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David y sus calcetines verde manzana

La hora del cuento  · 

David y sus calcetines verde manzana

Por Choni Fernández

David, en invierno, duerme siempre con calcetines de lana. Unos esponjosos y suaves calcetines de lana verde manzana. Pero por la mañana siempre se elvanta con ellos, ¿por qué?

En invierno, sobre todo cuando nieva, David piensa en la suerte que tiene de dormir calentito, en su cama, con sus calcetines. Hay mucha gente, él lo sabe, que no tiene nada de eso. Por ejemplo la gente que vive en la calle, y que le observan de camino al colegio.

Su madre, en algunas ocasiones, se lo ha dicho: “Recuerda hijo la suerte que tenemos” mientras les ofrece algo de ropa de abrigo, comida, o algunas monedas.

Por eso David con sus calcetines verde manzana se siente feliz. Tan solo le preocupa una cosa, algo muy curioso, que le tiene muy intrigado. Por las mañanas se despierta sin ellos, sin los calcetines, y piensa pueden ser los ángeles, que le han dicho existen, y su trabajo es cuidar de las personas.

Sabe que su madre no es porque se lo ha preguntado, eso sí, con gran disimulo: ¿Mamá, tu no entras por la noche en mi habitación, verdad?

Pipo, su perro, que algunas veces se cuela en la habitación sin que sus padres se enteren, y duerme a los pies de su cama, tampoco. El no podría con esa boca tan grande, le despertaría.

¿Entonces? Definitivamente tienen que ser los ángeles. Pero… ¿como lo hacen?

Una mañana de sábado estuvo por lo menos una hora pensando. Entre las sábanas, calentito, arropado hasta la nariz y abrazado a la almohada, comenzó a darle vueltas a la situación…

Si pudiera preguntarle a Pipo. Pero éste le miraba ladeando la cabeza sin saber que decir, seguramente esperando la hora de levantarse y desayunar. ¡Siempre está comiendo!

Pero si los ángeles entrasen en mitad de la noche con sus enormes y preciosas alas, él se habría dado cuenta, ¿no? Al fin y al cabo es un perro muy listo.

Lo más seguro, sigue pensando, cuando visitan las casas de los niños por la noche no llevan esas enormes alas, sino otras más pequeñitas, seguro.

Pero… ¿y si fuese él mismo que, sin darse cuenta, cuando ya tiene mucho calor se los quita?

No, imposible, se acordaría.

Definitivamente si no es Pipo, no es su madre, y mucho menos es él, estaba claro que eran los ángeles.

También se ha dado cuenta que no siempre amanece sin sus calcetines verde manzana, lo que le lleva a pensar que deben introducir un termómetro, invisible para no molestarle, entre las sábanas, y así poder comprobar la temperatura.

A David le gusta sentir que hay alguien, además de sus padres, que le protege. Está encantado con la idea de que haya ángeles que cuidan de él mientras duerme.

Por la mañana cuando despierta, y ve los calcetines a los pies de la cama junto a su perro, les da las gracias.

Aunque a veces piensa, no deben oírle porque si se han pasado toda la noche en vela deben estar muertos de sueño. Bueno, quizá ellos no tengan ese problema.

Ese problema no, pero seguro que si se les caen las plumas en otoño, como a las plantas que tiene su abuela en la terraza, o los árboles del parque.

“Esta noche – les dice a los ángeles – os voy a pedir que además de estar pendientes de quitarme los calcetines cuando ya no los necesite, os acerquéis a la calle del colegio y os quedéis allí un buen rato, con los mendigos que viven entre los cartones. Aunque a lo mejor ellos también tienen un ángel que les protege”.

Y dicho esto se acurruca un poco más. Ya nota a Pipo que se acomoda a sus pies. Y sus pies ya están enfundados en sus queridos calcetines verde manzana. Ahora solo queda esperar que el sueño venga a visitarlos. El resto de la noche es ya un misterio.

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Choni Fernández

Choni Fernández  ·  Me gusta este libro

Nací en Madrid, me licencié en Antropología Americana, y he colaborado en revistas como Historia y vida, o Revista de Literatura. Primeras Noticias, En la actualidad lo hago para Clij. Revista de literatura infantil y juvenil.

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