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¿Está tu hijo pasando por una situación de estrés?

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¿Está tu hijo pasando por una situación de estrés?

Por Nora Rodríguez

Todos los padres sabemos que cada niño tiene su modo particular de ser. Unos son más inquietos, otros más tímidos, más atrevidos o más callados... Sin embargo, de lo que no cabe duda es que en la actualidad muchos de ellos, independientemente de su carácter, pueden estar viviendo situaciones que los superan y, como nos sucede a los adultos, estar soportando altos niveles de estrés.

En qué consiste el estrés infantil

Los niños poseen un instinto innato de supervivencia que los lleva a luchar (llorar, patalear, ponerse tensos) o a huir (aferrarse a las faldas de mamá, esconderse bajo la cama, bloquearse emocionalmente, sentir dolor de estómago y náuseas) cuando se sienten amenazados. Si estos episodios son aislados, lo único que está haciendo tu hijo es reaccionar de un modo familiar ante una situación desconocida (activando todo su cuerpo y manteniéndose alerta) pero esto no significa que padezca estrés.

Por el contrario, cuando se comporta habitualmente de manera tensa y tiene síntomas corporales que delatan un continuo estado de excitación y malestar, si no tiene ninguna enfermedad específica que justifique estos síntomas puede ser que necesites observar más detalladamente su comportamiento y acudir al pediatra.
 

Causas del estrés infantil

La mayoría de los niños pueden sufrir situaciones de estrés debido a diversos factores:

  • vivir sólo con uno de los padres porque ha habido una separación,
  • tener que adaptarse a una nueva familia donde hay un padrastro o una madrastra.
  • pasar demasiado tiempo solo y estar en contacto con demasiados estímulos audiovisuales.
  • la llegada de un nuevo integrante a la familia.
  • la muerte de un ser querido.
  • la pérdida de trabajo de uno de los integrantes de la familia que provoque un ambiente de tensión familiar.

También es cierto que la obsesión de muchos padres de que sus hijos sean los mejores o que encajen en el molde del hijo ideal y cumplan con todas las expectativas que tienen depositadas en ellos, puede provocar en el niño situaciones de presión difíciles de controlar. Cuando se lo obliga a dormir solo o a comer solo porque «ya tiene la edad adecuada». Obviamente, ningún padre ni ninguna madre hace esto para que su hijo se sienta mal, pero a veces el desconocimiento y la mala información hace que no nos demos cuenta de lo que realmente sucede y no encontremos una solución.

Señales de estrés infantil

Ningún niño va a decir a sus padres que sufre de estrés, por lo que se necesita observar determinados detalles que, además de la conducta, incluyen su estado emocional y, según los expertos, la frecuencia con que padece enfermedades respiratorias, digestivas o problemas en la piel.

Cuando son muy pequeños, las señales más evidentes no suelen ser verbales, así que «escuchar» lo que tu hijo te dice es básicamente observar su conducta, su mirada, y su estado global.

  • Observa la posición de su cuerpo para ver si está rígido o relajado.
  • Observa su mirada, si es de miedo, de felicidad o de defensa.
  • Presta atención a los músculos de su rostro, ¿tiene una expresión colérica?, ¿Tiene una expresión nerviosa?
  • Escucha el tono de su voz o de su llanto. ¿Sueno como una demanda? ¿Denota cansancio?

Todos estos factores, sumados a la frecuencia de sus berrinches pueden darte muchas pistas, pero sea cual fuere el resultado de tu observación recuerda que una actitud relajada y serena por tu parte suele ser la mejor medicina. No hay que olvidar que cuando un niño padece estrés es común que los padres también manifiesten síntomas, es decir, que se encuentren más ansiosos, deprimidos, menos sociables y menos amigables, generando de este modo reacciones en cadena difíciles de sobrellevar para los pequeños. Da el primer paso mediante una actitud serena para que todo se normalice.

Síntomas comunes del estrés infantil

Se caracteriza por tener unos síntomas comunes, como cansancio, inapetencia, abatimiento, nerviosismo, aislamiento e insomnio. Pero hay otras características que hay que tener en cuenta.

Alrededor del tercer año suelen ser problemas para prestar atención acompañados de dolor de vientre, dolores de cabeza. La falta de curiosidad y la poca receptividad a los estímulos también son síntomas de estrés a esta edad, justo cuando la curiosidad debería tener su primer gran impulso.

¿Cómo detectarlo?

El mejor modo de detectar si tu hijo padece estrés infantil consiste en observar cómo se comporta en los momentos en que no está enfadado ni disgustado con algo, es decir, cuando no está en medio de un berrinche. No obstante, cuando este estado de emergencia se prolonga y ves que el niño no se siente cómodo consigo mismo y permanece tenso e inseguro, conviene averiguar cuáles son las situaciones que le provocan inseguridad: si se trata de un problema transitorio, o si, por el contrario, lo que le altera es una situación permanente, como ir a la guardería o enfrentarse a un proceso de separación. En todo caso, los cambios que necesites hacer para aliviar su estrés deben ser siempre progresivos, meditados y consultados con él (si consideras que ya puede entenderlos). Si crees que no puedes resolver sola la situación, busca el apoyo de tu familia o de un profesional.

5 cosas que debes hacer si tu hijo tiene estrés:

  • Permite que llore sin reprimirlo. Para él es importante que aceptes sus sentimientos y se acerque a ti para expresarlos.
  • Enséñale a disfrutar de los procesos sin buscar resultados.
  • No fomentes la competitividad comparándolo con otros niños,
  • Acepta que en algunos momentos desee estar solo.
  • Demuéstrale que lo aceptas tal como es y no como te gustaría que fuera.

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Palabras clave de este post: estrés, estímulo infantil, familia

Nora Rodríguez

Nora Rodríguez  ·  Happy Schools Institute

Escritora, ensayista y pedagoga, así como pionera en el estudio de la violencia escolar en España y un referente mundial en innovación pedagógica. Durante más de veinte años ha impartido conferencias y formación sobre educación a profesores y directivos de diversas universidades, y a padres en organismos internacionales.

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