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Feminidad, dulzura y recato

Valores y emociones  · 

Feminidad, dulzura y recato

Como adelantábamos el lunes, mañana se celebra el Día Internacional de la Mujer y, en lo que respecta a la literatura infantil, a día de hoy todavía estamos inmersos en una gran mayoría de personajes y situaciones estereotipadas del tipo "azul para el niño, rosa para la niña"; del tipo mujeres y niñas planas, sencillas, sin fisuras ni complejidad psicológica alguna; del tipo princesas que necesitan ser salvadas. Y estas son sólo algunas de las muchas tipologías que habitualmente encontramos en los cuentos.

La literatura infantil está impregnada de estereotipos, que fomentan la desigualdad sexual por un lado y que reflejan una realidad encorsetada y poco realista por el otro.

No se trata de aleccionar a los niños a través de los libros, no se trata de escribir historias moralistas que enseñen que las niñas no deben ser de esta u otra manera, se trata, simplemente, de abrir un abanico cerrado por ya demasiado tiempo. Se trata de mostrar la paleta de inmensa de colores; porque no hay nada de malo en que una niña disfrute con las princesas y el color rosa, nada malo en que quiera casarse o le guste maquillarse, no hay nada malo si, además, también tenemos en cuenta a todas aquellas que no son de esa manera, ni las forzamos de manera indirecta, libro tras libro, a imitar un modelo determinado de mujer. En cualquier caso, se trata de huir del reflejo constante en la literatura infantil de una tipología femenina a la cual, a fuerza de bombardeo visual e informativo, las niñas acaban aspirando.

Los libros que hoy os recomendamos están protagonizados por niñas: unas princesas, otras no, unas femeninas, otras menos, pero, en cualquier caso, independientes, no estereotipadas y de una complejidad psicológica que huye del universal femenino de dulzura y recato.

Hilda y el trol, de Luke Pearson, editado por Barbara Fiore. 

Hilda es una niña que vive en una cabaña en las montañas, habitadas por troles y todo tipo de seres legendarios, y acompañada por su madre y por Brizna, un tierno animal mitad zorro mitad ciervo.

Hilda y el trol es el primer volumen que inaugura las aventuras de una niña curiosa y creativa, con una fuerte personalidad y un gran espíritu aventurero. Una vuelta a los orígenes, al bosque, a lo legendario, a lo inexplicable, al instinto infantil y a las creencias arcaicas de los antiguos dioses.

El ogro de Zeralda, de Tomi Ungerer, editado por Ekaré.

Un cuento del folclore popular divertido y socarrón que acompañado de las afiladas ilustraciones de Ungerer conforman un álbum de raigambre popular y oral pero absolutamente subversivo, crítico y llenos de guiños al lector cuidadoso.

La protagonista, Zeralda, es una diligente niña que cuida de su padre y que no tiene ningún problema en cuidar también del malvado ogro comeniños cuando éste se hace daño; una niña que toma las riendas del problema y lo soluciona con solicitud y sin titubeos a través de sus deliciosas recetas.

Un álbum sin victimismos, que refleja un determinada actitud de encarar la vida. Con fuerza y decisión Zeralda cambia su destino y el de muchos otros niños, y el agitador de Tomi Ungerer nos lo muestra sin medias tintas, con cierto aire macabro y mucho humor inteligente.

El pequeño libro rojo, de Philippe Brasseur, editado por Océano Travesía.

Brasseur nos presenta a una caperucita redondita y traviesa, valiente y espontánea. Una caperucita sin prejuicios y dispuesta a lo que sea con tal de salvar a su abuela. Una caperucita astuta gracias a los libros, a los que trata con naturalidad y sin convencionalismos, y que sabe muy bien cómo arreglárselas para llegar a su destino.

El pequeño libro rojo es un libro transgresor y subversivo, por su protagonista, astuta y valiente, y por el tratamiento que se le da al libro. Brasseur es un autor inteligente, divertido e ingenioso que huye de los convencionalismos sobre cómo deben tratarse los libros y va al meollo; lo importante es la astucia, la valentía y la libertad que otorgan las historias y los cuentos, no las tapas, ni el olor, ni el tacto de las páginas.

El libro es, precisamente, lo que ayuda a la protagonista en su viaje, lo que le permite, de manera física, defenderse, jugar, imaginar, soñar y espantar a los pájaros. No hay nada que la detenga con la cabeza llena de lecturas y un libro entre las manos.

Una apuesta por la espontaneidad infantil en contra de las normas rígidas que muchas veces los adultos imponemos a los niños. Porque las historias y los libros están para vivirlos, y cuanto más los vivamos, más lejos llegaremos.

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Palabras clave de este post: te recomendamos, estereotipos, sexismo, igualdad, literatura infantil

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