mal. Es cuestión de acostumbrarse.

Solotú no podía creer lo que aquellos dos libros estaban diciendo. Él era un libro infantil y había sido creado para que un niño disfrutara de sus aventuras. Convertirse en pasta de papel no era en absoluto la idea con la que había venido al mundo.

– Pero somos libros, somos divertidos, entretenemos, enseñamos. Estamos hechos para ser leídos. ¡No deberíamos estar aquí! -Ya, claro, tienes toda la razón, pero la gente cada vez lee menos. Se hacen libros y libros y más libros y muchos más libros y todavía más libros…

– Cifi lo hemos pillado, por favor, continúa…

– Pues eso, que hacen libros pero ya casi nadie los compra. Y acabamos aquí.

– Bueno Cifi, no siempre es por eso. Dicen –y Fabul bajó el tono de voz para que no les oyera nadie– que aquí también hay libros que están mal hechos y que por eso no los quiere nadie.

– Aunque eso es lo de menos, Fabul. Al final acabamos casi todos aquí: los libros de aventuras, los de ciencia ficción como yo, los tristes, los alegres, los que están bien hechos, los defectuosos, los de autores famosos, los de escritores desconocidos, los…

– Cifi, ya lo hemos pillado. Continúa…

– Pues eso, los buenos y los malos… ¡todos convertidos en pasta de papel!

– ¡¡Pero eso no puede ser!! Tiene que haber algo que podamos hacer, o alguna manera de salir de aquí y llegar a manos de alguien que quiera leernos, ¿no?

– Mira, tú eres nuevo y todavía tienes esperanzas –le contestó Fabul–. Yo llevo ya dos años aquí. ¡¡Dos años!! Veo como Cada cierto tiempo unos hombres vienen y se llevan cajas enteras de libros. Cada vez que vienen, pienso que yo seré el próximo. También observo como llegan más libros que nadie quiere. Pero nunca, nunca, nunca he sabido de ninguno que se haya salvado. Así que acéptalo: seremos pasta de papel. Mi esperanza es que para la próxima vida me conviertan en un libro más afortunado y alguien decida comprarme y leerme.

– Fabul, basta ya. Estamos asustando a nuestro nuevo amigo y no sabemos ni su nombre –intervino Cifi.

– Me llamo Solotú y sí, me estáis asustando… yo que pensaba que me llevaban a un taller para arreglarme.

En cuanto dijo aquello, Solotú se arrepintió. Había desvelado que era un libro mal hecho y seguro que volverían a reírse de él.

– Pero no pongas esa cara, Solotú, si aquí todos vamos acabar igual. No nos importa que estés defectuoso –quiso tranquilizarle Cifi al verle tan preocupado–. Pero ¿qué te pasa?, aparentemente se te ve muy bien…

Solotú les contó como desde que le fabricaron sintió que era diferente, pero no sabía bien por qué. Les contó también que justo cuando estaba a punto de ser vendido, habían descubierto que tenía algunas páginas al revés y por eso nadie quería comprarlo.
– Y todos mis compañeros no paraban de reírse de mí.
– Pues no te preocupes, aquí eres uno más. Nadie se reirá de ti.

Continuará...

 

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