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El examen

La hora del cuento  · 

El examen

Por Alberto

Para los estudiantes, mayo no solo trae toneladas de apuntes que estudiar y exámenes posteriores, sino también unas ganas irrefrenables de dejar la mochila aparcada y disfrutar de un verano que nunca se antoja suficiente.

– Para el examen final entrarán todos los contenidos del curso: desde el presente simple hasta el estilo indirecto. Habrá también un apartado de vocabulario, redacción y comprensión escrita. El ejercicio de escucha será mañana a nuestra hora. ¿Alguna pregunta?

– ¿Hay que llegar a cinco o aunque suspendas hace media?

– Será necesario llegar a esos cinco puntos. De lo contrario, iréis a suficiencia.

– ¿Y si se va la luz?–preguntó un alumno en tono jocoso.

– Vendremos por la tarde, no hay problema.–La clase apenas se había reído, pues sabían de la dureza de la profesora de cara a dictar sentencia en un global. No eran pocos quienes solo oían el silencio cuando ella hablaba–. Por lo pronto, id preparando vuestras dudas de cara a próximos días y afinad bien el oído.

         Día siguiente. Son las 9:30 de la mañana. La tensión reinante en el aula puede palparse con las manos. Las mesas están separadas; en ellas, treinta y dos alumnos se juegan toda la asignatura. Las manos sudan. El pulso se acelera al entrar la profesora. Es ahora o nunca. Es a vida o muerte. Es seguir en el presente o avanzar al futuro. Se oyen las indicaciones férreas y concisas de que hay que guardar todo el material, dejar solo un bolígrafo encima de la mesa y leer la primera pregunta. Se ruega silencio, aunque ya lo había mucho antes. La pletina del CD de la radio se abre suavemente y este es posado por la profesora sobre aquella. Se cierra esa pletina y el aparato comienza a leer el CD. Marca en la pantalla diminuta y rectangular «17 -  69:35», presumiblemente el número de pistas y la duración total del disco. Play. Comienza el examen.

         Tras unos largos segundos, una breve melodía sustituye misteriosamente a la inevitable intervención del nativo británico de turno. La extrañeza es máxima, pero las risas afloran. The snow glows white on the mountain tonight. Not footprint to be seen. Las risas se convierten en carcajadas, a las que se une la profesora. A kingdom of isolation and it looks like I'm the queen. Varios han reconocido la canción de la que se trata. La docente desvela que ha confundido por completo el CD y el desmadre, por si era poco, aumenta. The wind is howling like this swirling storm inside.

–Dejamos el examen para la semana que viene. Abrid el libro por la página ciento nueve. Haremos un repaso–dijo dirigiéndose a la radio para detener la canción–.

–¡Espera, maestra!–Una voz anónima a voz en cuello hizo que doña Eulalia se detuviera. La música seguía su curso.

Entonces, haciendo honor a la traducción de la lengua inglesa a la española y con un claro segundo sentido, dos alumnas levantaron los folios donde se hallaba la prueba de comprensión oral, los agitaron de izquierda a derecha y siguieron a la cantante a través del reino helado. La clase las siguió al ritmo de los alegres acordes.

Let it gooooo, let it gooooo...

   

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Palabras clave de este post: la hora del cuento, cuentos juveniles, cuentos, humor

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