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Desconocida Sylvia

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Desconocida Sylvia

Por Héctor Mellinas

Sylvia Plath (Boston, 1932 – Londres, 1963) es una figura importante en el contexto de la lírica contemporánea occidental. Pionera en la poesía confesional, exponente máximo de la expresión de un alma atormentada, cuya recurrencia es la desfeminización de la mujer (que encuentra en Tres mujeres su paradigma) partiendo de un tema obsesivo como es la debilidad parental, gracias a Nórdica Libros descubrimos que Sylvia Plath también fue feliz.

teddyEn el prólogo a Dibujos, Frieda Hughes, la hija de Plath y Ted Hughes, remarca la importante influencia del “arte” para comprender las creaciones de su madre. A lo largo de todo el volumen, cuando leamos “arte” deberemos interpretar, únicamente, arte plástico: pintura. La misma Plath nos lo glosa: «Tengo una imaginación visual. Por ejemplo, me inspiran los cuadros, y no la música, cuando acudo a otra forma de arte… Los veo muy claramente». Hughes habla, entre otros artistas, de Gauguin y su regreso al primitivismo (resultado del redescubrimiento del continente africano). En otro sentido menos arqueológico sería fácil encuadrar la lírica de Plath en el primitivismo, lo salvaje y la destrucción de la supuesta civilidad.

Cada parte de Dibujos se sitúa geográficamente en un lugar (Inglaterra, Francia, España y Estados Unidos) y va acompañada de una epístola o un fragmento de dietario correspondiente a la fecha de las ilustraciones. Y es en estos (para)textos que se nos descubre una Sylvia Plath totalmente opuesta de la inferida en sus expansiones líricas.

En la primera de las cartas, con fecha 7 de octubre de 1956, la poetisa dice:

Ay, Teddy, cómo me arrepiento de burlarme en mi inmadura e indisciplinada juventud de la leyenda de Eva extraída de la costilla izquierda de Adán; porque la condenada historia es verídica; ansío y anhelo volver a mi sitio, que es acurrucada ahí, protegida y querida; estoy segura de que tú, que eres hombre, te labrarás durante este año una autosuficiencia de una u otra clase, dado que sólo te falta una costilla; pero yo…

Como diría José Ortega y Gasset, “lo cursi abriga”. Esta reflexión nos muestra que, ante el amor correspondido y largamente añorado, todos somos iguales; incluso los grandes poetas tienen “sensación de anormalidad” ante el enamoramiento. Por supuesto Plath expresa este sentimiento en su lírica, pero al leerlo en una carta privada (es decir, que no tiene voluntad literaria) se nos hace más explícito y concreto. Detalles como éstos nos plantean hasta qué punto un texto personal debe salir a la luz. Personalmente creo que es lícito siempre que nos arroje nueva luz sobre el artista en cuestión.

Por eso mismo, por lo que tiene de revelador, Dibujos lo creo un libro necesario que nos muestra cuán importante fueron las ilustraciones para la poetisa: «me da tal sensación de paz dibujar; más que la oración, los paseos, más que nada». Y efectivamente, Plath reitera a lo largo de los textos seleccionados su faceta de dibujante como bálsamo escapista ante su relación con Hughes: «Escribo y pienso y estudio perfectamente cuando estoy con él; separados, estoy partida y sólo puedo trabajar correctamente durante breves y estoicos ratos…».

En estas epístolas encontramos referencias constantes a caracteres de «genios maniaco-depresivos» que, a sabiendas del destino de Plath, nos pueden parecer premoniciones de un triste final; pero también, y sobre todo, vemos que la poetisa tiene plena conciencia estética de su talento como ilustradora: «estoy desarrollando un estilo primitivo propio al que tengo mucho afecto».

Ciertamente, el estilo que vemos en las ilustraciones de Dibujos tiene un punto en común con el resto de manifestaciones artísticas de Sylvia Plath: narraciones con infinito detalle, pero con movimiento (usando sus mismas palabras). Prueba de ello es el poema Brasilia que tenemos acarado con la ilustración Cambridge: vista de frontones y cañones de chimeneas: en ambas manifestaciones artísticas podemos observar un tono nihilista y distanciado de la realidad, un paisaje visto desde la exterioridad del ser humano; una visión prácticamente elejíaca.

paraguasQue los dibujos sean en marcada y brillante tinta podríamos interpretarlo como la mejor manera de plasmar una sociedad londinense claramente industrial, tinta que le permite de jugar de un modo excelente con la luz de la ilustración. Los matices de brillo dan una importancia cabal al objeto que se retrata. Y es estas sutilezas las que dan vida y relieve al dibujo.

Como curiosidad, los dibujos de Estados Unidos tienen un visionado que nos recuerda a los paisajes nórdicos, propios de las películas del maestro sueco Ingmar Bergman (1918 – 2007): los embarcaderos y los botes parecen evocar una sociedad enteramente librada a la pequeñez del hombre ante la inmensidad del mundo. Justamente Bergman, en Persona (cuyo texto está también publicado por Nórdica Libros) pone en boca de sus personajes una frase que creo que resume la nueva Sylvia Plath de Dibujos de un modo magistral:

Estuve mirándola a los ojos todo el rato. Al principio cree uno que su expresión es dulce y casi infantil. Pero después, cuando le miras los ojos... No sé cómo explicarlo. Tiene una mirada tan dura, creo yo.

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Palabras clave de este post: Sylvia Plath, libro ilustrado, dibujos, tinta, lirismo

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