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Sociedad digital, ¿es oro todo lo que reluce?

Educación  · 

Sociedad digital, ¿es oro todo lo que reluce?

Por Andrea Pérez

Es importante prestar atención a cómo está funcionando en el mundo, y más concretamente en el ámbito educativo y literario infantil, eso que llamamos sociedad digital o sociedad de la información. Porque, al fin y al cabo, se trata de un ente abstracto que están y estamos construyendo desde distintos sectores; girar la cabeza y no hacer caso de todas las posibilidades, peligros y beneficios del mundo digital resulta bastante cómodo, pero también peligroso.

Significa obviar toda una serie de cambios que se han producido en nuestras formas de pensar, de actuar y de vivir. Seamos conscientes o no, la sociedad digital ha cambiado nuestras vidas y lo seguirá haciendo, por no hablar de la de nuestros hijos e hijas. No prestar atención a este fenómeno, rápido como la luz, cambiante como la espuma, y no enfrentarlo sólo puede traer consecuencias negativas. Así que tomemos conciencia y observemos sin miedo.

Las tecnologías digitales son flexibles y se adaptan rápidamente a las sociedades, casi más rápido que las propias sociedades en adaptarse a los cambios, que muchas veces no son capaces de asumir. De ahí vienen muchas de las fobias y los miedos, pero si obviamos todo esto, por rechazo o dejadez, y lo dejamos únicamente en manos del mercado estaremos permitiendo que otros decidan por nosotros, y no olvidemos que toda esa flexibilidad e inmediatez que nos otorga la sociedad digital puede desembocar en manipulación de la información y alienación de las personas.

El anonimato, la homogeneización excesiva de los contenidos, la pérdida de un espacio concreto en el que desarrollar determinadas acciones -como la lectura- o la inmediatez con la que se accede a los contenidos y a la información, incide directa y brutalmente en la sociedad, incapacitada para desarrollar un discurso profundo y con mucha menos capacidad de reacción ante la gran cantidad de estímulos.

Por eso no se trata de alejarnos de aquello que tememos o abrazarlo como si fuera la panacea a todos nuestros problemas educativos, sino de adentrarnos con firmeza, sin miedo a equivocarnos, y trabajar en esta sociedad digital. Debemos pensar cómo queremos que sea, o al menos cómo no queremos que sea, seleccionando aquellas herramientas interesantes, válidas, fomentando la crítica y la asimilación lenta de la información y los contenidos, desarrollando discursos coherentes a partir de lo que vemos o leemos.

Si atiborramos a los niños con aplicaciones, información digital, programas y juegos informáticos… amparándonos en modas, falsas necesidades o para estar el día, corremos el peligro de anestesiarles e incapacitarles para la comprensión.

Todo esto por supuesto sirve tanto para los materiales dirigidos a los niños como a los adultos. Tenemos que construir en el presente hacia dónde queremos y no queremos ir en el futuro. Y si hay algo que nosotros tenemos claro, es que queremos historias para los niños y niñas atractivas, diferentes, arriesgadas, cuidadas, respetuosas, lúdicas, divertidas, que fomenten su imaginación y que no sean meramente funcionales o prácticas.

¿Es mucho pedir? No lo creemos.

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Palabras clave de este post: articulo de opinion, sociedad digital, literatura infantil, educacion

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