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El mago de los colores

Valores y emociones  · 

El mago de los colores

Por Dolores Sanmartín Bastida

¿A qué niño de corta edad no le gustan los colores? El color es uno de los conceptos básicos que los niños aprenden primero; al fin y al cabo, es “algo” que les rodea y perciben, forma parte de su vida diaria, y podemos ver cómo les ilusiona el reconocer y saber nombrar cada uno de ellos, o cómo disfrutan coloreando cualquier cosa. Por eso, es también uno de los temas que despierta más interés en las primeras edades, y existen multitud de libros infantiles que lo abordan. Pero El mago de los colores, una obra del escritor norteamericano Arnold Lobel, no es uno más: les ayuda a conocer de un modo original y emocionante la existencia de todos los diferentes colores y, para niños más mayores, aporta también una enseñanza más profunda. La edición que vamos a analizar es de la Editorial Corimbo del año 2004.    

    Arnold Lobel (Los Angeles, 1933- New York, 1987), autor del texto y las ilustraciones, fue un escritor de literatura infantil muy reconocido en Estados Unidos, y está considerado, tras su prematura muerte, uno de los grandes maestros de la Literatura Infantil Contemporánea y un clásico indiscutible, principalmente por obras como Sapo y Sepo (cuatro libros), Historias de ratones, Saltamontes va de viaje o Búho en casa; también fue ilustrador de muchas obras de otros autores - incluido su mujer, la ilustradora Anita Kempler -. En 1981 ganó la “Caldecott Medal” de la American Library Association por su libro Fábulas, entre otros numerosos reconocimientos de la crítica especializada. Sus obras son conocidas por tener un trasfondo de hondura e intimismo, que nos sugieren emociones y sentimientos más allá de las propias historias, siempre narraciones muy sencillas dirigidas y adecuadas a las primeras edades, e ilustradas por él mismo con imágenes delicadas y tiernas (muchas de pequeños animales humanizados) que acompañan y complementan al texto.      

     El mago de los colores fue publicado por primera vez en el año 1968, y el título original en inglés es The great blueness and other predicaments. Pertenece al género literario de cuento y es un álbum ilustrado: Lobel destacó en el campo de los álbumes al trabajar para la colección "I Can Read Books" de la Editorial Harper and Row, que lo llevó a una sencillez deliberada en la diagramación, diseño y la relación entre ilustración y texto, con separación física clara entre ambas para facilitar la lectura, en libros para los niños prelectores.

       El tema principal de esta hermosa obra es enseñar a los niños los distintos colores, poniendo el énfasis instructivo en el concepto de las diferencias entre los colores llamados primarios y, fruto de la combinación de estos, los colores secundarios. Por tanto, aunque es un libro de ficción, también posee un claro carácter informativo. Hay otras ideas secundarias, como son la importancia de las diferencias y la diversidad en el mundo; y, a la vez, el valor del concepto de unión y colaboración, de la colectividad como suma de unas individualidades que hacen nuestro mundo más interesante y alegre. Es por ello que la intencionalidad del autor va más allá del tema explícito de la estructura de los colores y de como los primarios dan origen al resto, y esta intención la expresa a través de la unidad de texto e imágenes de forma cautivadora, con sensibilidad, y también con humor enmarcados en una historia sencilla. Una constante, como hemos visto, de las obras de Lobel.

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    Pero con este libro aprendemos también algo aún más profundo, relacionado con el mundo de las emociones: el color se convierte en un elemento metafórico para enseñar a los niños cómo nos puede influir en nuestros sentimientos y estados de ánimo. En mi opinión, esta idea resulta más importante incluso que las anteriores al mostrarse de una manera sutil y delicada y aportar el valor de gran originalidad a la obra, una hondura distintiva que la hace especial. Como dice acertadamente un lector en una web sobre libros, Lobel resume así esas emociones que nos pueden provocar (en exceso) los tres colores primarios: “blue is sad, yellow is too bright, red is mad”. Yo añadiría que el gris, el único color al comienzo de la historia, puede inducir a sentirnos aburridos y desanimados.

    Esta diferencia entre las dos ideas o temas principales del libro no es baladí: en la edición de Corimbo se indica en la contraportada que está dirigido a niños a partir de siete años, mientras que en la ficha de la web de la editorial - de forma mucho más acertada - aparece orientada para niños a partir de los tres (en la edición en inglés de HarperCollins se indica de 4 a 8 años). La diferencia radica en que para los lectores más pequeños la obra les ilustra sobre el concepto del esquema de los colores -y como subtema y mensaje implícito imprescindible, el subrayar la importancia de la diversidad y de las diferencias-, mientras que para los más mayores la idea de las emociones puede ser más valiosa. Además, como veremos, para los más pequeños el ritmo ágil y sonoro del lenguaje textual es muy adecuado para serles leído de forma oral.

     El argumento del cuento es sencillo y adecuado a la edad del público al que se dirige: en un mundo donde absolutamente todo es de color gris (y blanco o negro), un mago intenta conseguir que esto cambie inventando y descubriendo nuevos colores a través de pócimas que realiza en solitario en el sótano de su casa, y que luego cede generosamente a los vecinos de su comunidad. Él también es el que pone nombre a cada color.

