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Cementerio bajo el mar

Valores y emociones  · 

Cementerio bajo el mar

Por Héctor Mellinas

Pocas veces descubrimos una autora como Lina Prosa, una de las voces contemporáneas más personales del panorama teatral italiano: personal por el exquisito uso en sus obras de los mecanismos aristotélicos de la tragedia griega, y contemporánea por la vinculación de sus textos con el contexto mundial actual.

La fuerza del teatro está en contacto con la realidad y el presente […], pide a quien lo practica que se posicione, que exprese un punto de vista.

shaubaEl mensaje sociopolítico de denuncia (inherente en los planteamientos teatrales desde la dramaturgia sociológica de Brecht y Piscator) es, en buena medida, aquello que hace que la autora se decante por el género teatral para explorar las nuevas realidades de nuestro mundo, que no son sino la causa del nacimiento de un nuevo modelo teatral (el teatro siempre se cuestiona a sí mismo) basado en la fragmentación de la realidad, la concreción del ser en una experiencia vital para poder convertirse en emoción universalizada:

Hay quien no tiene la palabra, porque se le priva y no la sabe pronunciar. Hay quien no tiene nombre siquiera. Y quien no tiene un nombre no tiene tampoco palabra.

La autora, pues, da voz (dramatúrgica, claro) a personas, símbolos casi, que sintetizan experiencias colectivas en un único drama. En el caso de Lampedusa Beach, el texto publicado por Arola Editors, el naufragio de Shauba deviene una lección moral para los hombres occidentales que deberíamos reaprender de los emigrantes la lección perdida, la del sueño, la aventura, el reencuentro.

Escrito para una actriz que sepa contener el aliento, Lampedusa Beach es, tópicamente, una búsqueda de felicidad pero planteada desde una perspectiva inédita: el fracaso de intentar escapar del verdugo. Uno no puede estar en paz si se ve obligado a convivir con aquel que está destinado a matarle: no puedes quedarte en el sitio donde has nacido / cuando descubres que allí mismo ha nacido tu verdugo […] naces en buena estrella si tu verdugo vive en un país lejano, / si tienes la certeza que nunca os encontraréis.

Y Shauba, la emigrante africana que huye de su mundo para entrar en el Occidente donde impera el capitalismo, espera encontrar su plenitud en Lampedusa, planteada en la obra como el destino arcádico, ideal (una destinación de postal) que, teóricamente, permitirá llevar una vida normalizada en la cual ninguna superestructura controle la liturgia de la comida.

La crítica hacia la voracidad de la sociedad occidental es una cuestión implícita en la temática de la emigrante, capaz de lo que sea para entrar en el dominio del capitalismo; sin embargo, la recurrencia de este aspecto, excesivamente explicitado, convierte la poética social de esta pieza en lirismo efectivo y evidente: soy la representante de un fenómeno social, / hace falta conservar los rastros…

Lampedusa Beach, pero, nos brinda una excelente reflexión sobre la condición humana, planteada desde la conciencia de una muerte inevitable pero en boca de una (casi) niña inocente y sacrificada conscientemente, talmente una nueva Ifigenia (Hazlo, hay que llegar. / En Lampedusa te lavaremos en leche de coco y serás nuestra reina), adquiere una altura poeticoliteraria de alto nivel: Necesito que me entierren. / Como a nuestra familia. / Tengo miedo de pudrirme. / Como todo lo que no puede estar mucho rato en el agua.

Otro detalle digno de comentario es como, en esta pieza, la muerte en el agua no es, sorprendentemente, culpa del indómito mar, sino de los hombres que lo cruzan: El naufragio ha sido total. / Pero de una simplicidad absoluta. / ¿Sabes por qué? No ha habido ninguna tormenta. […] Nada que tuviera que ver con el mar. / El mar es inocente.

Son los hombres quienes condenan a los fugitivos a Lampedusa Beach (el problema ya no es la moral, / ni la vergüenza, / ni el espíritu del coco. / El problema es el equilibrio), que no es otra tierra que la sumergida en el mar que oculta el enlace entre la tierra africana y la europea; y una vez en la playa hundida, quienes ahí viven incorporan, adoptan a los fugitivos y convierten el territorio en el anhelado espacio de acogida. Una tierra eterna que no exime los elementos naturales (pruebas de la muerte), ya sea un cuerpo humano o unas gafas de sol; gafas que, durante toda la obra, son el correlativo escénico del naufragio de la protagonista, el elemento al que castigar por la desgracia: Mahama, si me hubieras dado gafas de buceo / y no de sol,  hubiera podido probar / de nadar bajo el agua…

espadaShauba es, por consiguiente, una nueva Ofelia. Más allá de la muerte acuática, ambas figuras femeninas son víctimas de un destino ajeno a las propias decisiones: si bien Ofelia cae y se mantiene impasible durante la caída, Shauba debe su impasibilidad a la colectividad que la ha condenado, sociedades que olvidan el papel renovador y esperanzador de la emigración.

Lampedusa Beach es, pues, la enseñanza que el mundo occidental desdeña e imposibilita. Y es por este componente educativo que Lina Prosa toma un modelo teatral basado en la reelaboración de la tragedia clásica; una revisión que concreta contemporáneamente los elementos abstractos representados para dar al texto nuevos significados. Solo anulando la distancia y disolviendo los límites de la tradición formal podemos entender plenamente la nueva imagen propuesta de la que Shauba forma parte: el naufragio como síntesis de la condición humana contemporánea, estrechamente atada a la pérdida de la identidad personal en favor de una masa colectiva que determina nuestra existencia.

Y el concepto de caída libre, representado por el naufragio, es el que, de un modo sintético y brillante, nos muestran las ilustraciones que acompañan al texto teatral. Anna Bohigas y Núria Milà ofrecen una lectura del texto basada en las duras imágenes propuestas por Lina Prosa: el pez espada, el mar como cementerio o la sensación de infinidad son algunos de los leitmotivs de las ilustraciones a tinta negra (evocando así la oscuridad de la impersonalización que implica el colectivo) que nos ahogan en simultaneidad con el texto, base indiscutible de la creación visual. Tanto es el respeto que traspiran las imágenes y que nos sitúa como lectores ante el mismo miedo que Shauba siente ante la imposibilidad de evitar el naufragio absoluto.

Arola Editors nos ofrece, con esta simbiosis de texto y dibujo, una propuesta poco común actualmente: la edición ilustrada de una pieza teatral de altura literaria considerable que, además, nos descubre dos ilustradoras de futuro y una autora comprometida y tradicionalmente referenciada que esperamos nos siga llegando.

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