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La Hora del Cuento: Don Sabelotodo

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: Don Sabelotodo

Por Rosario Naranjo Fernández

Hoy en La Hora del Cuento compartimos: Don Sabelotodo, de Rosario Naranjo. Licenciada en Derecho, DEA en Literatura y Comunicación. Ha sido Coordinadora de Proyectos Formativos y Actividades Socioculturales y Profesora Titulada en la Escuela Superior de Medios Audiovisuales de Sevilla. Desde hace años se dedica a la Creación e Investigación Literarias (narrativa y teatro), actividades que compatibiliza con su trabajo como Técnico en el Ministerio de Economía, siendo autora de cinco novelas, un libro de cuentos, numerosos relatos, piezas teatrales, ensayo y, en menor medida, poesía. Acreedora de diversos premios y reconocimientos por su labor literaria, cuenta con publicaciones en prestigiosas revistas y medios.

Podéis seguirla en su blog sobre literatura y escritura creativa: http://donairegalante.blogspot.com.es/

Ilustraciones de Adolfo Serra.

Todos los días son de fiesta para Luisito. Luisito vive en una típica casita de pueblo en un lugar apartado de la serranía, rodeado de naturaleza y en un estado de paz permanente. Un ambiente en el que, a pesar de lo bucólico, nunca se ha sentido completamente feliz, ya que no tiene hermanos ni tampoco animales de compañía con los que jugar.

Desde hace unos meses, sin embargo, cuenta con un amigo muy especial al que él ha apodado cariñosamente “Don Sabelotodo”. Cada tarde, bajo la atenta mirada de Angelines, su madre, Luisito dedica un par de horas a su amigo. Con él se divierte de lo lindo porque don Sabelotodo es un tío superocurrente a quien jamás se le agotan las ideas. Conoce muchos juegos, canta todas las canciones del mundo y sabe el significado de cualquier palabra que le preguntes. Con él resulta muy cómodo viajar a lo largo y ancho del planeta porque habla todos los idiomas, desde el inglés, el francés o el alemán hasta el chino, el árabe o el húngaro; además, dispone de una guía para cada ciudad donde se describen las características de los monumentos principales, las fiestas locales más importantes y las exquisiteces de la gastronomía autóctona. 


Una vez que decidieron que visitarían juntos la selva amazónica, don Sabelotodo le había mostrado unas preciosas fotografías donde aparecían todo tipo de animales salvajes y, sobre todo, mucha vegetación, y cuando se les ocurrió que podría ser una bonita experiencia recorrer el Parque Nacional de Serengueti a bordo de un todoterreno, su amigo le había sorprendido con una lista de provisiones que llevar y unas recomendaciones para protegerse del sol y del ataque de algunos bichitos molestos.

adolfo serra-selva

(c) Ilustración de Adolfo Serra


No cabe duda de que don Sabelotodo es como un libro abierto; en realidad, jamás un apodo ha sido puesto con más acierto, porque gracias a sus atinados consejos y a sus sabias lecciones, Luisito ha aprendido mucho. De hecho, don Sabelotodo se ha impuesto el deber de ayudar a Luisito con sus tareas escolares, y de lunes a sábado hacen juntos algunas actividades, como redactar documentos, crear tablas de ejercicios físicos o realizar complejas operaciones de cálculo. Doña Virtudes, la maestra de Luisito, ha advertido una notable mejoría en el chaval, tanto en lo que se refiere a actitud como en el desarrollo de capacidades, y se lo ha hecho saber a Angelines a través de un escueto comunicado:


Don Sabelotodo -reza la nota, que está escrita en letras de desigual tamaño, muy torcidas y coloreadas en un fuerte tono cereza- ejerce una magnífica influencia en Luisito.


Como es natural, Angelines se ha puesto muy contenta. No las tenía todas consigo cuando don Sabelotodo entró en sus vidas. Había oído toda clase de truculentas historias sobre los efectos perniciosos que estos tipos podían provocar en los niños, así que estaba con la mosca detrás de la oreja y decidida a no quitarle el ojo de encima ni un momento. 
Por otra parte, ella jamás había conocido uno y no tenía ni idea de cómo debía tratarlos, pero unos cuantos días con don Sabelotodo le habían bastado para comprender que el peligro era inexistente y que las ventajas que ofrecía superaban con creces el inconveniente de establecer una estrategia de juego que contentara a todo el mundo. 
Con unas normas claras al respecto, la cuestión quedaría zanjada de modo favorable a sus intereses: un horario concreto, una vigilancia moderada y unas pautas de conducta serían las premisas para iniciar la relación de Luisito con don Sabelotodo. Luisito había acatado las normas con entusiasmo porque la perspectiva de disfrutar de un compañero de juegos era un aliciente que estaba muy por encima de sus objeciones, y ahora se alegraba de haber sido un chico obediente porque la proximidad de don Sabelotodo le había hecho mucho bien, había estimulado su mente y su creatividad, y últimamente incluso había tomado por costumbre escribir cuentos que su amigo ilustraba.


Hoy, sin embargo, es un día triste para Luisito. Cuando ha ido a buscar a don Sabelotodo lo ha encontrado enfermo, sin ganas de jugar y ni siquiera de enseñarle alguna lección sobre la variedad de seres vivos que existen en el globo terráqueo, que es su tema favorito. Apenas acierta a hablar y tiene tan mal color que da pena exigirle un poco de atención. Sentados uno frente al otro y envueltos en un silencio sepulcral, Angelines y Luisito esperan la llegada del doctor. Se trata de un hombre joven con aspecto de ser muy listo, pero en vez de vestir una bata blanca y un estetoscopio, su atuendo se compone de unos vaqueros desgastados y un viejo polo de algodón. Tiene una mirada distraída y la sonrisa tímida de aquellos que viven demasiado encerrados en sí mismos, pero, a pesar de todo, transmite confianza. Por eso cuando se coloca unas gafas alargadas, abre el maletín y aparecen cientos de piezas metálicas minuciosamente ordenadas, Luisito siente un profundo alivio: está seguro de que gracias a la hábil gestión del profesional, su amigo se recuperará y, muy pronto, volverán a disfrutar de una gran cantidad de deliciosos momentos juntos.

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