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La Hora del Cuento: La gotita de lluvia

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: La gotita de lluvia

Hoy en nuestra Hora del Cuento os traemos un dulce cuento de Maria Mercedes Mclean, autora de la Receta para cocinar un dragón. Hoy nos cuenta la historia de una gotita de lluvia que quería estar para siempre con su amiga Lucía, la niña que habitaba al otro lado de la ventana, ¿queréis saber si lo consiguió? Descubridlo leyendo La gotita de lluvia de Maria Mercedes Mclean.

La gotita de lluvia, por Maria Mercedes Mclean

Gotita de Luz permanecía sentada en su nube. Aguardaba como tantas veces volver al vidrio de la ventana de Lucía.

Su nube, blanca, esponjosa y andariega iba de un lado a otro llevada por el viento, pero siempre retornaba con más o menos gotitas nuevas a instalarse sobre la campiña, justo cerca de la casa de su amiga.

Solo debía aguardar algún relámpago amigo y dejarse caer. Presurosa inclinaba su dirección hacia la ventana de la casa.

Y allí estaba Lucía, sentada en su almohadón, mirando llover y esperándola. En cuanto el cristal de agua descomponía el espectro de sus colores, Lucía apoyaba el dedo del otro lado del vidrio y acariciaba la pancita de Gotita de Luz que reía y reía por las cosquillas.

Cuando llegaba abajo se evaporaba rápidamente, volvía en forma de vapor de agua a su nube y transformada nuevamente volvía  a dejarse caer.

Lucía siempre reconocía a su amiga a pesar de las cientos de otras gotitas que se deslizaban por el vidrio de la ventana: Gotita de Luz era un pequeño arco iris inconfundible. Ninguna otra gotita se le parecía y Lucía reconocía a su amiga y jugaba con ella siguiendo con el dedo los zigzag del recorrido y descubriendo cuál era ella después que, unida a otra gota, terminaba más abajo separándose de repente. Una brillaba y la otra corría. Gotita de Luz siempre brillaba y Lucía en cuanto descubría el rayo de luz volvía a colocar su dedito a través del vidrio.

Cuando la lluvia pasaba, Lucía abandonaba su almohadón pensando qué lindo sería tener a Gotita de Luz siempre con ella.

En la nube, sentada nuevamente, viajando y esperando la lluvia Gotita de Luz recordaba a Lucía y también soñaba la forma de quedarse para siempre con su amiga. ¡Pero qué difícil! ¿Cómo podría vivir una gota de lluvia en la tierra sin lluvia?

Sin embargo, siempre puede suceder algo mágico para que dos buenas amigas logren estar juntas y el duende de la lluvia, pensando en la linda amistad que había entre ellas, planeó una sorpresa.

Una tarde de frío empezó a llover. Gotita se lanzó como siempre al vidrio de la ventana y Lucía reconoció el pequeño arco iris. Jugaba con su dedo mientras Gotita se escondía con alguna de sus hermanas y reaparecía de repente en forma de luz. Sorpresivamente en el alféizar del lado de afuera, todo mojado y muerto de frio apareció un gatito que sacando su lenguita rosa lamió con placer a Gotita de Luz.

Lucía quedó unos instantes paralizada por el pánico y la sorpresa cuando vio que una mano levantaba al audaz minino, la mano de papá que volvía de la oficina, y alzando el vidrio de la ventana depositaba al gatito en su falda mientras le decía:

- Busca una toalla... ¿De dónde habrá venido?

Lucía corrió con el animalito al baño, lo envolvió en un espeso toallón y comenzó a secarlo.

Ya entraba papá después de quitarse la ropa mojada. Lucía dio una última mirada hacia el vidrio de la ventana y se dedicó a terminar de acondicionar al gatito con la ayuda de su papá.

Ya bien seco se mostró de un hermoso color té con leche y pequeñas motitas café. Tres colores, entonces papá afirmó:

- Es gata.

Y mientras Lucía pensaba qué nombre ponerle y la friccionaba con el toallón, la gatita mimosa y panza arriba clavó feliz la mirada en el rostro de la niña. Lucía vio en el fondo de esos ojos amarillos brillar un pequeño y luminoso arco iris y supo, con feliz sorpresa, que Gotita de Luz estaba ahora a su lado para siempre.

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