Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

La Hora del Cuento: Soñé… y lo convertí en cuento

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: Soñé… y lo convertí en cuento

Hoy en nuestra Hora del Cuento Cristina G. Montero nos cuenta una historia de amor no correspondido, pero feliz. Un sueño-cuento que esperamos que os guste tanto como a nosotros.

Soñé… y lo convertí en cuento, un cuento de Cristina G. Montero.

Si quieres aparecer en nuestra Hora del Cuento envíanos tu cuento a info@boolino.com

 

Os voy a contar una historia de amor no imposible, no improbable, pero que perdería toda su magia de hacerse realidad. Porque las historias de amor imaginadas, los amores platónicos, son perfectos, responden a nuestra imaginación cuando queremos, y se van respetuosos cuando no es el momento. Y siempre, siempre, satisfacen nuestras expectativas.

Pablo es un niño de once años enamorado secretamente de su vecina, tal es su timidez que incluso se muestra antipático con ella cuando juegan en pandilla. Pero en su casa, repasa cada movimiento de esa niña pizpireta y algo repelente, delgada como un suspiro, que Pablo alimenta a base de suspiros de amor. Y repasa cada movimiento, cada palabra de la niña pizpireta, y por supuesto se recrea con cada roce, cada acercamiento casual. Y ella, Amelia, se convierte en el centro de sus pensamientos, a los once años. Tanto tiempo piensa en ella que confunde la intensidad de sus suspiros con devoción y, con el paso del tiempo, rebautiza a Amelia como su primer gran amor.

Los once años dan paso a los doce, y a los trece, y a la separación necesaria de la pandilla de niños que toman caminos muy diferentes. Y Amelia desaparece de la vida de Pablo y Pablo de la vida de Amelia. Transición necesaria, caminos distintos.

Y los caminos que andan dan paso a la madurez, a los matrimonios, los hijos… y a la noticia de que Pablo ha vuelto de su viaje guapísimo, ¿lo sabías? Ah! Siempre se pareció a aquel actor, ¿cómo se llamaba? Fuiste su primer amor, ¿en serio? No sabía nada… A Amelia le parece halagador, es bonito ser el primer amor de la infancia de alguien. Y se queda pensando en que cuando evoca  la imagen de Pablo siempre recuerda lo mismo: A él cazando para ella una libélula, entregándosela a continuación dentro de un tarro de cristal. Así que ahora Amelia cree encontrar en ese gesto la mayor demostración de amor de la que un niño tímido fue capaz.

RHM 230x50 1305 v03 Salamandra 5-3 230 X 50 0213

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: la hora del cuento, soñé... y lo convertí en cuento, cristina g. montero, cuentos infantiles, literatura infantil

Comentar post