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Ser (convertise en) alguien

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Ser (convertise en) alguien

Por Héctor Mellinas

David Vann, uno de los autores americanos de mayor éxito internacional por lo que sus novelas tienen de brutalidad humana, hace pronunciar a uno de sus personajes de Dirt (publicada en español por Random House) una sentencia brutal y demoledora para un joven: “Sabes muy bien que en algún momento deberás empezar a ser alguna cosa. Deberás ir a la universidad o encontrar trabajo o alguna cosa. No puedes ser siempre un niño”.

ellarAmérica es un continente distinto (opuesto puede que sea un tanto excesivo), culturalmente hablando, de la convulsa Europa; Diana Vreeland, editora de Vogue, decía que no se podía hacer nada con Europa, simplemente, tocaba asumir que ahí estaba (añadía que en el viejo continente solamente las vacas eran felices).

Autores como Tennessee Williams, Arthur Miller, Lillian Hellman o los recientes Edward Albee y Jonathan Franzen se han dedicado a reflejar en negro sobre blanco realidades de los estados profundos de América: guerras familiares por herencias geográficas, depresión por la competitividad laboral, crueldad disfrazada de hipocresía civilizada y, el leitmotiv constante en casi todos los autores, el alcoholismo imperante en una sociedad infeliz. Y eso mismo es lo que nos muestra una de las, catalogada como, películas del año: Boyhood.

No me veo capaz de criticar a nivel cinematográfico una cinta de escala maratoniana en la que doce años (¡físicamente reales!) de la vida de unas personas nos pasan por delante en menos de tres horas. La película deja en el espectador una sensación de brevedad casi inasumible (las dos escenas finales de Patricia Arquette son, en esta línea, una joya cuando, elegantemente, reflexiona sobre el paso del tiempo en su vida, finalizada como madre con la partida universitaria de sus hijos) y establece una conexión esencial para el éxito de la cinta en una de las últimas escenas, cuando el joven Mason Junior va a la universidad para convertirse en fotógrafo profesional. ¿Quién le iba a decir a ese niño de pelo largo y fino tumbado en el césped que sería un fotógrafo?

Y es que la película de Richard Linklater nos muestra la realización personal de un niño en una realidad social determinada por el vacío interior (la infelicidad) de una madre que encabalga un marido conflictivo tras otro (eterna juventud, alcoholismo, insatisfacción laboral...); y el niño, pese a esta situación desfavorable, es capaz de convertirse en alguien profundo (puede que demasiado, justamente por el contexto de represión y fracaso americano) que introspecciona y comprende el funcionamiento del ser humano.

Mason Junior es capaz de superar la situación crítica de su país para así llegar a ser alguien: aquél que él ha decidido ser. Y ese es el mayor y mejor canto a la infancia que Linklater podía ofrecer: ojalá que nadie le ponga las cosas más difíciles a un niño tan brillante como Mason.

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Palabras clave de este post: Boyhood, cine, literatura americana, crecer, infancia

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