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Libros de laberintos: otra forma de leer

Valores y emociones  · 

Libros de laberintos: otra forma de leer

Por Ana Domínguez Vizcay

Los laberintos han estado presentes con diversos significados en muchísimas culturas y civilizaciones a lo largo de la historia. Que se sepa, desde el mismísimo Neolítico. Dibujos grabados en piedra, “ratoneras” que ocultaban tumbas faraónicas o caprichosos jardines pensados para camuflar intrigas palaciegas o escarceos amorosos. Misteriosos y estrechos lugares, plagados de encrucijadas, intencionadamente complejas para confundir a quienes se adentraran en ellos.

En su versión infantil, ya sea espacio físico, cuaderno de pasatiempos o videojuego, son sinónimo de diversión y habilidad. Allí donde hay un reto, una meta, un rompecabezas mental, encontramos un lector motivado. Y el mercado editorial nos ofrece en estos momentos buenísimos ejemplos de libros en los que el hilo conductor y el protagonista es el laberinto. Propuestas con las que los niños pueden ejercitar su visión espacial, la lógica, el ingenio, la concentración, la destreza con el lápiz, el sentido de superación, la rapidez de respuesta… Casi la cabezonería, diría yo, en sentido positivo, porque hay que ser muy persistente para resolverlo todo.

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Un título reciente, que bebe y exprime esta idea, es El mundo en laberintos, del sello Círculo Imaginarium. Un interesantísimo planteamiento para edades entre los 8 y los 12 años, que combina el pasatiempo tradicional, con el libro informativo, envasado en un formato diferente y atractivo desde un punto de vista visual.  No es un atlas, no es un mapa, no es un callejero, pero tiene mucho de todos ellos.

El libro nos plantea el viaje de Jorge, un profesor de geografía, y su perro Milo. Una vuelta al mundo, nada menos. Un periplo a través de 48 fascinantes laberintos que les llevarán a visitar ciudades, países, monumentos y parajes naturales. Desde la ciudad croata de Dubrovnik, hasta las Torres Petronas en Kuala Lumpur, pasando por el parque nacional de Masáia Mara, en Kenia. Lo enriquecedor del libro es que cada laberinto se completa con una breve ficha (enmarcada como si fuera una vieja carta enviada por correo aéreo y un sello personalizado) con datos y contenido sorprendente sobre cada destino. ¿Sabes que la Sagrada Familia es el monumento más visitado de España? ¿O que las olas más grandes sobre las que se ha hecho surf rondan los 24 metros de altura? ¿O que Buenos Aires tiene la mayor concentración de teatros del mundo?

En estas breves instrucciones, que permiten así incorporar la lectura al disfrute del libro, se plantea también la búsqueda de 4 elementos (lugares, objetos, personas…) que ayudan y dirigen la resolución del enredo. Un aliciente más es que debes hallar la ruta correcta pasando por las páginas partidas por la mitad, siguiendo los diferentes medios de transporte que se proponen y enlazando unos laberintos con otros hasta completar toda la vuelta al mundo. Una delicia, la verdad, que puede encajar perfectamente como actividad colaborativa en el aula.

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Otra recomendación en esta misma línea y franja de edad sería Pierre el detective de laberintos. La búsqueda de la piedra del laberinto, editado en España por Blume. De gran tamaño, cada ilustración a doble página es como un mosaico romano con millones de teselas. Pero a la japonesa. Porque esta obra, que concibe la ilustración desde un punto de vista mucho más artístico, surge desde un estudio de diseño nipón, IC4DESIGN, ideado por Hiro Kamigaki y con textos de Chihiro Maruyama.
El texto pierde fuerza en favor de la calidad visual y el detalle, pero siguen en juego la aventura, el misterio, la capacidad de observación y el trabajo detectivesco. Hay que sumergirse entre los detalles de quince condensadas escenas (el museo, el mercado, el puerto…) para ayudar a Pierre, que anda loco tras los pasos del Señor X. Además de buscar y localizar los objetos y personajes que se marcan, seguir pistas y de superar más de un desafío, también hay que encontrar el camino correcto que nos permita salir de cada laberinto. Muy divertido y 100% estimulante.

Una buena excusa para enredarse en estos laberínticos libros en los que, para ganar algo, hay que perderse un buen rato.

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Palabras clave de este post: laberintos, ilustraciones, buscar cosas, libros infantiles

Ana Domínguez Vizcay

Periodista de formación y postgrado en Marketing Digital. Hace más de una década que me muevo en el ámbito de la comunicación corporativa y el marketing editorial y he podido disfrutar de algunas experiencias como editora. Me seduce el universo de la literatura infantil, sus fondos y sus formas. Compartir un cuento con mis hijos cada noche es la guinda que me endulza el día

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