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¿Cuántos libros infantiles debe conocer un Maestro?

Jóvenes lectores  · 

¿Cuántos libros infantiles debe conocer un Maestro?


Me gustaría pensar que el título de este artículo generará indignación entre la comunidad docente; no es para menos cuando lo que hoy cuenta son los datos cuantitativos que dejan de lado cualquier avance que no pueda ser evaluado en términos numéricos, y todo a causa de la excesiva burocratización tecnócrata en la que la administración educativa nada... o se ahoga.

Por otro lado, me entristece que el baile de números y cifras astronómicas que se barajan hoy en día por cuestiones económicas y políticas siga predominando cada día en los medios y haga que los pilares de cualquier sociedad: la salud y la educación , se vean fuertemente impactados por sus efectos.

 

Inevitablemente, las cifras se han puesto tan de moda que terminan resultando corrientes los planteamientos y políticas de fomento de la lectura infantil diseñados en clave numérica y cuantitativa como la que planteo en el enunciado del artículo: ¿Cuántos libros infantiles deben conocer los Maestros? La Conselleria d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya a través del plan L’Impuls de la Lectura, expone que las expectativas de dicho plan es que cada niño lea 25 libros para niños a lo largo de cada curso. Si este plan se está desarrollando realmente en las escuelas, cabe plantearse la siguiente pregunta: Si cada alumno de la etapa de la Educación Primaria se ha de leer veinticinco libros infantiles por curso, ¿Cuántos cuentos infantiles debe conocer un Maestro?

Me aferro al discurso que defiende que al colegio se le piden demasiadas cosas por no decir que se le pide todo, como si los colegios fueran el genio de la lámpara o una institución mágica capaz de resolver los desequilibrios sociales. A mi entender, la función de los colegios consiste en complementar los conocimientos, hábitos y valores que el educando recibe en casa, independientemente de su modelo familiar y con el soporte de instituciones extra-escolares para aquellos niños que, desgraciadamente, no reciben atención educativa en sus casas. Dicho esto y siendo conocedor de los recursos y de la formación que se ofrece al profesorado, es sorprendente que, aparte de todo lo que ya se les pide, ahora se exija que sea solamente a la escuela el garante de que cada niño se haya leído veinticinco libros a lo largo del curso. Así pues, vuelvo a la pregunta de ¿cuántos libros infantiles debe conocer un Maestro? Veinticinco libros para niños multiplicados por los seis cursos que tiene la Educación Primaria son ciento cincuenta libros infantiles diferentes.

El crítico y escritor Aidan Chambers afirma que, para que el profesorado sea competente como promotor de la lectura infantil, cada Maestro debería conocer “aproximadamente quinientos libros infantiles. Aproximando los números, ciento cincuenta son libros ilustrados, ciento cincuenta son novelas, setenta y cinco son de poesía, setenta y cinco son libros de cuentos de hadas y tradiciones, cien son textos ilustrados del tipo que los niños necesitan cuando empiezan a poder leer solos y los últimos cincuenta no pueden ser clasificados en ninguno de los tipos anteriores... Estos quinientos libros infantiles han sido seleccionados como representativos y mejores en su categoría de todos los se han producido en el pasado y se están produciendo ahora”. El criterio de Chambers es más que discutible; pero si ha llegado a esta conclusión, quizás la podemos utilizar para hacer un poco de autocrítica y aceptar que de lectura, en general, no vamos bien. Y tampoco es cuestión de sentirnos culpables sino de reflexionar en torno al sistema educativo ya que, aunque la educación es un arte difícil de medir con números y en el que hace falta apostar por materiales de calidad en lugar de por cantidades de libros infantiles, lo cierto es que lo ideal sería conocer muchos libros para niños que fueran ideales para trabajar cualquier asignatura, sin limitar la lectura a las clases de lengua, sino utilizándola como un recurso transversal habitual.

Delegar la función de fomento de la lectura exclusivamente al colegio, presiona a la institución escolar y rebaja responsabilidades que corresponden al resto de entes públicos que también tienen la obligación moral de fomentar el placer por la lectura. Quizás vaya siendo hora de que se dignifique de una vez la figura del Maestro y éstos ocupen el rango que les corresponde como agentes imprescindibles para el buen funcionamiento de una sociedad que crece, madura y evoluciona. Lo que cuesta entender es que, a día de hoy, aún no se sepa distinguir lo excepcional del trabajo de los Maestros, diferenciándolos del resto de profesiones. Los Maestros y las Maestras necesitan el soporte y la implicación de toda la comunidad educativa con la que interactúan si queremos ver avances en los hábitos de lectura de los niños. Sin esto, las responsabilidades y el peso que se delega en ellos, difícilmente podrá dar resultados excelentes a nivel numérico aunque, casi milagrosamente, sí se consiguen resultados cualitativos.

A tenor de lo expuesto, lo cierto es que vivimos un momento de esplendor en cuanto a la variedad y la calidad de la oferta de libros de literatura infantil que tenemos a nuestro alcance. Seguro que cada Maestro encontrará en los libros todos, o una parte de los contenidos de las temáticas que trabaja en el aula; diversidad de temáticas y de gran calidad que quizás encontrará en cuatro libros...o en veinticinco.

Gerard Corriols, pedagogo

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Constanza

Con respecto a este artículo, creo que, más que conocer quinientos libros, hay que conocer a profundidad historias que le dejen al niño enseñanzas para la vida. En el mercado hay muchos títulos, pero son pocos los libros que se quedan en el corazón y en la mente de los niños. Creo que el adulto, no solo los maestros, debería leer más lo que se supone leen sus hijos y realizar con ellos una breve selección de obras "maestras". Ir a la librería con los niños, que exploren, que miren muchos libros, los hace entrar en sintonía con la lectura, más que si los obligamos, como se obliga a un enfermo a tomar aceite de hígado de bacalao. Los libros son mundos apasionantes, pero los niños nunca lo sabrán si no tienen un adulto que les lea con pasión, uno que esté enamorado de las historias. Yo tengo un hijo adolescente. Él tiene 16 años, pero desde que era pequeño, el plan de compartir era ir a las librerías y degustar libros, arruinarnos comprando libros. Eso era maravilloso. Hoy en día, él es un niño que no necesitas obligar a leer, sino que es un amante de los libros porque toda la vida han sido sus amigos. Creo que más que la cantidad, aboguemos por la calidad y por el sentido que le da un adulto enamorado de los libros al acto de leer. Eso enamora más a los peques que cualquier listado sin vida que hagan los denominados expertos.