      Primeramente el mago crea el color azul, “mezclando un poco de esto y algo de aquello”, y sus vecinos al verlo le piden que les preste un poco de este nuevo color; de esta forma el azul se extiende, y todo el pueblo se convierte de este color. Pero pronto el estado de ánimo de todos se volverá triste, y le piden una solución. Así que vuelve a su sótano, y mezclando y mezclando inventa el color amarillo. Los vecinos vuelven a pedirle un poco de su descubrimiento y de nuevo transforman el pueblo con este nuevo color. Sin embargo, el exceso monocromático de amarillo convierte todo en demasiado brillante y cegador, y hace que la gente se choque o les duela la cabeza. Las quejas vuelven al mago que, resuelto, baja a su sótano y con una nueva pócima descubre el color rojo. Convertido de nuevo todo el pueblo en este único color, los vecinos se ponen de mal humor y ahora exigen - con agresividad - al mago que lo vuelva a cambiar. Éste, desesperado, intenta nuevos colores sin éxito, pero al derramarse por accidente las vasijas rebosantes de los tres colores primarios y mezclarse entre sí, crea de manera fortuita el morado, verde y marrón, los colores secundarios. Finalmente, el pueblo se convierte en un mundo alegre de múltiples colores, como lo conocemos nosotros: “El mundo es tan bonito que ya nunca más volverían a cambiarlo”.

    Los personajes de la obra son dos: el mago y la comunidad de vecinos, que aparece como colectividad, sin figuras individualizadas. El mago está caracterizado con una figura paternal, con larga barba y “regordete”, humorístico, y entrañable. A semejanza de otros personajes de la obras de Arnold Lobel, es un personaje solitario que vive y actúa solo, aunque él está relacionado estrechamente con la comunidad en la que vive. El desarrollo de la historia nos lo muestra, además, como un claro emblema de la generosidad, y es un protagonista que suscita acertadamente en los niños simpatía y afecto. Es de resaltar que se trata de un mago, porque a estas edades les suelen interesar estas figuras, pero no se trata propiamente de un cuento de fantasía o historia fantástica de magia, aunque él sea el que introduzca los colores en el mundo.

    Los vecinos, en cambio, aparecen como un elemento en dependencia del mago, pero a la vez demandantes hacia él y en un caso, incluso de forma agresiva, cuando el exceso de color rojo les vuelve iracundos y le exigen que lo cambie. También están caracterizados de forma un poco burlesca y cómica, con exageración humorística y, a la vez, simpática.

     La historia se sitúa sabiamente en un marco de época histórica antigua – de estilo medieval o renacentista - dado que intenta enseñar a los niños el momento primigenio del descubrimiento de los colores: la ropa de los personajes y el ambiente de la comunidad están caracterizados como de una villa rural. También la voz del narrador nos habla en tiempo pasado.

    La obra tiene una extensión breve, apropiada para estas edades, y se organiza con una estructura interna clara, adecuada a los lectores más pequeños, con un inicio, desarrollo, y un desenlace que acertadamente es convincente y feliz, pero al mismo tiempo sorprende y no es previsible.

    En cuanto a los aspectos textuales y la técnica narrativa, el lenguaje y estilo destacan por la agilidad y rapidez del ritmo, el sentido del humor y un lenguaje sencillo pero rico. Hay musicalidad, frases y palabras sonoras y sugestivas que reflejan detalles de las ilustraciones. Rimas con repeticiones, enumeraciones, junto con breves estrofas casi poéticas, como de una canción o sencillos fragmentos versificados, que dan ese ritmo ágil y poético.

     Los textos son cortos y las frases directas; las palabras son descriptivas y el vocabulario claro y conciso, pero también es sugerente, no pobre; la sintaxis es sencilla, abunda la adjetivación precisa, todo ello propio para su lectura oral a los niños y también para facilitar la lectura a los apenas iniciados en la misma. Al ser leído en voz alta a los niños, se puede interactuar con ellos a través de estas repeticiones que pueden memorizar y que facilitan su participación activa y el juego con el lenguaje; además, podemos proponerles juegos, como por ejemplo que sean ellos quienes sugieran el color que el mago debería crear después.

         Hay diálogos cortos, entre los vecinos y el mago y del mago consigo mismo. La traducción es adecuada, mantiene la musicalidad del lenguaje y estilo literario, y el humor: “Los cerdos eran amarillos, las pelucas eran amarillas, las escaleras y los sillones de los dentistas eran amarillos”.

