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El viaje de Carolo

La hora del cuento  · 

El viaje de Carolo

Por Sandra Carballar

¡CUIDADO CAROLOOOOO!, ¡CUIDADOOO CON ESA OLA!- gritó su familia.

Pero era demasiado tarde, Carolo, el más travieso de todos los cangrejos Rojos, ya estaba debajo de aquella ola dando vueltas y más vueltas tragando toda el agua del mar. Después de todas aquellas volteretas el mar le devolvió a la orilla, pero…. ¿Qué había pasado? Le había dejado en una dirección diferente en la que caminaba su familia.

Esto para nosotros puede parecer una tontería, pero para los cangrejos… es más  importante que cualquier otra cosa porque… ¡Los cangrejos sólo caminan de lado!

Entonces si Carolo no podía girarse, quería decir que, ¡no podía seguir caminando junto a su familia!

Por suerte tuvo una idea genial:

Si daba la vuelta a todo el planeta podría volver a encontrarse con su familia.

Carolo un poco asustado, se despidió de todos y prometió volver lo más rápido posible para reunirse con ellos cuanto antes. 

Caminando, caminando llegó hasta el DESIERTO. Como no podía dar la vuelta hizo lo único que podía hacer: cruzarlo.

Allí se encontró con una familia de cangrejos que iban en su misma dirección.

- ¡Hola cangrejo Rojo! ¿Cómo puedes cruzar este desierto sin un turbante? Nosotros somos los cangrejos del desierto, los cangrejos Tuareg, y para protegernos del calor y de la arena llevamos siempre uno puesto – le dijeron mientras le ofrecían uno.

Al verlo solo le preguntaron si quería quedarse con ellos pero Carolo les contestó que no podía entretenerse, quería dar la vuelta al planeta muy rápido, muy rápido para reunirse con su familia de nuevo.

Cruzar el desierto fue una experiencia muy dura en el que Carolo tuvo que esforzarse muchísimo: el sol le abrasaba el caparazón y no había nadie con quien hablar durante días. Sólo se sentía acompañado durante la noche por  las estrellas que le guiaban el camino.

Pero un día la arena se acabó y apareció el MAR. Como no podía dar la vuelta hizo lo único que podía hacer: nadarlo.

Se tiró al agua y encima de una roca vio a una familia de cangrejos pescando.

- ¡Hola cangrejo Rojo! ¿Cómo puedes nadar este mar sin unas gafas de bucear? Nosotros somos los cangrejos del mar, los cangrejos Marinos, y las usamos para ver mejor debajo del agua.- le dijeron mientras le daban unas.

Los cangrejos Marinos, igual que los Tuareg, también le ofrecieron que se quedara con ellos, pero Carolo les dijo que no podía quedarse porque su familia, los cangrejos Rojos, le estaba esperando al otro lado del planeta.

Carolo, que no era muy buen nadador, había visto como los cangrejos Marinos se subían en el lomo de los peces más grandes para recorrer grandes distancias. Y como aquellos cangrejos conocían el mar mucho mejor que él, decidió aprender de ellos. Se subió al lomo de un pez espada y sobre él nadó todo el océano hasta que el agua se acabó y llegó a unas montañas de arena blanca. Nunca había visto la nieve antes, pero supo que aquello era el POLO NORTE. Como no podía dar la vuelta, hizo lo único que podía hacer: escalarlo.

Estaba escalando la primera montaña cuando escuchó un grito bajo sus patas. Era el grito de un cangrejo que estaba pasando el invierno durmiendo bajo la nieve. Toda la familia que dormía alrededor también se despertó.

- ¡Hola cangrejo Ro…mmm… jo! ¿Cómo puedes escalar estas montañas sin unas botas de pelo? Nosotros somos los cangrejos del Polo Norte, los cangrejos Esquimales, y las llevamos puestas para protegernos del frío y escalar mejor.

Los cangrejos Esquimales le regalaron unas botas de pelo como las suyas y como las otras familias de cangrejos, también le ofrecieron que se quedara durmiendo con ellos hasta que terminara el invierno. Y aunque a Carolo le hubiera gustado quedarse descansado prefirió seguir avanzando para no perder tiempo y así encontrarse cuanto antes con su familia. 

Con aquellas botas pudo escalar las montañas más rápido. En un momento la nieve empezó a deshacerse y fue dando paso a un paisaje cada vez más verde. Era tan verde que los árboles gigantes no dejaban ver el cielo. Había llegado a la SELVA. Como no podía dar la vuelta, hizo lo que único que podía hacer: atravesarla.

En la selva aunque había mucha comida en el suelo y era un lugar que olía a limpio, también era un lugar muy peligroso puesto que había muchos animales más grandes que él. Pero también había cangrejos y enseguida encontró uno.

- ¡Hola cangrejo! ¿Cómo puedes atravesar la selva sin hojas de camuflaje? Yo soy un cangrejo de la selva, un cangrejo Verde, y siempre llevamos estas hojas para protegernos de los animales más grandes y feroces que nosotros.

El cangrejo Verde buscó un par de hojas que Carolo se puso sobre su caparazón para pasar desapercibido en todo el verde de la selva.

También le explicó que se había perdido; tenía miedo de no encontrar el camino de vuelta a casa antes de que se hiciera de noche.

Carolo tenía muchas ganas de seguir avanzando, pero decidió quedarse con el cangrejo Verde y ayudarle a encontrar el camino a su casa porque… ¡cuando él había estado solo muchos otros cangrejos también le habían ayudado!

Pasaron varias noches contándose historias y riéndose mucho. El cangrejo Verde le enseñó los secretos de la selva y Carolo le contó como vivían otras familias de cangrejos que hay en el planeta: los Tuareg, los Marinos, los Esquimales… y los Rojos.

Carolo dejó a su amigo en casa y siguió caminando, pero de repente vio a lo lejos una familia de cangrejos Rojos que iban en dirección contraria a la suya. 

Cuando estuvieron más cerca Carolo se dio cuenta que eran su familia y loco de contento empezó a gritar:

- ¡Hola! ¡Hola! ¡Soy yo Carolo! ¿No veis que soy yo? ¡He dado la vuelta entera al planeta para encontraros otra vez! ¡Soy yo!

Pero los cangrejos Rojos no sabían quien era aquel cangrejo que llevaba un turbante en la cabeza, unas gafas de bucear, botas de pelo en cada pata y hojas de camuflaje encima.

Entonces Carolo al ver que no le reconocían empezó a quitarse uno a uno todos los regalos que le habían hecho sus amigos durante su viaje.

- ¡Carolo eres tú! ¡Qué alegría! ¡Teníamos tantas ganas de verte de nuevo! ¿Dónde has estado? – gritaban todos a la vez.

Claro que era él, aunque no era el mismo cangrejo Rojo que había empezado aquel viaje para reunirse con su familia; en todo este tiempo había aprendido a esforzarse, a ser valiente, a no hacer el vago cuando quieres conseguir algo, a dejarse ayudar por otros y ayudar también a los demás, ¡había hecho montones de amigos!

Esta vez a su familia no le dio tiempo de avisarle, Carolo ya iba corriendo a ponerse debajo de aquella ola inmensa que le dejaría esta vez en la misma dirección que su familia, los cangrejos Rojos.

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Palabras clave de este post: cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos de animales

Comentar post

Lara

muy bonito!

Lorena

Precioso!!!

Raquel

Maravilloso cuento y además con mensaje. ;)

Dani

Qué tierno cuento... ¡Espero que pronto vengan más aventuras de Carolo!

NURIA

Me encanta Carolo!