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boolino entrevista a Mar Pavón

Jóvenes lectores  · 

boolino entrevista a Mar Pavón

 

"Creo que leerle a un niño en voz alta, al margen de interpretar más o menos la lectura, es uno de los actos de amor más generosos que existen: le estás obsequiando, no sólo con tu tiempo, sino con tu propia fe en los cuentos."

Mar Pavón (Manresa, 1968) es una niña grande que se pasa la vida soñando. Casada y madre de dos hijos, es fácil sorprenderla friendo versos mientras compone croquetas, o removiendo un cuento mientras escribe una sopa (de letras, eso sí). Pero, a pesar de todo, y como su nombre indica, es la mar de feliz. Tiene publicados casi una treintena de títulos infantiles, algunos de ellos traducidos a otros idiomas. Ha sido distinguida con cuatro prestigiosos premios en Estados Unidos por sus libros La gallina CocorinaClucky in the Garden of Mirrors, ¿Puede pasarle a cualquiera? y Zaira and the dolphins editados por Cuento de Luz.

En el campo del libro de texto, colabora habitualmente con la editorial Santillana. Sus obras han sido
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Su labor como escritora, y más concretamente en lo que respecta a la poesía infantil, ha sido reconocida por poetas de la talla de Antonio A. Gómez Yebra y Carmen Gil, así como por el prestigioso crítico literario Josep Maria Aloy en su libro Et diran que llegeixis, Bernat (Barcelona, L’Albí, 2010).

Escritora de cuentos y de poesía, y también narradora, ¿qué pasó para que entraras y te quedaras en este mundo de la literatura infantil?

Pasó justo un embarazo: el de mi primer hijo. Él, con su llegada, me señaló el nuevo rumbo, el más enriquecedor y emocionante que jamás he seguido.

Algunos de tus libros han recibido el reconocimiento en el extranjero. ¿La literatura infantil y juvenil, así como el hábito lector, está más reconocido fuera de nuestro país? ¿Cuál crees que es el motivo?

En los Estados Unidos la gente se toma muy en serio la literatura destinada a los más pequeños. Ahora bien, aquí, en España, hasta hace unos años pasaba bastante desapercibida. Era como si no existiera, pese a que hemos tenido la suerte de contar con muy buenos autores e ilustradores. Sin embargo, y gracias al esfuerzo de educadores, críticos especialistas en la materia, bibliotecarios, pedagogos, los propios padres…, esto ha cambiado. Sinceramente, creo que en la actualidad nuestra literatura infantil está siendo más valorada que nunca, aunque bien es cierto que algunos medios de comunicación se empeñan sistemáticamente en negarle la importancia que merece. En cuanto al hábito lector, empieza en el seno de la familia, obviamente siempre que esta lo promueva. De lo contrario, es muy difícil conseguir que un niño se aficione a la lectura. Vamos, que casos como el de Matilda no suelen darse, por desgracia, en la vida real. De todos modos, y por mi experiencia de librera, diría que hay una gran sensibilización por parte de los padres para conseguir que sus hijos lean.

¿Recuerdas algún libro que te marcara en la infancia?

Recuerdo con mucho cariño que los cuentos de hadas me transportaron desde muy chiquitita a mundos maravillosos. Me sedujeron especialmente El sastrecillo valiente, Piel de asno y Barba Azul. Mi padre solía comprármelos en el quiosco del barrio y, apenas llegábamos a casa, se veía obligado a leérmelos. Mi madre, en cambio, me recitaba poemas y oraciones de su infancia. Les estoy muy agradecida a ambos, porque sin saberlo afianzaban mi vocación de lectora y, por supuesto, de futura escritora. Más tarde, las sagas de misterio de Los cinco y Los Hollister me reportaron ratos de gozo impagables. Y ya en la adolescencia, la novela Mecanoscrito del segundo origen se me antojó una lectura brutal. Paralelamente, descubrí con verdadera pasión los cuentos de Poe y Wilde

¿Cómo es tu proceso creativo? Cuéntanos en qué te inspiras para que surjan las ideas y la maravilla de historias que luego llegan a nuestras manos.

Honestamente, lo mío no puede calificarse de proceso. Normalmente no hay preparación previa, lluvia de ideas, esquema creativo o como queráis llamarlo. Es más sencillo que todo eso: en cualquier momento del día o de la noche, salta la chispa que origina la historia en cuestión. Entonces, reconozco que ni yo misma sé si acabará siendo un cuento, un relato, un poema… De hecho, ni siquiera sé si acabará siendo. Todo depende de los sueños que, alrededor de esa chispa, mi imaginario genere. Hablo de sueños porque, muchas veces, en la calma y la quietud nocturnas, me desvelo con nuevas ideas que elevan la chispa a la categoría de llama. Y ahí sí que ya la inspiración prende y las tramas cobran vida. Con Cocorina, por ejemplo, fueron los ojos de mi hija, aún bebé, los que supusieron la chispa que dio a luz al personaje. A decir verdad, muchos de mis hijos literarios están inspirados de un modo u otro en mis hijos de carne y hueso.