     Los aspectos iconográficos o visuales son imprescindibles en todo álbum: aquí no hay predominio de la imagen sobre el texto, la relación entre ambos es complementaria o de apoyo, una acompaña a la otra en una misma función, aunque estén separadas entre sí para su mejor lectura. Las ilustraciones ayudan a comprender el texto y reflejan detalles del mismo, facilitando su evocación. Texto e ilustraciones no siguen un diseño unitario en cada página: unas veces el texto ocupa el lado superior de la página, otras el inferior; cuando el mago baja las escaleras a su sótano, el texto aparece en forma descendente escalonada; a veces las imágenes están fileteadas y otras se salen de su marco; la primera y la última se enmarcan en círculos y otras no tienen ningún tipo de marco o encuadre. Algunas ilustraciones son a doble página, y otras son láminas ocupando una página entera. Esta variedad visual resulta muy atractiva y aporta una dimensión lúdica y divertida al libro. Son treinta y seis páginas sin numerar: la penúltima ilustración, a doble página, es la más deslumbrante, con todos los colores recreando con ricos matices la escena casi idéntica del principio del cuento, una visión amplia de la villa rural con múltiples detalles, pero ahora cada detalle tiene un colorido alegre y luminoso, como en un caleidoscopio.

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    Las ilustraciones son otro elemento de originalidad de esta obra: no siguen una técnica o estilo figurativo ni realista, ni son de diseño sencillo o simple. La técnica y composición del dibujo es más compleja y novedosa que en muchas obras para el público de corta edad: las figuras de los personajes no son esquemáticas ni tienen un trazo exageradamente infantil, sino que están llenas de detalles; no siguen un estereotipo y de alguna forma, muchas de ellas tienen un lado algo casi grotesco, pero también entrañable y tierno, poseen un lado humorístico y caricaturesco. Y todas son muy expresivas: es muy importante destacar que las emociones están representadas no sólo en el texto, sino también en la expresión de todos los personajes.  Creo que estas ilustraciones tienen valor estético y que ayudan a desarrollar el gusto estético, y que los niños de edades mayores (5-7 años) son los que más pueden apreciarlas. Las imágenes tienen fondo y más de una acción, y reflejan detalles del texto: aquí también sirven para pararse en la lectura oral en detalles de cada ilustración y jugar con los niños a búsquedas, incentivando su participación con diálogos sobre lo que ven: “¿Dónde está el mago?”.

     Finalmente, pero imprescindible en la evaluación de libros para primeras edades, están los aspectos materiales externos y la presentación editorial: esta edición de la Editorial Corimbo constituye un libro de estética general cuidada y atractivo visualmente, tanto para niños como para adultos. En formato grande de álbum (no es de tamaño pequeño ni libro blando de tela, porque no se trata de una obra para bebés o menores de 3 años), tiene un diseño sencillo adecuado a la edad del público lector. Posee una maquetación acertada, con una encuadernación de tapa dura y plastificada en cartoné, resistente al uso de los niños, y hojas cosidas al lomo y un papel de calidad. La letra es de tipografía y tamaño grande adecuado para estas edades, y un diseño especial motivador, como el señalado anteriormente de las estrofas escalonadas.

    Por último, la cubierta frontal es otro elemento a destacar por su originalidad: decorada con colores, aparece el mago con las tres pócimas, en una portada de estilo arquitectónico, con un frontispicio, imitando las portadas de los libros antiguos. También la portadilla interior sigue el mismo modelo, con una orla arquitectónica.

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    Como síntesis valorativa, solo me queda resaltar de El mago de los colores la pertinencia de su lectura y la adecuación a la edad y psicología de los niños prelectores y primeros lectores a los que se dirige, a su competencia lectora. El tema principal - el mundo de los colores como enseñanza - está abordado con originalidad y novedad en relación a otros de misma temática, transmitiendo además valores apropiados que contribuyen al enriquecimiento personal a través de los mensajes implícitos del cuento: lo positivo de la diversidad, la aceptación, tolerancia; la curiosidad por descubrir, la generosidad con los demás. Y las emociones y sentimientos que el color nos puede despertar.

     Cuando una mañana al despertarnos veamos el día de un color gris plomizo, y nos sentamos por ello desanimados, podemos recordar a los niños y a nosotros mismos la figura del simpático mago generoso, pensar que pronto el cielo se cubrirá de color azul, o que si llega a llover, sus pócimas nos descubrirán después un arcoiris, gracias a sus mezclas de “un poco de eso y un poco de aquello”… Y es que los colores es un tema tan extenso que no puedo dejar de señalar que también interesa a muchos adultos, como demuestran el actual éxito mundial de ventas de los libros para colorear dirigidos a público de estas edades, muchos de ellos como terapia “de calma” para influir así en nuestras emociones, al igual que en el hermoso cuento que nos dejó Arnold Lobel.

 

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Palabras clave de este post: cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos de fantasía

Dolores Sanmartín Bastida

Historiadora de formación, he trabajado como Catalogadora en bibliotecas y en Análisis Documental e Investigación. Desde hace años he enfocado mi carrera al mundo de la edición (redacción y corrección de textos) en Literatura Infantil y Juvenil, tras realizar cursos especializados en este género. Colaboro como editora en Wikipedia.

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Óscar

Un completo y excelente análisis, muy orientativo para los que somos padres y tenemos que elegir un libro para nuestros hijos.

Diana Flores

La lectura de estas líneas me ha transportado a ese mundo mágico de colores de mi infancia. Gracias boolino por enriquecer a sus lectores con estos interesantes y muy completos artículos!!