Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

La Hora del Cuento: Juan Sin Cielo

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: Juan Sin Cielo

Hoy en nuestra Hora del Cuento os traemos un nuevo cuento de María Rosario Naranjo Fernández, Juan sin cielo. Un cuento perfecto para esta semana en la que hemos celebrado el Día Mundial del Medio Ambiente. Como Juan, tampoco nosotros queremos quedarnos sin cielo a causa de la contaminación.

Juan sin cielo por María Rosario Naranjo Fernández.

 

 

A Juan le habían robado un pedacito de cielo y, resuelto a dar con el ladrón, se equipó con todo lo necesario para salir de caza.

Era una noche de verano y arriba las estrellas titilaban. Excepto en la parte que había quedado desierta. Allí el firmamento había sido sustituido por un enorme agujero negro donde ya no asomaría la luna al oscurecer. 

Mientras decidía qué dirección tomar Juan se sentó al borde del camino. Le pesaban los párpados y no tardó en ser vencido por el sueño.

El primer rayo de sol de la mañana lo obligó a despegar los ojos. Había dormido tan plácidamente que olvidó cómo y por qué había llegado hasta allí. 

En el cielo, no obstante, persistía el vacío que lo moviera a abandonar su casa por unos días. 

Las aves se detenían curiosas al llegar al espacio donde se abría el terrible hueco. Había pequeñas y hermosas nubes que se disipaban ante el contacto de sus bordes, e incluso un avión vio interrumpido su recorrido como consecuencia de aquella nueva e incómoda circunstancia. 

Juan observó aquella oquedad en medio de la bóveda celeste y su contrariedad aumentó de forma proporcional a su resolución de restituir el trozo robado al lugar que le correspondía.

¡Ojalá hubiera sido un mal sueño!- reflexionó para sí.

Después se puso en pie y emprendió un viaje en busca del origen de la catástrofe. 

Durante las siguientes semanas las noches sucedieron a los días sin que Juan hallara un sospechoso o alguna pista sobre el paradero del cielo.

Atravesó bosques encantados. Cruzó a nado copiosos ríos cargando sobre su espalda el equipaje. Se encaramó a las cumbres de las montañas para otear el horizonte. Rodó ladera abajo hasta dar con sus huesos sobre la colina.

Al otro lado de la cordillera asomaba el mar. Hasta donde alcanzaba la vista las aguas se fundían con el cielo en una línea difusa que prometía aventura. 

Juan construyó una barca y, a bordo de ella, navegó hasta el cansancio. 

Pero tampoco en el océano encontró la respuesta que había venido a buscar.

Comenzaba a dudar del éxito de su empresa cuando una tarde, a las afueras de la ciudad, se detuvo ante un grupo de monstruosas fábricas. 

Eran edificios grisáceos y despedían columnas de un humo más oscuro que el corazón de los hombres malvados por las chimeneas que coronaban sus tejados. 

Juan persiguió el humo con la mirada. Cada columna completaba un recorrido vertical desde la salida de las fábricas hasta el cielo, terminando justo allí en el pedazo que, desde hacía tiempo ya, había quedado yermo, ajeno a la vida que se desarrollaba alrededor.

Juan golpeó las puertas de las fábricas hasta conseguir enfrentar a sus propietarios. Les explicó lo que estaba sucediendo, poniendo en su discurso todo el corazón. 

Pero sus demandas no fueron atendidas.

Cabizbajo, regresó a su pueblo, consciente de que sobre su cabeza se proyectaba en todo momento el temible agujero.

Informó a sus vecinos sobre su descubrimiento y los convenció para que, desde aquel mismo instante, cuidaran de su entorno y se preocuparan de la gestión adecuada de sus residuos. 

Tal vez con aquella actitud en poco tiempo lograran devolver al cielo el pedazo largamente arrebatado. 

O, al menos, evitarían que otros pedazos fueran arrancados de la bóveda celeste, cambiando su fisonomía para el resto de la eternidad.

RHM 230x50 1305 v03 Salamandra 5-3 230 X 50 0213  junie

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: la hora del cuento, juan sin cielo, maría rosario naranjo fernández, cuentos infantiles, literatura infantil

Comentar post