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Las gafas de Modiano

Valores y emociones  · 

Las gafas de Modiano

Por Héctor Mellinas

«Se me ocurrió que yo tenía una ventaja: la de vivir en dos mundos diferentes, según llevara puestas mis gafas o no. Y el mundo del ballet no era la vida real, sino un mundo en que se saltaba y se hacían entrechats en vez de andar normalmente. Un mundo de ensueño, borroso y tierno como el que veía sin mis gafas».

En Blackie Books tenían ya fichada desde hace ya tiempo la novela infantil del ganador del Nobel de Literatura 2014 Patrick Modiano (Boulonge-Billancourt, 1945). Y con razón. Que el tándem de artistas se complete con Sempé es seductor, pero si además la novela infantil no supone un cambio en la poética del autor sino que la refuerza al haber cambiado de género literario, el libro ilustrado se convierte en una pieza literaria mucho más que recomendable.

pianoPocas veces las novelas infantiles son, en términos digamos estructurales, adultas; es decir, quien espere en Catherine una sucesión de aventureros hechos protagonizados por la niña del título narrados de un modo evidente con una prosa sencilla se llevará una gran decepción. En Catherine no “ocurre” nada, no hay acción ni evidencias, todo son medias tintas, sutilezas en las que el lector debe decidir si apartar el velo que las tapa. Sin embargo, quien lea la novela con esta voluntad de revelación no hallará ningún placer en ella: Modiano nos narra los recuerdos de la protagonista desde la perspectiva velada, difuminada con la que vivimos cuando nos quitamos las gafas.

Y Sempé comprende a la perfección este matiz de la entre-visión y supedita sus ilustraciones al velo prosístico de Modiano: los suaves y acuosos colores pastel que completan los perfiles esquemáticos (a la blakeiana) transmiten el mismo efecto de recuerdo borroso que el texto, visto eso sí desde la dulzura de la inocencia.

Es pertinente de insistir en las gafas como metáfora profunda, más filosófica incluso que literaria, ya que es el elemento vertebrador de este relato. Las gafas son elemento que correlatiza los sentimientos de la protagonista, que gracias al cambio visual que implican las lentes, vive en dos mundos distintos: la realidad definida y el mundo interior (lleno de sueños de pequeña y de recuerdos luego). Esta dualidad es la que permite cuestionar cuál de los dos es el mundo real para Catherine como (a riesgo de ser extemporáneo) Tom Kempinski reflejó de un modo poéticamente estético en Duet for one sobre la poetizada figura de Jacqueline du Pré en Stephanie Abrahams:

El violín no es mi trabajo; no es una forma de vida. Es mi hogar. Cuando toco vivo en el mundo real; mi mundo, claro

Tanto Catherine como su padre son personajes escapistas de una realidad que les aburre, que no les interesa; una realidad de la que no se nos facilita excesiva información porque, desde la perspectiva de Modiano, aquello que nos debe interesar no es el mundo (¿de la clandestinidad?) en el que vive la pareja, sino aquello que Catherine toma prestado para construirse la propia identidad, que es desde la cual nos narra este cuento ya que «siempre seguimos siendo nosotros mismos, y las personas que hemos sido en el pasado continúan vivas hasta el fin de los tiempos».

encantoCatherine recuerda su historia en París porque ha visto cómo una alumna de ballet se quitaba las gafas para ensayar. Modiano focaliza el peso del pasado sí, pero se nos muestra de un modo tan ligero como el pretexto que lo inicia. Y es que la prosa de Modiano se adapta a la mirada infantil, llena de curiosidad por una realidad inestable en la que solamente tenemos la certeza de la inexactitud de los recuerdos.

Personalmente, el estilo de redacción (de frases cortas, matizadas y profundas) así como la visión del incomprensible mundo adulto y, sobretodo, la relación de aprendizaje que se establece entre padre e hija, me ha devuelto a Le bal de Irène Némirovsky: un texto protagonizado por una difícil relación maternofilial pero que, como Catherine, nos recuerda que “de tal palo, tal astilla”.

Nos encontramos, pues, ante una muestra de gran literatura al alcance de los pequeños que les servirá como puerta de entrada amena y reflexiva a la literatura contemporánea que les acompañará a lo largo de su vida. No hay que leer Catherine como la gran novela infantil, sino como una apuesta de futuro que, bien seguro, envenenará con el placer de la lectura a más de uno.

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Palabras clave de este post: Premio Nobel de Literatura, Patrick Modiano, Sempé, Blackie Books, recuerdo, infancia

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