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Un cuento de verdad

La hora del cuento  · 

Un cuento de verdad

Por Pilar Pascual

Era una noche de domingo, hora de acostarse, Samuel ya recogido en la cama. La abuela tenía las manos amorosas, cálidas, arrugadas; le contaba siempre historias para dormirse. Samuel escuchaba cada noche con fervor. 

Sin embargo, antes de que terminara el cuento ya se había dormido, había que contárselo de nuevo en el desayuno. Así cada noche. Así cada cuento. La abuela hablaba, él escuchaba, se dormía después. Sin embargo, al cumplir cinco años empezó a cansarse de escuchar historias inventadas. Mentiras, mentiras, mentiras para niños, se decía. Aquel domingo le explicó por fin a su abuelita que ya no aguantaba más cuentos. Ella le explicó que sus historias no eran falsas, sino fantasiosas, pero Samuel replicó: 

—Es lo mismo, son inventadas. Las cosas que me cuentas no existen en realidad.

—Entonces, ¿lo que quieres es un cuento sólo de verdad?  —contestó la abuela mientras le arropaba—. ¿De verdad de la buena?

—De esa, sí. De verdad de la buena —respondió el nieto.

—Muy bien —respondió la abuela. Y procedió a contarle un cuento verdadero sobre un niño al que le daba miedo nadar en el mar. 

Sin embargo, a poco que avanzaba, Samuel le interrumpía. Cuando la abuelita le decía, por ejemplo:

—Y he aquí que el niño sintió mucho, muchísimo miedo…

Samuel preguntaba:

—Pero,¿cuánto? ¿cuánto miedo?

Y la abuela le respondía:

—Sólo puedo decirte que mucho.

—¿Pero un miedo muy grande?

—Sí.

—¿Tan grande como una casa?

—Ciertamente.   

—¿Y cómo era?

—Sentía miedo, simplemente.

—Pero, ¿cómo?

—Como lo puedas sentir tú.

—Yo creo que el miedo es como una araña peluda con alas pegajosas —dijo Samuel.

—Pues entonces así era —respondió la abuela.

Más que un cuento, era una conversación. Las preguntas y respuestas se volvieron más intensas conforme avanzaba aquella historia verdadera. «¿Y cómo era el mar donde tenía que bañarse el niño?», preguntaba Samuel. «Grande y azul», respondía con sencillez la abuela. Y el niño la miraba con ansia, esperando algo que ella no decía. «¿Sólo eso?». Como si hubiera huecos en el cuento, él se veía obligado a rellenarlos: «Era un mar loco y furioso, seguro que devoraba niños. Si no, ¿por qué iba a darle miedo?». «Así sería», respondía la abuela, y continuaba con paciencia su cuento. 

Fue al final cuando sucedió.

—Abuela, ¡prefiero los cuentos de antes! Tal como lo cuentas ahora no se entiende bien, y no me gusta —exclamó Samuel—, pero tampoco quiero mentiras. Ya soy mayor para eso.

Entonces la abuela le dijo que en los cuentos algunas cosas tienen que inventarse para poder explicar las verdades verdaderas.

—¿Cómo podrías entender cómo es el miedo, Samuel, si yo no te dijera que es una araña peluda con alas pegajosas, que se encoge si la miras a los ojos hasta hacerse tan pequeño como un grano de arena?

—¡Y pensar que yo te obligué a contarme un cuento sólo de verdad! —suspiró Samuel. 

Entonces la abuela le acarició el rostro con sus manos arrugadas y cálidas, y le dijo que a continuación le contaría cómo el niño del cuento aplacó el hambre de aquel mar loco que devoraba criaturas. Sin embargo, antes de que terminara el cuento Samuel ya se había dormido. «Habrá que contarle el final en el desayuno, como de costumbre», se dijo, paciente, la abuela. Así cada noche. Así cada cuento. 

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Palabras clave de este post: cuento infantil, cuento de carnaval, la hora del cuento

Pilar Pascual

Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid (1998), Pilar Pascual hizo un master en Estudios Avanzados de Edición por el centro Publish de Madrid y la Oxford University y completó su formación con estudios de Pintura, faceta a la que dedica parte de su tiempo. Trabaja en el sector editorial desde sus comienzos profesionales, y desde 2002 posee un estudio, Fénix Factory, especializado en la realización de libros ilustrados infantiles y juveniles para editoriales. Desde ésta desarrolla y coordina publicaciones para sellos nacionales e internacionales. Twitter: @pilarpascual_ Facebook: @PilarPascual

Comentar post

José P. Garcia

Es el cuento que hubiera gustado oír de pequeño

Antonio

Muy entrañable, muy bonito de imaginar

Antonio

Muy entrañable, muy bonito de imaginar

Aran

Preciosa explicación de por qué es necesaria la fantasía, ¡me ha encantado y a mi hijo también!! :)

Víctor

Precioso ! "Manos amorosas, cálidas y arrugadas....". Ay! Las manos de mis abuelas! Buen homenaje a todas las abuelas !