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La Hora del Cuento: Un plan para escapar

La hora del cuento  · 

La Hora del Cuento: Un plan para escapar

El cuento 5.000 libros de tapas rojas, escrito por María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez, de Cuento a la vista se está poniendo más que interesante. Solotú ha decidido escapar del AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie y trazar un plan para dar el gran salto fuera de allí...

Un plan para escapar, de María Bautista e ilustrado por Raquel Blázquez.

Si te has perdido entregas anteriores...

Capítulo 1.- 5.000 libros de tapas rojas

Capítulo 2.- El perro verde

Capítulo 3.- El AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie

Fueron pasando los días en el AlmacénDeLibrosQueNoLeeNadie y Solotú se fue acostumbrando a la vida allí. En el almacén trabajaban cuatro hombres y dos mujeres, que descargaban los camiones repletos de libros que nadie leía. Los clasificaban y los colocaban en distintas estanterías. Parecían siempre malhumorados y eran muy poco cuidadosos con los libros. Solo una de las mujeres parecía diferente. Se llamaba Marga y era pequeña y regordeta. Le encantaban los libros y solía hojearlos en sus ratos libres.

– A mí una vez me leyó – confesó una tarde Cifi-. Fue genial sentir como unas manos pasaban mis páginas y unos ojos leían atentos mis palabras. Pero les tienen prohibido llevarse libros, así que no pude salir de aquí. ¡Una pena!

Cifi no era el único al que ella había leído, y por eso todos adoraban a aquella mujer con nombre de flor, que canturreaba todo el rato y les trataba con cariño.

Solotú descubrió también que había una parte, al otro lado del almacén, en la que se acumulaban libros cuyo destino no era ser pasta de papel. Estaban ahí esperando a que en las librerías se agotaran todos los ejemplares y necesitaran más. Pero a veces, según le habían contado los libros más viejos del almacén, eso no ocurría y acababan en las mismas estanterías en las que estaban ellos.

– ¿Y no habéis intentado nunca ir hasta allí y colaros en sus camiones?
– Yo no, pero recuerdo un libro que sí lo intentó. Le fue fatal
– ¿Por qué?
– Pues porque al intentar saltar desde la estantería se dio tal golpe, que acabó hecho polvo: con las tapas por un lado y las páginas sueltas. Un desastre…
– Yo sé de alguno que llegó hasta allí, pero creo que una vez en la librería se dieron cuenta de que no era lo que esperaban y acabó en el cubo de la basura. Eso me parece mucho peor, porque ni siquiera vuelves a ser un libro.

Pero las experiencias negativas de los otros no influían en el deseo de Solotú de salir de ahí como fuera. Era un libro muy bonito a pesar de estar defectuoso y merecía ser leído, tal y como le habían enseñado en la escuela. Así que ideó un plan.

Todos los viernes, uno de los empleados arrastraba un carrito donde llevaba libros para clasificar. En torno a las 11.30 recorría el pasillo en el que se encontraba la estantería de Solotú, tan cerca de ella, que con un pequeño empujón era fácil acabar dentro. Una vez en el carro, era mucho más fácil acercarse hasta la zona donde estaban los libros que no iban a convertirse en pasta. Ese era el primer paso. Una vez allí, Solotú tendría que estudiar la nueva situación para ver cómo colarse en el camión de reparto. Cuando Solotú les contó el plan a sus amigos estos se sorprendieron muchísimo:

– Estás loco, eso no puede salir bien – afirmó Fabul, tan negativo como siempre.
– Además, estás muy alto. De aquí al carro puedes darte un buen golpe y si no consigues acertar y caes directamente al suelo…¡no quiero ni imaginarlo! Acabarás hecho trizas, todo descosido, totalmente destrozado, hecho una pena, absolutamente roto…
– Cifi, creo que ya lo ha pillado...
– Sí, ya lo sé, pero es mi única oportunidad. Prefiero arriesgarme que quedarme aquí a esperar a que acaben con nosotros. Además había pensado que podíais ayudarme… – ¿Qué podemos hacer por ti además de aconsejarte que no lo hagas? Solotú les contó que necesitaba bajar de la estantería poco a poco, para evitar así caer desde tan alto.
– Si todos os adelantáis un poco y os colocáis formando una escalera, yo podré ir poco a poco, saltando de escalón en escalón hasta estar lo suficientemente cerca del carro como para no fallar.

Aunque no estaban muy convencidos de que el plan fuera a funcionar, Cifi y Fabul prometieron ayudar a Solotú. Durante varios días estuvieron contando el plan a los libros que tenían a su alrededor, asegurándose que harían todo según lo previsto.

El jueves por la tarde todos los libros de la estantería estaban ya informados del plan de Solotú, que se llevaría a cabo al día siguiente. Habían hecho incluso algunas pruebas, controlando el tiempo que necesitaban para adelantarse todos a la vez. Se trataba de un trabajo en equipo, donde cada libro era imprescindible. Pero aunque todos estaban dispuestos a participar, algunos se mostraban más entusiasmados que otros:

– Eres nuestra esperanza, Solotú – afirmaba emocionada un novela de vaqueros –. Si lo consigues, serás nuestro héroe. Quién sabe si gracias a ti todos podamos salir de aquí.
– Eso si lo consigue, este Solotú está majareta. Le saldrá mal, ya verás y acabará sus días mucho antes que si se quedara aquí con nosotros.

Pero unos y otros esperaban impacientes a que llegara el día siguiente para comprobar si realmente el plan funcionaba. ¿Conseguiría Solotú dar el gran salto?

Continuará...

 

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Palabras clave de este post: la hora del cuento, cuento a la vista, un plan para escapar, literatura infantil

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rosario

Muy bonito esperar al próximo sábado para ver la ora parte