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La Hora del Cuento: El gran salto

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La Hora del Cuento: El gran salto

Por fin Solotú se ha decidido a dar el gran salto, por fin ha decidido tomar las riendas de su destino, ser valiente y escapar de ese horrible lugar. ¡Solotú es un libro valiente! Descubre el quinto capítulo de 5.000 libros de tapas rojas, por María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez de Cuento a la vista.

El gran salto, de María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez.

Si te has perdido entregas anteriores...

Capítulo 1.- 5.000 libros de tapas rojas

Capítulo 2.- El perro verde

Capítulo 3.- El AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie

Capítulo 4.- Un plan para escapar

La mañana del viernes todos los habitantes del AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie se despertaron agitados y nerviosos. Nunca antes había ocurrido algo tan emocionante en aquel terrible lugar. La noticia del gran salto de Solotú había corrido de estanteríaen estantería y todos querían saber qué ocurriría con el valiente libro de tapas rojas.

La expectación era todavía más fuerte en la estantería de nuestro protagonista. Todos estaban muy concentrados, sabiendo que la victoria o la derrota podía depender de ellos.

Los primeros en moverse sigilosamente y adelantarse lo suficiente para que nuestro héroe pudiera apoyarse en ellos, fueron los libros del estante inmediatamente inferior al de Solotú.

- Venga, todos a la vez. Una, dos y tres…saaaaaaaalto. – dirigía desde arriba Fabul -. Muy bien, un poquito más. Perfecto. Ahora es tu turno Solotú. Ánimo.

Todos los ejemplares, desde las novelas a los cuentos infantiles, desde los poemarios a los ensayos científicos, desde los manuales de cocina hasta las guías de viajes contuvieron la respiración cuando el pequeño libro de tapas rojas se dejó caer desde el estante más alto.

- ¡Allá voy! Y todos estallaron de alegría cuando se irguió en el siguiente estante, tan brillante, rojo y alegre como siempre.
- ¡Lo has conseguido Solotú!, ¡lo has conseguido! Ha sido maravilloso, increíble, estupendo, genial, emocionantísimo, alucinante, extraordina…
- Sí, Cifi, lo hemos entendido. Pero guárdate tus alabanzas para el final. Que esto no ha hecho más que empezar.
- Tienes razón, Fabul. Aún me quedan cinco estantes más para llegar a la altura perfecta del carro. Y son casi las 11. En media hora hay que tenerlo todo dispuesto. Así que…allá vamos. ¡Todos a sus puestos!

Solotú continuó avanzando estante a estante hasta llegar al último, el que le dejaba a un metro del suelo y tan cerca del carro lleno de libros que no podía fallar. Eran exactamente las 11:27, tal y como marcaba el enorme reloj de pared que presidía el AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie. Al fondo del pasillo se escuchaban ya las ruedas del operario que arrastraba el carro.

- ¡¡Tú puedes, Solotú!!, ¡¡tú puedes!! –coreaban todos los libros.

- Hazlo por nosotros, Solotú, por todos los libros que no lee nadie.

Cuando por fin estuvo justo debajo de la estantería, Solotú exclamó:

- Es el momento, amigos. ¡¡Por vosotros!! – y el pequeño libro de tapas rojas saltó al vacío con todas sus fuerzas.

Pero justo en ese instante el operario escuchó como alguien gritaba su nombre. Era la dulce Marga que le llamaba:

- Manolo, trae el carro para acá, que hay que cargar estos libros.

El hombre se giró y fue hacia donde estaba Marga, alejándose de la estantería, donde los libros que nadie lee habían enmudecido al observar la escena. Todos, desde las novelas a los cuentos infantiles, desde los poemarios a los ensayos científicos, desde losmanuales de cocina hasta las guías de viajes, habían visto como, en el momento del gran salto, el carro había cambiado su trayectoria de tal forma que los barrotes habían golpeado a Solotú en el lomo y lo habían empujado fuera.

La imagen era desoladora: el pequeño libro de tapas rojas, el valiente Solotú, se había quedado abierto de par en par en mitad del pasillo.

Continuará...

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Palabras clave de este post: la hora del cuento, cuento a la vista, el gran salto, literatura infantil

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