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¡Adiós tristeza! ¡Hola calle de la alegría!

La hora del cuento  · 

¡Adiós tristeza! ¡Hola calle de la alegría!

Por Choni Fernández

Hoy Pablo no quiere ir al colegio. Y su madre, que lo sabe, decide hacerle un regalo. Antes de salir por la puerta, le peina con ternura el rizado pelo, y le da un beso en la nariz.

Pablo sonríe con desgana, lo único que le haría feliz hoy es quedarse en casa, con mamá.
Ésta le coge fuerte de la mano y le dice:
-    Hoy te voy a enseñar el camino que tomo yo cuando no quiero ir a trabajar
-    Pero tú siempre vas al trabajo mamá.
-    Ya, pero eso no quiere decir que a veces no tenga ganas de ir. Igual que tú, que a veces, tampoco tienes ganas de ir al cole, ¿o me equivoco?
No, su madre nunca se equivoca. ¿Cómo hará para saber siempre lo que está pensando? Pablo sonríe de mala gana, pero aprieta su mano. ¿Por dónde le llevará?
-    Hoy vamos a tomar otro camino diferente.
-    Vale, pero si llegamos tarde…
-    No te preocupes, llegaremos a tiempo de entrar en el cole… aunque no tengas muchas ganas – y ambos sonríen.
Madre e hijo se detienen en la siguiente esquina. Tendrían que seguir de frente. El colegio ya está muy cerca, se puede ver a lo lejos. Pero esta vez giran a la derecha.
-    Bienvenido a mi calle favorita, te va a gustar, estoy segura.
Pablo contempla una calle pequeña, muy pequeña, con árboles en el centro cuyas copas la llenan tooooda entera.
Al principio solo se escucha el silencio.
No llevan ni dos pasos cuando unos gorriones revolotean a su lado, por encima de sus cabezas entre las ramas que les sirven de columpios.
Ahora comienzan sus trinos, PIRRIPIPIPI PIRRIPIPI es su forma de hablar. Parecen pasarlo estupendamente bien, que suerte!
Aún es muy temprano pero unos diminutos rayos de sol ya se adivinan entre las hojas, parecen estar jugando al escondite. Ahora nos ves, ahora no nos ves.
Pablo gira la cara hacia su madre. Ella parece disfrutar de lo que les rodea, se le ve feliz, muuuuuy feliz, y al encontrarse sus miradas, ambos sonríen, de nuevo.
En ese momento una mariposa blanca detiene su vuelo a pocos metros de la nariz del pequeño.
-    Te presento a mi hijo Pablo. Hoy no tiene muchas ganas de ir al cole, así que le he regalado un paseo por aquí.
La mariposa bate sus alas hacia la mujer que le está hablando, y se coloca en el dedo que le ofrece. Entonces ella sonríe complacida ante la idea.
-    No te asustes, confía en no hacerle daño y ella se posará en tu dedo.
Y así lo hace. Pablo con la mariposa ya en su dedo índice sonríe medio asustado por la responsabilidad, pero emocionado.
-    Es preciosa mamá, gracias
-    No, dale las gracias a ella que ha decidido confiar en ti
-    Gracias señora mariposa
Entonces la madre de Pablo ríe con ganas la ocurrencia de su hijo, y la mariposa ante las carcajadas abandona su compañía.
La callejuela llega a su fin. Hay que girar de nuevo a la izquierda para seguir el camino del colegio.
Pablo vuelve su cabeza para ver por última vez aquel mundo mágico que le ha regalado su madre.
-    ¿Siempre es así?
-    Siempre que tú quieras que lo sea, cariño.
Aquel día Pablo aprendió alguna cosa sobre gorriones, mariposas y rayos de sol. Aprendió que su madre le quería mucho, y que también tenía días en que no le gustaba hacer lo que hacía.
Pero sobre todo aprendió que siempre, siempre, hay una calle en la que la tristeza puede desaparecer, tan solo basta con que una mariposa revolotee a nuestro alrededor, o un rayo de sol nos haga cosquillas en la nariz.

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Choni Fernández

Choni Fernández  ·  Me gusta este libro

Nací en Madrid, me licencié en Antropología Americana, y he colaborado en revistas como Historia y vida, o Revista de Literatura. Primeras Noticias, En la actualidad lo hago para Clij. Revista de literatura infantil y juvenil.

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