Blog by Boolino

Mucho más que cuentos infantiles

Boolino es más que una web de cuentos infantiles y novela juvenil. Encuentra en nuestro blog consejos de lectura.

La muerte de las mariposas

Jóvenes lectores  · 

La muerte de las mariposas

Por Héctor Mellinas

Les pido una cosa solamente; antes de desplegar este artículo, hagan clic aquí e inviertan cinco minutos en escuchar la apoteosis que Giacomo Puccini compuso para Cio-Cio San cantada por una más que excelente soprano: Kristine Opolais.

Querer contar hoy el argumento de Madama Butterfly es, prácticamente, una pérdida de tiempo; no solo porque quién más, quién menos, ya conoce de qué va esta historia romántica (en la dualidad del término), sino también porque la anécdota de esta historia es ciertamente simple: un hombre satisface su deseo de extranjero casándose con una mujer nativa a la que abandona para regresar a su tierra.

La historia

Vayamos pues a la trama, parafraseando a Marcos Ordóñez, a aquello que sustenta los hechos del argumento. Y es que son muchas y diversas las emociones que enlazan lo acontecido en esta popular historia; pese a la diversidad temática, hay un sentido que predomina en la interpretación de la obra: la traición a la buena fe de aquellos que depositan sus esperanzas en entrar en la modernidad cultural sin dejar de lado su tradición de partida. Ese es el drama de Cio-Cio San.

ciocioLa geisha sucumbe al deseo de Pinkerton, el lugarteniente extranjero que, sin respeto alguno por las costumbres tradicionales del país de acogida, talmente un cazador para el que la presa es solamente parte del juego rutinario de la cacería, logra a toda costa satisfacer su deseo masculino de posesión femenina. Aquí, por supuesto, encontramos tópicas reflexiones sobre la condición humana y la falsa adaptación ante un choque de culturas.

Sin embargo, en Madama Butterfly observamos una cuestión interesante, planteada a partir de la contraposición de las dos esposas de Pinkerton: la japonesa Cio-Cio San y Kate la estadounidense. Mientras Kate representa la emancipación de la mujer (sin perder ni un atisbo de sensibilidad ni ganar en politicidad) del mundo moderno al que la geisha aspira, Cio-Cio San está ineludiblemente determinada por la cultura tradicional en la que ha sido educada: por más que quiera alejarse, el mundo al que pertenece es incompatible con los ideales con los que se pretende identificar.

El enfoque de Lacombe

No obstante, en la versión del drama que Benjamin Lacombe ha compuesto, las emociones que encontramos en primera instancia no son las de la japonesa, sino que Lacombe centra su perspectiva en el frenesí de Pinkerton y que lleva a la desgracia. Es el americano el narrador de la historia; y son sus constantes prolepsis las que nos ofrecen una nueva visión global de esta historia: no hay que dejarse llevar por nuestras pasiones, capaces (cosa inherente al ser humano) de destruir las vidas de aquellos que encontramos a nuestro alrededor. Es para huir de la monotonía del amor tradicional una vez superado su “capricho de esteta” que Pinkerton abandona a su mujer (es significativo que en ningún momento de la versión se nos diga el nombre de la geisha, identificada únicamente como Butterfly por la asociación inicial que el americano hace de la japonesa con las mariposas que ve en su túnica).

butterflySin embargo, a diferencia de la tradición ambieguedad que envuelve el final de la historia, Lacombe, cuando Cio-Cio San acaba de hacerse el hara-kiri justifica el doble grito de Pinkerton, que responde al interés de éste por la misma mujer japonesa y no por el hijo que han tenido. Eso nos muestra que la primera emoción de Pinkerton no fue fingida, sino que el peso de la tradición es lo que acabó con el deseo. Madama Butterfly nos enseña en última instancia, los condicionantes de nuestra propia cultura.

La ilustración que equivale al famoso “¡Butterfly! ¡Butterfly!” de Pinkerton, en cambio, sí que da pie a descubrir el porqué del llamamiento. Como todas las ilustraciones del álbum, Lacombe vuelve a demostrar que es un excelente dominador del efectismo y la sensibilidad, de la emoción plástica al servicio de una historia capaz de entrar en nuestras entrañas.

Como también se nos queda grabado el biombo de diez metros que es este álbum ilustrado: el ilustrador ha creado un desplegable al más puro estilo japonés cuyas ilustraciones nos resumen la historia de la geisha en una sorprendente fusión de su personalidad con los nenúfares y los cerezos tan típicos del Japón del XIX.

No es exagerado, pues, decir que Benjamin Lacombe ha creado una obra de arte llena de sutileza y emoción contenida, como corresponde a la verdadera protagonista de esta historia.

También te puede interesar:

Palabras clave de este post: Benjamin Lacombe, Madama Butterfly, Giacomo Puccini, tradición

Comentar post