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Valores y literatura infantil

Por Andrea Pérez Latorre.

La concepción de la literatura ha cambiado enormemente a lo largo de los siglos. La literatura avanza junto a las sociedades y al mismo tiempo que las configura, también es configurada. Los valores que configuran las sociedades cambian con el tiempo e inciden en la literatura de una u otra manera, pero, ¿cuáles son todos esos valores actuales y cuál es su función en la literatura infantil y juvenil?

En la Edad Media imperaba la literatura moral y didáctica dado que no disponían de los medios de los que disponemos hoy, ni la sociedad era, evidentemente, la misma. Muchas veces esos cuentos o fábulas eran la única manera de instruir acerca de la vida. Respondían a una necesidad de prevenir ciertos peligros o instaurar ciertos hábitos morales, que actualmente pueden parecernos anticuados, absurdos e incluso aberrantes porque hacían referencia a cierta concepción del mundo que hoy creemos superada.

Pero no olvidemos que los valores son una construcción cultural y no leyes universales: lo que hoy consideramos válido, mañana podrá no serlo, porque un valor no es nada sin una persona que estime ese valor. Los valores los creamos los seres humanos y depende del contexto geográfico, temporal, social… se impondrán unos u otros.

Valores y literatura infantil

Si una obra literaria está pensada y creada por un ser humano, sería absurdo pensar que no trae consigo sus propios valores. Una obra literaria es una construcción artística creada por un escritor, un artificio ideado por un ser pensante y perteneciente a un contexto histórico y cultural. Perteneciente a una sociedad, y por lo tanto, con una serie de ideas, pensamientos y concepciones del mundo concretas que veremos expresadas de una u otra forma en la obra. Ninguna obra es pura, objetiva o limpia, por lo tanto, ¿por qué nos empeñamos en cargar la literatura de valores añadidos, si la obra por sí misma ya es un artefacto lleno de matices, reflexiones, ideas…?

¿Sería eso literatura? ¿O una mera herramienta para la enseñanza de determinados valores? No debemos olvidar que lo que convierte en literario a un texto no responde a criterios morales ni didácticos.

A causa de todo esto asistimos a la publicación masiva de literatura infantil plana, vacía y llena de estereotipos al servicio de un hábito de conducta que consideramos positivo. Esto es peligroso: aunque verdaderamente un libro transmita un valor que podamos considerar positivo –diversidad cultural, solidaridad…- se cae a menudo en la vacuidad de las historias y en la mediocridad de los textos en favor del didactismo. Si los adultos rechazamos la literatura excesivamente moralizante o didáctica y la consideramos obsoleta, ¿por qué ofrecemos este tipo de libros a los niños?

Sobreinformación, didactismo y presión educativa

El didactismo en literatura concibe al niño meramente como un sujeto de aprendizaje a través de la literatura, esto significa que el adulto subestima las capacidades del niño y lo ve como un individuo “por hacer” y no como un ser humano con gustos, opiniones y criterio.

Al acabar la jornada escolar, los niños han absorbido grandes cantidades de nueva información; si tras el colegio siguen recibiendo contenidos didácticos o educativos corremos el riesgo de “anestesiarles” e incapacitarles para que disfruten del aprendizaje. A través de esto sólo conseguimos el efecto contrario, y en vez de lograr que los niños estén más desarrollados intelectualmente, la presión consigue alienar su curiosidad por aprender y mecanizar su manera de acercarse a los libros. No por gusto, no por disfrute personal, sino porque es algo que los adultos consideran positivo.

En este sentido, presionar demasiado a los niños puede acarrear consecuencias muy negativas para el desarrollo, no sólo emocional, sino también intelectual. Es necesario encontrar un equilibrio, potenciar todas sus habilidades pero darles espacio para descubrir y mantener activa su curiosidad, el verdadero motor de la lectura y del aprendizaje.

Utilizar la literatura infantil para acribillar a los niños con enseñanzas sólo sirve para que el niño, por agotamiento mental, se aleje de los libros y conciba la lectura como algo aburrido e impuesto y nunca como algo que le permite descubrir, aprender y soñar.

Sometemos a los niños a una verdadera contradicción que en nada les ayuda a desarrollar sus esquemas mentales y su ordenación del mundo: por un lado les subestimamos, acercándoles materiales elementales, bienintencionados y remilgados, pensando que no serán capaces de entender algo de mayor profundidad y por otro les saturamos de información que consideramos adecuada y que todavía no pueden asimilar y cribar (hábitos, valores, conocimientos de uno u otro tipo…) para que se conviertan en adultos como nosotros.

Para fomentar la lectura, debemos permitir que ésta sea un espacio libre de ideologías de ningún tipo. No debemos olvidar que un buen libro es por sí mismo portador de ideas y conocimientos, un discurso artístico articulado por un ser humano, con sus gustos, sus preferencias y su manera de entender el mundo.

Sólo si los niños acuden a los libros con verdadero interés podrán aprovechar todos esos beneficios intelectuales que la lectura ofrece. Sólo desde la curiosidad por aprender y descubrir cosas nuevas, desarrollarán sus habilidades y sus aptitudes de manera equilibrada y aprovecharán al máximo todo eso que los libros proporcionan. Únicamente si no les forzamos y si respetamos su curiosidad por aprender podremos crear un verdadero interés por la lectura.

Los valores son importantes en el desarrollo del ser humano y, sin duda, un buen libro infantil los transmitirá de una forma u otra, pero esto no significa que la literatura deba estar al servicio de esos valores, ni que debamos convertirala en una mera herramienta de aprendizaje. 

Imágenes Noemí Villamuza y Camiluna.

 

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Palabras clave: haciendo grandes lectores, valores y literatura infantil, literatura infantil, cuentos

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Comentarios sobre el post

El País de los Juguetes14 de noviembre de 2013

Interesante la reflexión que haces, parece que los padres deseamos que sólo aprendan cosas sin dejar volar la imaginación

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