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La hora del cuento: El niño que se sentó al lado de un nido

La hora del cuento  · 

La hora del cuento: El niño que se sentó al lado de un nido

Por Inma Barberán

Hoy en La Hora del Cuento compartimos: El niño que se sentó al lado de un nido, de Inma Barberán. Una historia sencilla sobre el gran amor de un niño por su madre.

El niño que se sentó al lado de un nido, de Inma Barberán.

Ilustración de Mariona Cabassa.

Un día, Jaime estaba dando un paseo por el parque con su mamá. De repente, miró hacia arriba y descubrió un nido que había en un árbol.

−¿Qué es eso mami? −preguntó.

−Eso es un nido.

−¡Yo lo quiero ver! ¡Yo lo quiero ver! −gritó entusiasmado.

−No se puede ver, chiquitín.

−¿Y por qué?

−Pues porque está muy alto.

−¿Y por qué?

−Pues porque no alcanzamos a verlo. No somos lo suficientemente altos, necesitaríamos una escalera muuuuyyyyy graaaaande para poder llegar hasta allí arriba.

−¿Y por qué no ponemos una escalera muuuuyyyy graaaaande, mami?

−Pues porque no tenemos ninguna, cariño.

−¿Y por qué no tenemos ninguna, mami?

−Pues... pues... pues..., pues porque no tenemos.

−¡Jo! −se quejó Jaime.

−¿Y por qué no podemos ir volando y así lo vemos? −preguntó de nuevo.

−Tampoco podemos, Jaime, las personas no pueden volar, solo pueden volar los pájaros. Bueno, mejor dicho, las personas sí pueden volar, pero solo si montan en un avión. Sería muy peligroso si lo intentáramos, nos caeríamos y nos haríamos muuuuucho daño.

−¡Jo! −volvió a protestar.

De repente un pajarito que había oído toda la conversación entre Jaime y su mamá bajó volando y se posó en el hombro de la mamá de Jaime. Sorprendentemente el pajarito podía hablar y, dirigiéndose al niño, dijo: 
−¿Quieres que yo llame a unos amigos míos y te subamos volando para que veas el nido?

−¡¡¡Sííííííí!! −dijo el niño emocionadísimo.

El pajarito comenzó a trinar: “piiiii, pío, pío, piiiiii”, y entonces aparecieron cuarenta pequeños pájaros igual que él, todos rodearon a Jaime y con sus pequeños piquitos le cogieron por las mangas de su jersey, y le subieron despacito hasta la ramita en la que estaba el nido. Allí suavemente le sentaron, y el pajarito que podía hablar le dijo: 
−Bueno, pues este es el nido, puedes quedarte aquí un ratito a verlo y cuando quieras bajar me lo dices y te bajaremos mis amigos y yo. 

Jaime estaba realmente embobado, ¡desde allí arriba se veía todo más pequeño! El nido era chiquitín, tenía muchas pequeñas ramitas entrelazadas unas con otras, y en el centro había como una camita de hojitas diminutas y tres pequeños huevos de color blanco. Entonces, empezó a oírse un ruidito, cruaaajjj, cruaaajjj... y Jaime se dio cuenta de que el ruido procedía del propio nido. Vio que uno de los huevos empezaba a romper.
−¡¡¡Oooohhhh, que se rompeeee!!! ¿Habré sido yo? –pensó. 
El pajarito que podía hablar le dijo:
−No, no te preocupes, no se está rompiendo, eso quiere decir que está naciendo uno de mis hijitos.

El huevo terminó por abrirse por la mitad, y dentro se veía un pajarito muy pequeñito, muy pequeñito, con unas plumas muy raras y un pico muy abierto que empezó a decir:
−¡TENGO HAMBRE, TENGO HAMBRE!. 
− Vaya, este pajarito también sabe hablar −pensó Jaime. 
De repente la mamá del pajarito salió volando muy deprisa y volvió corriendo con una oruguita en su pico, que le dio a su pequeño hijito, voló de nuevo y volvió con dos pequeños insectos que el pequeño pajarito en seguida devoró. A continuación, el pajarito bebé salió poco a poco del cascarón y se acomodó en el nido y empezó a dormir...

−¡Ay! qué bebé pajarito más bonito −dijo Jaime. 

−¿Por qué se ha dormido? −le preguntó a la mamá pájaro.

−Pues porque ya ha comido, y como tiene la tripita llena, ahora le entra sueño y se duerme... y como es pequeñín pues tiene que comer y dormir para ponerse grande y fuerte y poder volar tan alto como yo. 

−¿Y quién le va a cuidar? −preguntó Jaime de nuevo.

−Pues le cuidaré yo, claro, que soy su mamá...

Ahhh, y al oír la palabra mamá, Jaime se dio cuenta de repente de que su mamá no estaba a su lado. La vio allí abajo, mirando hacia arriba con una sonrisa, esperándole junto al árbol, y le dijo a la mamá pájaro:

−¿Podrías llamar a tus amigos y bajarme ya por favor?

−Sí, claro, ¿seguro que no quieres estar un ratito más viendo el nido?

−Sí, sí quiero, pero es que... es que... también quiero estar con mi mamá.

Y vinieron los cuarenta pajaritos amigos de la mamá pájaro y con sus pequeños piquitos le cogieron de nuevo por las mangas de su jersey y le dejaron despacito en el suelo junto a su mamá.

−¡Mamiiii! –dijo.

Su mamá se agachó junto a él y le dio un gran abrazo: 

−¿Te ha gustado el nido, cariño? -le preguntó.

−Síii, ha nacido un bebé pajarito y ha dicho “tengo hambre, tengo hambre”, y su mamá le ha dado de comer una oruga, y se ha dormido, y, y, y… −Jaime empezó a tartamudear.

−¿Y qué más cariño? −le preguntó su mamá.

−¡Y que yo quería estar contigo, mami! -dijo el niño.

Y entonces la mamá de Jaime le volvió a abrazar muy fuerte, muy fuerte y le dijo:

−¡¡¡TE QUIERO MUCHO, MI NIÑO!!!

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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Palabras clave de este post: la hora del cuento, cuento infantil, animales, nacimiento

Comentar post

Lola

Me parece tierno y maravilloso.

Seneita

Cuento muy bonito y bien escrito.

rosario

Pero que bonito y tierno , felicito a la autora y a la ilustradora,,,