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Ciencia para niños curiosos

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Ciencia para niños curiosos

Por Alberto Guaita Tello

Los libros de ciencia para lectores preadolescentes son una manera genial de que los niños estén en contacto con conocimientos que normalmente asocian al colegio. Aprender cosas puede ser muy atractivo con libros que enfocan los conocimientos de una forma mucho más divertida.

A partir de cierta edad tendemos a pensar que lo sabemos todo, o al menos lo suficiente como para defendernos en nuestra vida cotidiana. Esto, ligado al hecho de que con el tiempo la curiosidad por las cosas que nos rodean suele disminuir, hace que a veces nos veamos ante serios aprietos cuando un niño que aun conserva su curiosidad intacta nos plantea preguntas en ocasiones tan complejas como “¡Mamá, mamá!, ¿que es un agujero negro?” o “Papi, ¿por qué las hojas de las plantas son verdes?”, o en mi caso “¡Tito, tito! ¿qué es el calor?”.

Vale, no es cuestión de entrar en la composición química de la clorofila o de empezar a explicarles las tres leyes de la termodinámica en su totalidad, ni hablarles acerca de la naturaleza de los fotones; pero es un buen momento para ir inculcando enseñanzas que les serán de gran utilidad en el futuro.

Tras conseguir borrar la mirada de bobos de nuestra cara después de escuchar estas preguntas llenas de curiosidad, generalmente nos toca o excavar en nuestra memoria, intentar recordar lo que nos contaron en E.G.B (¡hace ya tanto, tanto tiempo!) o, bien, echar mano de libros como Ciencia para niños o Ciencia cotidiana.

    

Es increíble la velocidad con la que conceptos de cierta complejidad son asimilados por los más pequeños. Si se acompaña la explicación con alguna actividad divertida, como la construcción de cohetes propulsados por agua (genial para explicar que el aire se comprime pero el agua no y, sobre todo, una excusa perfecta para acabar chopados junto a los sobrinos), o con la fabricación de volcanes caseros (¡nunca más lo haré en la cocina, prometido hermanita!); esas enseñanzas calan tan hondo que no suelen olvidarse. Eso sí, cada nueva explicación llevará sin duda a más preguntas, seguramente de mayor complejidad, en la que otros textos, como ¿Cuánto sabes de ciencia? vendrán a nuestro rescate.

La curiosidad es una vía magnífica para ayudar a nacer o para hacer crecer el amor por la ciencia en los niños.Solo hay que dedicarle un poco de tiempo y toneladas de cariño para ayudarles a comprender como funcionan las cosas. Ver cómo se ilumina el rostro de una criatura cuando de pronto ha entendido por qué un avión es capaz de volar o por qué los barcos no se hunden, siendo ambos de metal...no tiene precio.

 

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Palabras clave de este post: ciencia, libros de conocimientos, aprender

Alberto Guaita Tello

Crecí rodeado de cuentos clásicos y leyendas locales en Camerún. Vivo con mi esposa en los mágicos valles de Cantabria. Pronto publicaré “Cuentos de la Zamina” y “El Corazón de la Montaña”.

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