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Safo y la religión

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Safo y la religión

Por Héctor Mellinas

En 1857 se dieron dos hechos claves para la historia de la literatura contemporánea occidental: la publicación en Francia de la novela de Gustave Flaubert Madame Bovary y el poemario más polémico de la poesía moderna, Les fleurs du mal de Charles Baudelaire; dos textos que, todavía hoy, siguen sin dejarnos indiferentes.

rosaEl realismo de Flaubert y el simbolismo de Baudelaire representaron pasos agigantados en la historia de la composición literaria, si bien en direcciones estéticas opuestas, no en la recepción pública de los textos. El periplo vital de Emma Bovary trataba de mostrar cómo sentía la sociedad francesa de medidados del XIX mientras que el flaneûr urbano de Baudelaire plasmaba el tedio, el spleen de la vida social, reflejo de anhelos no realizados (e incluso sin reconocer).

Ahora bien, al poeta no se le aceptó un espejo de la realidad tan complejo, plagado de símbolos alegóricos de cada carácter, de los impulsos de las personas, puesto que algunas de las figuras referenciales usadas para expresarse obedecían a criterios antireligiosos que ofendían a la moral de la época y conducían “necesariamente a la excitación de los sentidos mediante un realismo grosero y ofensivo para el pudor”.

Baudelaire fue, pues, considerado un poeta maudit por el “funesto efecto de los cuadros que presenta al lector”, alguien que ofende a la moral pública y a las buenas costumbres.

Algunos de los poemas de Les fleurs du mal fueron censurados, condenados por asomar al lector a un abismo “orgiástico y melancólico” (en palabras de su autor) que ahora Libros del Zorro Rojo reedita con grotescas y provocativas ilustraciones de Pat Andrea; ilustraciones que pretenden evocar, para nosotros, el escándalo que supuso el poemario, lo que, necesariamente en una sociedad que, cada vez más, deja de lado la moral cristiana que caracterizaba el fin de siècle y (por qué no) también todo el siglo XX, implica un desgarro sexual, una libertad de salvajismo que, modestamente, no le funciona a la sección prohibida (o mejor, condenada) de Les fleurs du mal, más mitológica, más profana; referencialmente clásica y no gratuitamente erótica.

No en vano, uno de los motivos que esta sección toma como eje es el lesbianismo, la expresión máxima de la sexualidad femenina, representada en la torturada figura de la poetisa griega Safo de Lesbos.

Muchos son los autores contemporáneos que se han detenido en inspeccionar a la poetisa, no tanto como nacimiento de la lírica amorosa, sino como personaje, ya sea la citada lesbiana triste y varonil (en tanto que ser intelectual y, por consiguiente, irrealizada carnalmente), serena aunque quejosa (puesto que el amor trágico es siempre una queja por el dolor sufrido) que nos muestra Baudelaire; la resignada trapecista con la que la identifica Marguerite Yourcenar; o bien, una de las interpretaciones más recientes propuesta por Tom Stoppard, como lírica de refugio universitario ante una relación compleja y negada, reflejo de un amor realizado, sí, pero infeliz en su consciencia. Es Safo la que escribe:

 

safoUna cosa te quiero decir, mas la vergüenza me lo impide.

Si actuaras con nobleza y bellamente

tu lengua no argüiría infamias

ni bajo los ojos tendrías nada de rubor,

pues siempre hablarías de justicia.

 

De formas variantes, las interpretaciones sáficas concuerdan en un punto, del que se sirve sin vergüenza alguna Baudelaire: su blasfemia. Contra la moral imperante de una sociedad profana o cristiana, Safo se nos muestra como ser a contracorriente, como aquella que, contra el culto inventado, antepone el sentimiento propio, el sentido sensorial (siempre indisociable de un aspecto espiritual inalcanzable, ahí está su infelicidad) a la masa de la colectividad. Ésa fue su perdición, entregarse espiritualmente al orgullo de otro ser que no comparte su visión de cuál debe de ser la religión imperante.

Y esto es de lo que Baudelaire se sirve cuando referencia sus poemas condenados a la figura cadavérica de Safo, la gran amante profana, desvirtuada, a nivel ilustrativo, en una salvaje lesbiana por Pat Andrea, que no era sino, lo que el lector de Baudelaire captaba de la poetisa.

 

Fotografías: Rosa Renom en Rock'n'roll de Tom Stoppard en el Teatre Lliure de Barcelona.

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Palabras clave de este post: Safo, Charles Baudelaire, Marguerite Yourcenar, Tom Stoppard, literatura contemporánea, libro ilustrado

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