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La nube que no quería llorar

La hora del cuento  · 

La nube que no quería llorar

Por Rocío Márquez

En el cielo hay muchas nubes, a veces son blancas y esponjosas, otras veces son grises y están llenas de agua. A veces chocan entre ellas y hacen un ruido muy fuerte, el trueno.  

Este cuento va sobre la nube Catalina. Era la nube más feliz del cielo, siempre se estaba riendo, contando chistes y haciendo cosquillas a las demás. Cuando las otras nubes se ponían grises y se preparaban para dejar caer toda el agua que tenían dentro, en forma de lluvia, la nube Catalina seguía blanca, blanca. Ella pensaba que cuando las nubes soltaban el agua era porque estaban llorando y muy tristes y ella no quería ponerse triste quería seguir siendo la nube más alegre del cielo.

Así que toda el agua que no soltaba en forma de lluvia se iba acumulando dentro de ella, hasta que se volvió tan pesada que ya no podía flotar en el cielo y fue descendiendo poco a poco hasta que llegó al suelo.  Cuando Catalina tocó la tierra se convirtió en niebla, la pobre estaba muy preocupada, allí no veía a ninguna de sus amigas, ni Lucilda, ni Ramona, ni Pepa, ni ninguna otra. Lo que si veía era personas, pero no chiquititas como estaba acostumbrada a verlas, si no que las veía a tamaño real, y lo que era peor, estaban dentro de ella, y no solo las personas, también había edificios, coches, animales. “¡Aquello era muy, muy raro! Pensó asustada.”

Intentaba volver a flotar pero no lo conseguía, tenía tanta agua dentro que pesaba demasiado para volver a elevarse. Menos mal que la nube Catalina era muy optimista y pensó que aquello tampoco estaba tan mal, así podía ver de cerca aquella ciudad tan bonita, tenía una noria, una torre alta con un reloj y un gran parque. Decidió quedarse allí.

A la gente al principio no le importó mucho la niebla, pero después de dos semanas seguidas se empezaron a preocupar y a aburrirse de ella. “Esta niebla es demasiado densa, pensaban, y muy rara”. La alcaldesa de la ciudad decidió que había que hacer algo y llamó a la meteoróloga más importante para que les ayudase. Cuando Rosalinda, que así se llamaba la meteoróloga, llegó al ayuntamiento le explicaron sus problemas con aquella densa y extraña niebla.

Rosalinda muy decidida se fue a la zona de la ciudad donde la niebla era más densa. Una vez allí, sacó todos sus aparatos de medición y su libreta de notas, después de tomar muestras y de anotar muchos datos, llegó a la conclusión de que aquella niebla era una nube que estaba tan llena de agua que pesaba mucho y no se elevaba.

-¿Cómo hacemos para que la nube suelte el agua y se eleve?- preguntó la alcaldesa a Rosalinda

-Habrá que convencerla –dijo ella muy decidida

-¡No sabía que se podía hablar con una nube! –exclamó la alcaldesa asombrada

Rosalinda volvió a la zona donde la niebla era más espesa e intentó hablar con ella:

-Hola niebla.

-Yo no soy niebla –dijo Catalina- soy una nube.

-Para volver a ser una nube, primero tienes que soltar toda el agua que tienes dentro –le explicó Rosalinda.

-¡Ay! No. Es que a mi no me gusta soltar el agua –se quejó Catalina.

-Pero, ¿cómo no te va a gustar? Si eres una nube, ese es tu trabajo.

-Es que cuando llueve parece que lloramos y estamos tristes.

-Pero, no pienses eso, llover no es lo mismo que llorar –le explicó Rosalinda- la lluvia es muy importante para la tierra, tienes que llover. Te voy a enseñar todas las cosas que son posibles gracias a la lluvia.

Le enseñó todo lo que hacía la lluvia. Los preciosos jardines, los majestuosos árboles, el gran rio que cruzaba la ciudad y los charcos que había en la calle en los que los niños saltaban mientras reían de felicidad. Viendo todo aquello la nube Catalina se convenció de que la lluvia no era triste, sino todo lo contrario. Así que decidió soltar toda el agua que tenía dentro, al hacerlo empezó a elevarse más y más, hasta que vio la ciudad a lo lejos, y las personas volvieron a ser pequeñitas.

Qué bien estaba otra vez en el cielo junto a sus amigas. Desde entonces era la primera que soltaba la lluvia.

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Palabras clave de este post: cuento infantil, cuento de carnaval, la hora del cuento

Rocío Márquez

Escritora y cuentacuentos aficionada gracias a mis hijas. @RocioMDP

Comentar post

ALFONSO

Sin duda Catalina era una nubecilla de algodón de azúcar, pues es la suya una narración sencilla, muy bonita y llena de ternura, algo que hoy día necesitamos tanto niños como adultos en este mundo desnaturalizado y tan falto de humanidad. ¡Siga con su bendita afición, por favor! ¡Enhorabuena!

Yolanda Toledo

Bonito cuento que de manera sencilla llega a los niños y enternece a los mayores

marta

Eres sin duda una gran escritora!!