Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

La hora del cuento: Un pueblo llamado Matemáticas

La hora del cuento  · 

La hora del cuento: Un pueblo llamado Matemáticas

Por Irene Moreno Jara

Por primera vez en nuestra Hora del cuento, os traemos un cuento de Irene Moreno Jara, periodista y "escritora de cuentos raros". El que hoy publicamos se titula Un pueblecito llamado Matemáticas, esperamos que lo disfrutéis.

Hace mucho, muchísimo tiempo, pasó en un rincón del mundo algo fascinante.

En un lugar lejano existió un pueblo que estaba reinado por el maravilloso y sabio rey 3,14. Su castillo estaba situado en la montaña más alta del pueblo, La Ecuación, y todos sus habitantes eran estupendos matemáticos. De ahí su nombre, “Matemáticas”. El pueblo tenía sus propias normas: solo podía ser habitado por sabios y genios de los números.

Al lado de este pueblo existía otro casi igual. Su nombre era “Lenguaje” y, como su propio nombre indica, solo podía ser habitado por expertos e intelectuales de la Lengua.

El rey de “Lenguaje” se llamaba Punto y su castillo estaba situado en la meseta Oración. Punto estaba al corriente de todos los temas complicados del lenguaje y de las matemáticas, al igual que su adversario, 3,14, pero entre los dos existía mucho odio y envidia. Ambos pueblos eran enemigos. Los lengüerinos no querían saber nada de los matematiquenses y los matematiquenses no querían cruzarse con los lengüerinos.ilaria-faccioli

Entre los dos municipios solo existía una cosa, un hospital maternal, La Coma, donde las mujeres de los dos pueblos iban a dar a luz a sus bebés. Allí se decidía el destino de los recién nacidos.

Un día, el encargado de la división metió por error a un niño de “Lenguaje” en el cesto de “Matemáticas”. Guion, que así se llamaba el bebé, nació entre los matematiquenses como un niño huérfano. Tuvo que adquirir los conocimientos que, por enfermedad, todos los del pueblo pensaron que no se les habían desarrollados. Consiguió ser un sabio más en las matemáticas, pero Guion tenía la herencia de los lengüerinos y su corazón no podía evitar ser una sopa de letras.

Un día, en época de fiestas, el rey 3,14 organizó un juego. El monarca prometió que, si alguno de los habitantes de “Matemáticas” era capaz de hacerle una pregunta que él no supiera contestar en cinco segundos, haría las paces con el pueblo vecino.

Llegó el día señalado y en la puerta del castillo aguardaban cientos de vecinos esperando su turno para formularle su pregunta el rey. Uno a uno, con paciencia e ilusión, fueron atravesando la puerta del gran salón real:

—    Majestad, ¿qué solución tiene la división 384620 entre 48,234? —preguntó un viejecito del pueblo.

El rey enseguida contestó:

—    Esa división tiene como resultado el número 7974,0432. ¡El siguiente!

Transcurrieron así seis horas. Nuevos vecinos fueron llegando a las puertas del palacio y todos permanecieron quietecitos en la fila esperando que llegara su momento.
Por fin le llegó el turno a Guion y, tras ponerse enrojecido delante de 3,14, consiguió realizar su breve cuestión:

—    ¿En qué sílaba lleva la tilde la palabra casa, majestad?

El rey se quedó pálido, no sabía la respuesta, pero era consciente de que tenía que responderla. Había olvidado establecer en la normativa del juego que las preguntas tenían que ser sobre los números. No quiso reconocer su olvido ni su desconocimiento y con rotundidad dijo:

—    ¡En la primera sílaba!

Guion esbozó una sonrisa en su rostro y añadió con mucha educación:

—    No, alteza. La palabra casa lleva acento pero no tilde.

3,14 se quedó patidifuso. Le habían hecho preguntas a cuál más difícil y esta, la más fácil, la había fallado. La reina Suma, que se alegraba de lo ocurrido, se acercó al oído de su esposo y con voz dulce le susurró:

—    Mi rey, ahora tienes que cumplir tu promesa. En la vida siempre se aprenden cosas buenas, así que no olvides estas palabras que desde el cariño y el amor te dicen:

“Nunca pienses que lo sabes todo pues siempre queda mucho por aprender y un sinfín de cosas por recordar.”

Ilustraciones de Ilaria Faccioli.

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: la hora del cuento, irene moreno jara, cuentos infantiles, cuentos, cuentos para niños

Comentar post