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La Hora del Cuento: Conversaciones con el abuelo

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La Hora del Cuento: Conversaciones con el abuelo

Hoy en nuestra Hora del Cuento os traemos un nuevo cuento de nuestras amigas de Cuento a la vista, se trata de Conversaciones con el abuelo, un cuento que toma la forma de las cartas y postales que tanto nos gustan. Un cuento divertido, tierno y original, algo a lo que María Bautista y Raquel Blázquez nos tienen acostumbrados.

Conversaciones con el abuelo, de María Bautista, ilustrado por Raquel Blázquez.

Si quieres aparecer en nuestra Hora del Cuento envíanos tu cuento a info@boolino.com

Querido Antón: 

(Mamá me ha dicho que las cartas de antes, como esta, empezaban así: ¡qué divertido!) 

Gracias por tu maravillosa postal. ¡Nunca me habían enviado ninguna! La he colgado en la pared de la habitación. Así cuando la miro puedo imaginarme que yo también estoy en la playa. 

Por aquí ya sabes que no hay playa, pero también pasan cosas interesantes. Hace unos días llegó el abuelo a casa. Mamá dice que es porque a veces pierde la cabeza, pero la verdad, desde que está con nosotros yo no lo he visto ni una sola vez sin la cabeza sobre los hombros. Por si acaso, estoy pendiente todo el tiempo de que no se deje la cabeza por ningún lado raro y luego, si la pierde, seamos incapaces de encontrarla. ¡Imagínate qué lío! 

Me gusta mucho tener al abuelo con nosotros, sobre todo porque cuando no está medio durmiendo en el sofá, me cuenta cosas de la mina. Es que mi abuelo era minero, ¿no te lo había dicho? Pasaba mucho tiempo bajo tierra, como las lombrices que cogemos en el cole, ¿te acuerdas? Aunque cuando le dije eso al abuelo (lo de las lombrices, digo), se rio mucho. 

El abuelo dice que el trabajo de minero es el más duro del mundo, aunque yo creo que eso lo dice porque hace tanto que fue a la escuela que ya no se acuerda de lo duro que es tener que hacer deberes todos los días. Aunque nosotros al menos tenemos el recreo. El abuelo me ha dicho que ellos también hacían descansos para comerse un bocadillo (almuerzo, lo ha llamado él y yo lo he buscado en el diccionario. Es una palabra bonita). Pero no jugaban al fútbol. Eso ni es recreo ni es nada. 

Le he preguntado al abuelo por qué hacía ese trabajo si era el más duro del mundo y no iba a la oficina como hace mamá, que aunque se queja, yo creo que no debe ser tan difícil como pasarse el día a oscuras bajo tierra. El abuelo me ha contestado que no tenían más remedio y le he entendido perfectamente. A mí también me encantaría pasarme el día jugando contigo al fútbol y ya ves, no nos queda otra que ir al colegio. 

También voy a la piscina, no te creas, aunque no tanto como me gustaría. Y es que no consigo convencer al abuelo para que se baje conmigo y me da miedo dejarle solo (por si pierde la cabeza y luego no la encuentra, ya sabes). Pero no me importa quedarme con él, sus historias son geniales. 

El otro día me contó que una vez estuvo mucho tiempo sin ir a trabajar porque los mineros hicieron huelga. A mí me pareció genial eso de no ir a trabajar porque sí, pero el abuelo me explicó que no era porque sí: tenían un motivo muy fuerte, defender sus derechos. No ir a trabajar, además, no es como no ir al colegio. Si no vas al colegio no pasa nada, pero si no vas a trabajar te la cargas (como cuando mamá se entera de que no hemos hecho los deberes). 

Aun así, el abuelo dice que había que arriesgarse y no ir a trabajar porque la causa “bien lo valía”. Esto no lo he entendido mucho, pero lo que si he entendido es que eso de no ir a trabajar era una cosa que no hacía solo mi abuelo, sino todos sus compañeros mineros, que eran como una familia. Por eso si a uno le hacían algo, todos salían en su defensa aunque eso supusiera un perjuicio para ellos (perjuicio, otra palabra que he tenido que buscar en el diccionario: significa daño). El abuelo dice que en la mina no se pensaba individualmente, sino en familia, por el bien común y que ahora todos pensamos solo en nosotros mismos. 

Yo le he dicho que eso no es verdad, que cuando hay que hacer trabajos en grupos en clase yo siempre pienso en ti porque eres muy listo y sacas buenas notas. Pero me ha dicho que no es eso, que pensar en los demás es hacer cosas por otros aunque a nosotros no nos guste. Y me ha puesto unejemplo. Si un día te castigaran injustamente sin salir a jugar pues yo tendría que dejar de jugar también ese día en señal de protesta. Por solidaridad, como dice el abuelo. 

No lo veo muy claro, la verdad, aunque eso de la familia me ha gustado mucho y he pensado que a lo mejor nosotros (tú, yo, Alberto, Jorge, Marina, etc) también podemos ser como una familia y defendernos los unos a los otros. 

En fin, Antón, como ves hay mucho que pensar antes de que acabe el verano (así que ven pronto de la playa). Además tienes que conocer al abuelo. 

¡Disfruta mucho en la playa! Saludos (dice mamá que las cartas de antes terminaban así o con “un beso” pero eso me ha parecido asqueroso)

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