Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

El pacto biográfico

Queremos saber...  · 

El pacto biográfico

Por Héctor Mellinas

Blackie Books nos sorprende de nuevo con una biografía paradigmática de la vida de un niño en el período de entre guerras europeo: El niño que sabía hablar el idioma de los perros, de Joanna Gruda, hija del protagonista de la novela.

carmenUna de las obsesiones de Philippe Lejeune (Francia, 1938) ha sido la definición clara de aquello que hoy en día llamamos autobiografía:

Historia retrospectiva en prosa que una persona real hace de su propia experiencia, enfatizando su vida personal, en particular, la historia de su personalidad.

El francés insiste en la identidad única entre autor, narrador y personaje. Si dejamos de lado la cuestión del autoredactado y hablamos de biografía, los planteamientos de Lejeune siguen siendo útiles: la identidad entre narrador del relato y personaje se sigue deduciendo del uso de la primera persona que, desde una perspectiva retrospectiva es capaz de jugar con el flujo del tiempo (con prolepsis que anticipen un hecho futuro en el relato pero pasado en la historia cuyo desenlace ya es conocido, por ejemplo), sigue queriéndonos mostrar la génesis de la personalidad del protagonista.

Y este origen es el punto clave de los géneros correspondientes a la literatura íntima: nos interesan las vivencias personales del narrador, aquellos hechos que recuerda decisivos para su desarrollo como individuo (a veces hechos que a nosotros pueden parecernos poco atractivo). La historia universal conocida se nos presenta como mero contexto, no como aliciente principal. Si bien el protagonista es víctima colateral de los movimientos de la historia, es capaz de superarlos y hacernos llegar su relato biográfico como una oda al individualismo superior a la universalidad de la historia.

Y Joanna Gruda recoge las grabaciones de su padre, Julek Gruda, para darles forma literaria y servirnos así una historia real, una biografía al fin y al cabo (aunque en términos de venda pueda resultar un sustantivo menos atractivo al comprador).

El niño que sabía hablar el idioma de los perros ha sido comparada con otras excelentes historias protagonizadas por niños que han, ficcionalmente o no, vivido durante la Segunda Guerra Mundial (los best-sellers El niño con el pijama de rallas o La ladrona de libros, la cinematográfica La vida es bella…) con las que mantiene una diferencia sustancial: en éstas los personajes eran deliberadamente efectivos, es decir, la elección de un niño como protagonista nos ofrecía nuevas perspectivas de las calamidades históricas, los personajes eran un pretexto para recordar cuán terrible puede ser la historia con la frágil condición humana; en cambio, el personaje literario de Julek Gruda está mucho más cercano a la popular Ana Frank, ambos son niños obligados a crecer (por lo tanto, a generar una determinada personalidad) por los movimientos de la historia (en el fondo, decisiones humanas dictatoriales), mucho más interesantes desde el punto de vista de Lejeune.

machiEs desde esta perspectiva que creo que la propuesta de Blackie Books resulta interesante a un lector actual, demasiado imbuido de literatura sobre la Segunda Guerra Mundial; si leemos El niño que sabía hablar el idioma de los perros como el desarrollo personal de una víctima colateral de la historia, un niño que «depende de las locuras de los adultos», nos daremos cuenta de cuán determinante es la historia: hechos a los que nadie puede escapar y que se nos relatan aquí por alguien en continua formación (biografía, sí; pero también novela de formación) y, por consiguiente, siempre de un modo optimista.

Tiene este relato biográfico puntos en común con una de las piezas teatrales de Juan Mayorga más premiadas: La tortuga de Darwin. Harriet, la tortuga bicentenaria, es también, como Julek, espectadora de la toma de decisiones más terribles de la historia del ser humano; a diferencia de la tortuga, mera espectadora de las actitudes humanas que, llegado el momento de su muerte, confiesa todo aquello visto, Julek Gruda es parte activa de la historia y su actitud es un ejemplo de superación del horror colectivo en favor del desarrollo individual del ser humano.

 

Fotografías: Carmen Machi en La tortuga de Darwin (Coproducción: Teatro el Cruce y Teatro de La Abadía).

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: Europa, guerras, biografía, crecimiento, infancia

Comentar post