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Autora: Mar Pavón // Ilustradora: Mónica Carretero // ISBN: 9788493781460

¿Qué te aporta narrar cuentos? ¿Consideras importante la lectura en voz alta y la narración oral?

Siempre me ha gustado la lectura en voz alta. Hasta tal punto que, de pequeña, uno de mis juegos preferidos consistía en encerrarme en la cocina de mi abuela, sentarme en un taburete y, con la revista TP entre las manos, imitar a las presentadoras de continuidad que asomaban por aquel entonces a la pantalla de la tele. Ellas miraban hacia el objetivo de la cámara; yo, hacia el fregadero. ¡Me lo pasaba en grande! También reunía con frecuencia a mi familia para leerles en plan solemne textos que había escrito, unos dramáticos a más no poder; otros, para desternillarse… Sí, lo cierto es que siempre me ha gustado practicar la lectura en voz alta. Cuando, además, esta lectura va dirigida a los niños, no puedo evitar meterme en la piel de cada personaje con el consiguiente cambio de voces que esto comporta y ya, os lo aseguro, la diversión está asegurada, empezando por servidora, ¡porque soy la primera en traspasar el umbral de la fantasía! Creo que leerle a un niño en voz alta, al margen de interpretar más o menos la lectura, es uno de los actos de amor más generosos que existen: le estás obsequiando, no sólo con tu tiempo, sino con tu propia fe en los cuentos. Le estás transmitiendo las claves que han de servir para sostener con firmeza los pilares de su imaginación en un futuro. No olvidemos que la imaginación nos ayuda a ser personas felices, tanto de niños como de adultos. Para alguien que no sabe imaginar la simple cotidianidad puede resultar un auténtico calvario. Y eso, ciertamente, da mucha pena…

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Respecto al reconocimiento y valor que se le da a la poesía, ¿qué opinas? ¿Cómo trabajas la poesía y cómo piensas que influye en los más pequeños?

La poesía, como sucede con la literatura infantil y juvenil, está siendo hoy mucho más valorada que hace unos años. Sin embargo, pienso que todavía hay quien la cuestiona, y lo ves si entras en algunas librerías: las novedades de poesía, si es que las tienen, milagrosamente aguantan unos pocos meses en la estantería (ya no digo siquiera en lugar destacado y menos en el escaparate) antes de ser devueltas al distribuidor. El problema de raíz es, a mi entender, que no se enseña a los niños a amar la poesía en su más tierna infancia, que es ese momento mágico en el que las personas asimilamos el mundo sin problemas. Los 2, 3, 4 años son edades perfectas para impregnarlas de versos. Y, yendo más allá, os diría que los bebés también están predispuestos a escuchar sonoras retahílas de palabras con el mismo interés que escuchan canciones. En esta época, lo de menos es el mensaje: lo principal es que tomen el gusto por los versos, por ese contar que acaricia el alma, aunque aparentemente carezca de sentido. Pero, ¿qué mejor mensaje que la melodía hecha palabra? Soy también partidaria en esta etapa de unir poesía y juego, porque este último supone un aliciente más a la hora de acercar el género a los peques. Y porque el día de mañana recordarán con un plus de cariño ese primer acercamiento. Parece mentira, pero tener un buen recuerdo de algo provoca que todo lo que esté relacionado con ese algo de entrada nos suene bien, nos atraiga, por muchos años que hayan transcurrido.

Como escritora y narradora, nos gustaría saber tu opinión sobre boolino, una web en la que promovemos la lectura e intentamos ayudar a las familias a crear ese hábito y gusto por leer.

Me parece sencillamente estupendo que existan portales como este, y cuando antes hablaba de que la literatura para los más pequeños es hoy mucho más tenida en cuenta que hace unos años, evidentemente también es gracias a gente como vosotros, que os implicáis sin condiciones en la encomiable tarea de fomentar la lectura en el seno de la familia. Además, me consta vuestra imparcialidad absoluta a la hora de recomendar títulos, y eso es de agradecer, ya que hay quienes realizan la misma labor pero limitándose a escoger únicamente entre unas determinadas editoriales, no sé exactamente atendiendo a qué criterios.  Para mí resulta un misterio pero, como digo, al fin y al cabo lo más importante es que se visibilice la literatura infantil y, con ella, se promueva el gusto por la lectura.

Seis-barbudos-06¿Crees que fomentar la lectura desde niños es bueno para su desarrollo?

Más que bueno, yo diría que es vital en esta época digitalizada que nos ha tocado vivir. Nos encontramos con niños y niñas expertos en videoconsolas, móviles, tablets…, y, no obstante, incapaces de leer un libro o, si lo leen, incapaces de entenderlo. La lectura, además de proporcionar diversión a los pequeños, es un pozo de saber, ya sea directa o indirectamente: gracias a ella desconectan de la rutina diaria, ejercitan su imaginación, enriquecen su espíritu crítico y su vocabulario, adquieren conocimientos, aprenden a escribir bien… En definitiva, practicar la lectura desde niños, por puro placer de leer, predispone nuestro intelecto para afrontar la vida futura con mucha más positividad y sabiduría.

