Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

La Hora del Cuento: El perro verde

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: El perro verde

Os traemos la segunda parte del cuento por capítulos, 5.000 libros de tapas rojas, escrito por María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez, de Cuento a la vista. La segunda entrega se titula El perro verde, la librería a la que Solotú y sus compañeros llegan para quedarse.

Si te has perdido entregas anteriores...

Capítulo 1.- 5.000 libros de tapas rojas

El perro verde, de María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez.

Aquel día era miércoles, y como todos los miércoles, la librería El perro verde recibía la nueva mercancía. Javier, el dueño, llegaba aquel día antes de lo normal. Estudiaba los huecos que quedaban en las estanterías, movía algunos libros de sitio y retiraba los más antiguos. Luego esperaba a que viniera Martín con la enorme caja de cartón repleta de novedades. Estaba impaciente por abrirla.

- Calma Javier, que no se te van a escapar los libros – le aconsejaba Martín.

- Ya lo sé, pero no puedo remediarlo. Me siento como cuando de niño venían los Reyes Magos y nos ponían regalos junto a la chimenea.

La caja que había traído Martín tenía libros de todos los tipos: de aventuras, de animales, de personajes históricos, con enormes ilustraciones y hasta un par de ejemplares en inglés. También estaban Solotú y otros nueve libros de tapas rojas. Les habían mandado juntos porque El perro verde era una de las tiendas más populares de la ciudad. No solo vendía libros, también organizaba actividades para los más pequeños, talleres de cuentacuentos, clubes de lectura y charlas con algunos de los autores de cuentos infantiles más famosos. Por eso, cuando los libros de tapas rojas se dieron cuenta de que habían sido enviados precisamente ahí, se pusieron locos de contentos.

- ¡Qué suerte! Aquí tenemos muchas posibilidades de cumplir nuestra misión.
- Espero que no tarden mucho en comprarnos. Ya tengo ganas de que alguien me lea.

Javier fue colocando cada libro en su sección. A los diez de tapas rojas los apiló sobre una mesa redonda que había junto a la puerta con tanta suerte para Solotú, que él era el más visible de todos. Había sido pura casualidad, pero el libro se lo tomó como una muestra más de su especial belleza.

- Seré el primero en salir de aquí. Veremos cuánto tardo.

Ese mismo día, una niña rubia de ojos oscuros entró como un torbellino en la librería. Preguntó a Javier si habían llegado ya los libros nuevos y estuvo ojeando todos durante un buen rato. También a Solotú.

- Mira papá, este es precioso. Fíjate en las tapas, parecen hechas de tela y el color rojo me encanta, es mi favorito.

Su padre, un hombre regordete de barba espesa cogió otro de los libros. Se trataba de 4174, que se estremeció de emoción al sentir cómo pasaban sus páginas.

- Tienes toda la razón, las ilustraciones son preciosas. ¿Lo quieres?
- ¿Me lo compras? Sí, por favor, sí.
- De acuerdo, llévalo al mostrador.

Mientras esperaban a que Javier les atendiera, la niña siguió hojeando con ilusión a Solotú. De repente, justo cuando era su turno, la niña pegó un grito de terror que casi mata del susto a nuestro protagonista:

- ¡Esto está mal!
- ¿Qué está mal, hija?
- Mira papá, estas ilustraciones están al revés, y el texto en algunas páginas también.
- Debe ser un error de fábrica – advirtió Javier. – Acércate a la mesita donde estaban los libros y coge otro. La niña apareció con 4174, que no podía creer la suerte que había tenido. Cuando vio a Solotú apartado a un lado del mostrador le sacó la lengua despiadadamente:

- Tenías razón Solotú, no eres como lo demás, por eso no te venderán nunca. En cambio yo, ¡ya tengo compradora! ¡yuhu!

Nuestro protagonista comenzó a llorar desconsoladamente. Junto a él había un cuaderno y varios bolígrafos que, al verlo tan triste, trataron de consolarlo:

- No te preocupes, seguro que hay una solución para tu problema. Hay gente a la que le gustan los libros raros.
- ¿En serio?
- Sí, incluso llegan a pagar por ellos mucho más de lo que vales ahora – afirmó un bolígrafo de capuchón verde.
 - Yo sabía que era diferente. Pero creía que era mejor que ellos y ahora resulta que estoy mal hecho, que soy peor. ¿Qué va a pasar ahora conmigo?

Los bolis se quedaron pensativos durante un rato. Trabajaban con Javier y sabían que no le gustaba que hubiera errores en los libros. Siempre devolvía aquellos pedidos en los que había algún ejemplar defectuoso, pero ninguno se atrevió a decirle la verdad a Solotú. Tampoco hizo falta, porque cuando Javier terminó de atender a la niña rubia y a su padre, cogió el teléfono y marcó un número.

- Hola, buenos días, les llamó de la librería El perro verde. Acaba de llegarme un pedido de libros con un defecto de fábrica.
 - Pues eran 10 libros y creo que el fallo está solo en uno.
- Sí, eso sería lo mejor porque no quiero quedarme con él.
- ¿Cuándo vendrán?
- Perfecto. Les estaré esperando.

Solo habían oído una parte de la conversación, pero todos entendieron que el tiempo de Solotú en la librería no sería muy largo.

- ¿Y dónde creéis que me llevarán ahora?
- Supongo que volverás a la fábrica. Lo mismo te reparan y puedes volver cuando estés arreglado.
- ¿Tú crees? Eso sería genial, esta librería me gusta mucho, es muy acogedora.

Solotú se quedó más tranquilo con aquella idea, y esperó pacientemente a que vinieran a buscarle. Pero no llegaron aquella tarde y tuvo que pasar la noche en la librería, aguantando las burlas de sus compañeros.

- Así que el increíble Solotú tiene las páginas al revés. Pues sí que eras especial, sí…
- Tanto presumir y parece que tú serás el único de nosotros que nadie leerá.
- Mirad el perro verde de la librería El perro verde…se llama Solotú y solo él está defectuoso…

Nuestro pobre protagonista no dejaba de suspirar cuando les escuchaba. Por un lado se sentía muy avergonzado de haber sido tan arrogante y por otro, muy triste e incomprendido.

- No les hagas caso, Solotú. Eres diferente y ¿qué? ellos son todos iguales y tú eres único. Vales mucho más – afirmó convencido el bolígrafo del capuchón verde.
- ¿Pero si nadie sabe apreciarlo? ¿De qué sirve?
- Eso no tienes que pensarlo. Todo depende de ti, tienes que hacerte valer Solotú, demostrar que por ser diferente no tienes por qué ser peor.

Pero los ánimos del boli de capuchón verde no consiguieron curar toda la tristeza de Solotú. El pequeño libro de tapas roja lo único que deseaba era que vinieran cuanto antes a arreglarle para poder dejar de escuchar las terribles burlas de sus compañeros.

Continuará...

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: la hora del cuento, cuento a la vista, el perro verde, literatura infantil

Comentar post