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La rata Sara camina por la casa.

La hora del cuento  · 

La rata Sara camina por la casa.

Por Lidia Mínguez Pintado

La rata Sara camina por la casa es un cuento fonológico para tratar el fonema /a/ y a la vez con grandes valores para transmitir.

Sara es una rata de cloaca, vive rodeada de bacterias, pero es muy presumida. Todos los días cuando sale el sol, la rata Sara se lava la cara, limpia su casa y camina treinta largos kilómetros hasta llegar a su destino “la casa de Marisa”. Sara baja las escaleras, se mete en la alcantarilla y atraviesa tres calles hasta llegar a la Plaza Mayor. Allí sale, coge otra ruta que le lleva hasta las afueras, donde vive Marisa que viste solo con camisas.

Los sábados son sus favoritos porque tiene un manjar para degustar siempre que se lo permitan los demás. Marisa vive con su familia en una gigantesca casa, la rata Sara está encantada en esa casa porque come, salta, juega, e incluso baila cuando escucha a Marisa tocar la flauta. Todos los sábados, Amalia la hermana de Marisa hace pan con mantequilla y mermelada, pero le gusta elaborar su propio pan, coge agua y harina, lo amasa y mete al horno. La rata Sara que es muy lista, coge los restos de harina que ve por el armario, e incluso abre la caja de cartón antes de que Amalia la coja.

Un día, Amalia se da cuenta de que algo pasa, y decide poner una trampa, pone masa de harina en el suelo de la cocina y espera escondida tras la puerta. ¡Sorpresa!, la rata Sara aparece en la cocina a comer el manjar que le ha dejado Amalia. Amalia lo ve y asustada corre a llamar a Marisa, la rata Sara no sabe qué hacer, cree que la van a matar con la escoba y se va corriendo por el desagüe de la pila. Se queda pegada a la tubería y no respira, intenta que nadie la descubra. -¡Qué hambre tengo! decía la rata Sara Pensó que la mejor opción era regresar a casa porque si alguien la descubría se le había acabado su manjar del fin de semana. Cogió de nuevo su ruta, llegó a la Plaza Mayor y se alimentó con los restos del almuerzo que había a su alrededor.

Dos sábados después, decide volver. Se encuentra con Marisa y Amalia, estas la descubren y deciden guardar a la rata Sara en una jaula para enseñársela a sus amigos. La pequeña ratita estaba asustada, no sabía qué iba a pasar. Amalia y Marisa dejan a la rata en la mesa del jardín, allí ve pasar a palomas, abejas, arañas, y hasta una ardilla. -¿Qué está pasando? decía la rata Sara.

La rata Sara que era muy lista, decidió hacerse la muerta, así las dos hermanas la tirarían a la basura. Cuando lo vieron, las dos hermanas dejaron la puerta abierta de la jaula y se fueron. Pensaron que si la ratita estaba muerta, ya no había nada que hacer. En ese momento, la rata Sara corrió hasta llegar a su cloaca. No quiso detenerse en el restaurante de la Plaza Mayor, tenía miedo y ganas de estar en casa con sus bacterias, sus telarañas, su suciedad y su alegría.

Desde ese día, dijo que no volvería a salir más, viviría en su casita, solita y sin nadie más

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Lidia Mínguez Pintado

Graduada en Magisterio de Educación Primaria con mención en Lengua y Literatura españolas. La lectura es un arte y hay que hacer que el lector crezca: “para leer hay que aprender y para aprender hay que leer”.

Comentar post

Lucía

Fantástico cuento para leer en el aula, lo probaré con los peques :)

Paola

¡Me ha encantado el cuento! Lo probaré con los peques, tiene una pinta estupenda. Gracias Lidia.

Becca

Precioso cuento!! Me ha encantado, espero poder seguir leyendo más aventuras de esta ratita!! Gracias Lidia!! :)

Lidia

Me alegra que os haya gustado chicas :) Lidia Mínguez

mama.soltera

Precioso! Me ha encantado ❤

José Ramón C.

Bonito cuento Lidia