En boolino estamos convencidos de que tenemos que conseguir que las niñas y los niños lean más, para que se diviertan y, además, cuando sean adolescentes y adultos sigan haciéndolo, y hayan desarrollado más sus capacidades cognitivas, ¿qué recomiendas a los padres que quieren que sus hijos sean buenos lectores?

Lo primero, que ellos mismos lean a menudo, aunque sea el periódico. No podemos pretender que nuestros hijos lean cuando nosotros no tenemos costumbre de hacerlo. Igual de importante es que tengan cuentos cerca: en casa, en el colegio y, algo muy recomendable, ser asiduos de bibliotecas, librerías (ahora, además, hay librerías exclusivamente infantiles que son verdaderos paraísos, y no solo para los más pequeños) y, por qué no, ferias del libro. Se trata de que vean el acto de la lectura como algo normal en la vida diaria. También leerles con frecuencia desde pequeñitos, sin olvidar, por supuesto, el cuento para antes de dormir, pues está demostrado que ese momento mágico que precede al sueño es ideal para estimular su imaginación. Y, sobre todo, no caer en el error de presentarles la lectura como algo que han de hacer por obligación.

Como escritora nos gustaría que lanzaras un mensaje que anime a los niños a continuar leyendo y a no dejar de hacerlo nunca.

Les diría que un libro jamás los va a dejar en la estacada: siempre va a estar ahí, esperándolos, dispuesto a hacerles pasar un rato de plenitud en el que la realidad, a veces abrumadoramente tediosa, desaparece para dar lugar a otro mundo paralelo recreado al gusto de cada uno. Les diría que después de un libro, siempre hay otro, y otro… Los libros, como la imaginación, nunca se acaban. Les diría, incluso, que prueben ellos mismos a emular a sus autores favoritos, porque, ¡quién sabe! Al igual se descubren a sí mismos como promesas de la escritura. Les diría, para acabar, que leer no tiene por qué ir en contra de ver la tele o jugar con las maquinitas. Pero, como he dicho anteriormente, un libro, a diferencia de algo que funciona con chips, nunca nos deja en la estacada. Lo mismo que no lo haría un buen amigo.Puedepasar4

Ahora que la tecnología avanza rápidamente, ¿cómo ves el libro en 10 años? ¿Qué opinión tienes acerca de los nuevos formatos de lectura?

Creo que acabo de contestar a eso en parte en la cuestión anterior. Los nuevos formatos de lectura están muy bien, pero no preveo que puedan reemplazar al libro impreso. Ni ahora ni de aquí a 10 años. Tal vez, en un futuro más a largo plazo la cosa cambie, pero, sinceramente, espero no tener que vivirlo. No hay nada como poder manosear un libro antes de adentrarnos en él: hojearlo, girarlo, olerlo, acariciarlo… Luego, por fin, empezar a gozar con su lectura. Y, al acabar, volver a lo mismo con la satisfacción del que ha vuelto de un viaje con las expectativas sobradamente cumplidas: voltearlo, olerlo, abrazarlo…; ahora, incluso, en agradecimiento a sus bondades, forrarlo, por qué no. ¿Cómo podemos tratar con tal mimo una máquina? Definitivamente, el romanticismo que durante siglos se ha asociado al noble acto de la lectura se pierde como por encanto o, mejor, desencanto, con los libros digitales.

Y para acabar, y abusando de la oportunidad brindada, nos atrevemos a pedirte que nos recomiendes algunos libros para conseguir despertar en nuestros pequeños el amor por la lectura.

Hay tantos y tan adecuados para eso que no me cansaría de citar… Por ejemplo, en narrativa:

Matilda, de Roald Dahl (aunque de este autor lo recomiendo prácticamente todo).

Cuentos por teléfono, de Gianni Rodari.

El pequeño Nicolás, de René Goscinny. 

El zoo de Pitus, de Sebastià Sorribas.

Diecisiete cuentos y dos pingüinos, de Daniel Nesquens.

Para aficionarse a la poesía:

Cualquier libro de Carmen Gil.

Lo mismo, de Gloria Fuertes.

Chamario, de Eduardo Polo (seudónimo de Eugenio Montejo), con ilustraciones de Arnal Ballester.

Hormiguita negra, de Ana María Romero Yebra.

Multiplícate por cero, de Juan Bonilla.

Pero si hablamos de cuentos para los más pequeñines, además de los clásicos:

Jenny y el inventor de problemas, de Hiawyn Oram y Tony Ross.

El pacto del bosque, de Gustavo Martín Garzo y Beatriz Martín Vidal.

De verdad que no podía, de Gabriela Keselman y Noemí Villamuza.

Un camaleón en la escuela de los gatos, de Roberto Aliaga y Roger Olmos.

La noche de los cambios, de Pep Bruno y Lucie Müllerová.

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