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Los colmillos de Fan, el elefantito africano

La hora del cuento  · 

Los colmillos de Fan, el elefantito africano

Por José María de Arquer

Este relato es una adaptación del cuento “En Fan, l´elefantet africà”, segundo título de la colección infantil de cuentos “Pol Aventurer”, de la que es autor el mismo José María de Arquer.

Fan era un elefantito cuando vivió esta aventura que ahora os cuento.

En aquel tiempo –cuando era pequeño como tú–, pensó que jamás tendría los colmillos tan largos como los de sus padres. Sus amigos los tenían más crecidos y eso le disgustaba. Todos decían que eran como los de su abuelo, o sea, demasiado pequeños.

Aunque su madre siempre le explicaba:

–Con el tiempo, te crecerán igual que a los demás. No debes preocuparte ahora.

Pero a Fan no le convencía la explicación y decidió investigar por su cuenta. Resolvió caminar hasta el cementerio de elefantes y encontrar los colmillos del abuelo, solo así saldría de dudas. Parecía la única forma de saberlo, en realidad.

¡Fan sabía cómo llegar al cementerio de elefantes! Lugar que ningún hombre encontrará nunca porque… ¡es un secreto de elefantes!

Una mañana, aprovechando que su madre estaba distraída, abandonó la manada y dejó el bosque atrás. Caminó una larga distancia por campos cubiertos de hierba amarilla, pues el sol era muy intenso en su tierra, y finalmente llegó. ¡Aquí había huesos y colmillos por todas partes! Tardó un rato en localizar los colmillos de su abuelo… que efectivamente parecían más cortos que los demás.

–Entonces es verdad que los míos serán el hazmerreír de todos, cuando sea mayor –murmuró, descorazonado.

Pensó que jamás crecerían mucho más. Cabizbajo, inició el regreso a casa. Mientras volvía, no hizo caso de la provocación de las hienas que quisieron asustarlo un rato, ni de los rugidos del león que vigilaba su zona de caza. Solo el sol implacable sobre su cabeza logró distraerlo, porque le entró mucha sed. Estaba lejos de cualquier río y necesitaba beber. Se puso a buscar agua y, al mismo tiempo, movía sus grandes orejas.

Porque debes saber que un elefante no suda y controla su temperatura… ¡por las orejas! Por eso las mueve tanto, porque así desprende calor. Y si además se da un bañito, ¡mejor que mejor!

Fan se acercó a un árbol enorme, que se llama baobab, y removió el tronco con sus colmillos. ¡Rass, rass! Al fin, dentro encontró el agua que necesitaba y llenó la trompa varias veces para llevársela a la boca. ¡Buf, qué alivio! Por primera vez en su vida, sus colmillos fueron útiles de verdad. Pequeños pero poderosos. ¡Unos dientes geniales! Saciado, siguió su camino. Pero cuando se acercaba al bosque donde vivía, ya por la tarde, las hienas volvieron a molestarlo. Hacían: “Hi, hi, hi”, parecía que se reían todo el rato. Y entonces, de improviso, salió de entre los árboles su manada de elefantes, con sus padres en primer lugar, corriendo hacia él y barritando como locos.

–¡Brahhhh, brahhhhh! –se oyó por todas partes. ¡Hasta el suelo temblaba!

El ruido era ensordecedor y las hienas retrocedieron, asustadas.

Hasta que su madre lo alcanzó y le dijo:

–¿Por qué has abandonado la manada, Fan? ¡Estaba asustada! ¡Aún eres pequeño y puedes perderte!

–Mamá –respondió Fan, un poco avergonzado–. Lo siento. Tenía que ver los colmillos del abuelo. Y es cierto que son muy pequeñitos…

Otros elefantitos de su edad se rieron.

–Serás el elefante colmillitos –bromearon.

Su madre les lanzó un soplido y los graciosos se alejaron. Entonces, enroscó su trompa con la de su hijo, abrazándolo, y finalmente habló en voz muy alta. Quería que todos la oyeran.

–Hijo mío. ¡Tu abuelo tenía los colmillos más pequeños porque fue el más grande de la manada! ¡Medía cuatro metros de altura!

–¡Uauuu! –exclamaron todos. Quedaron alucinados… porque el tamaño medio de un elefante africano es de tres metros.

Te imaginas, pues, ¡cuatro metros de elefante! Fan entendió por qué los colmillos del abuelo eran más cortos. ¡Porque nunca dejó de cavar y arrancar raíces para comer y alimentar a su familia!

Todos los elefantes se reunieron alrededor de Fan y de su madre, que de regreso a casa siguió contando aquella historia. El pequeño Fan se sentía orgulloso oyéndola hablar. De mayor… ¡quería ser como el abuelo! 

Dibujo de Marían Seguí, “Nº 8 Abrazo y trompas - En Fan, l´elefantet africà”.

 

@JmdeArquer

 

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José María de Arquer  ·  @JmdeArquer

Autor de la novela juvenil CUSTODIOS y de la colección de cuentos infantiles POL AVENTURER. Colabora habitualmente en la página de fomento de lectura infantil y juvenil Boolino, con la aportación de cuentos breves. Como profesión, realiza trabajos de investigación técnica en el mercado asegurador y es también colaborador de algunos proyectos sociales de desarrollo de los más jóvenes.

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