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Los bebés frente al estrés: abrazos curativos

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Los bebés frente al estrés: abrazos curativos

Por Nora Rodríguez

Desde el momento del nacimiento, nuestros hijos aprendieron a sentirse protegidos, amados y seguros en nuestros brazos. A medida que fueron creciendo y que aprendieron a caminar y a inspeccionar el mundo, es probable que muchos padres creyeran que este tipo de manifestaciones ya no eran necesarias, para evitar malcriarlos o porque creían que si tenían una relación más distante, los niños crecerían más rápido intelectualmente. Estas y otras modas reproducidas una y otra vez desde los medios de comunicación han perjudicado durante años  a los pequeños de la casa.

Nuestros hijos necesitan de nuestros abrazos aunque no siempre lo manifiesten, ¡y más si son pequeños! En primer lugar, porque cada vez que los estrechamos con honestidad les permitimos sentir que los comprendemos y que no necesitan estar tristes o haber hecho algo genial para que les abracemos. Ser cariñoso sin motivo alguno, solo por el placer de expresar nuestros sentimientos, es además una excelente medicina antiestrés.

Causas del estrés en bebés:

Del nacimiento a los 6 meses

Durante los primeros meses de vida, las necesidades de  tu hijo son  físicas y emocionales, y es imprescindible satisfacerlas para su subsistencia: momentos de contacto cuerpo a cuerpo, buscar su mirada, sonreírle, tan importantes como las alimentación, el sueño, la evacuación, o juegos e intercambios positivos. La no satisfacción de alguna o varias de esas necesidades puede ser causa de estrés infantil. En especial cuando:

  • No es atendido en un tiempo breve desde el momento de la demanda, con lo cual  el bebé se siente frustrado.
  • Los mensajes corporales y el rostro de la madre o de los adultos que están a su cuidado denotan indiferencia.
  • Cuando el bebé no tiene contacto físico habitual con uno o ambos padres.
  • Se deja llorar al bebé hasta que logra dormirse solo.
  • El bebé está en un ambiente donde hay demasiados estímulos, como televisión, gritos, etc.
  • Se fuerza al bebé para que conquiste determinados logros, como caminar, comer solo o controlar esfínteres.
  • Se fuerza al bebé a adaptarse a cambios continuos de horarios y se cambia a menudo a las personas que le cuidan.

Durante el segundo año de vida

  • Cuando se le exige una conducta que no es acorde a su edad. Por ejemplo, que se comporte en casa o en sitios públicos como un niño mayor.
  • Cuando se le priva de la espontaneidad y de su tendencia natural hacia la curiosidad.
  • Cuando no se le permite estar con otros niños.
  • Cuando está poco tiempo con sus padres y manifiesta síntomas de abandono como desgana, hombros caídos o dolores de barriga.

Durante el tercer año de vida

  • Cuando la relación que se tiene con él sólo se basa en prevenirlo de peligros y no hay momentos de distensión, como cantar juntos, contar cuentos, etc. Es decir, cuando el mensaje más frecuente que recibe es que el mundo es para él un sitio peligroso y se le priva de determinadas experiencias acordes a su edad.
  • Cuando no se tienen en cuenta sus expectativas y se le obliga a hacer cosas que no responden a sus intereses, como colocarlo frente a la televisión  o un Ipad para que no moleste o hacerle jugar solo con adultos.
  • Cuando no se le permite expresarse, ni manifestar su rechazo a situaciones que le superan en el núcleo familiar.
  • Cuando los mensajes que recibe por parte de los adultos son ambiguos, es decir, cuando los padres no se ponen de acuerdo en lo que esperan de él.

Síntomas de estrés en bebés:

Durante el primer año: rigidez de brazos y piernas, llantos inconsolables, rechazo al alimento o comer demasiado, problemas para dormir (insomnio o sueños cortos sin descanso).

Durante el segundo año: problemas para concentrarse, dispersión mental, abatimiento con permanente estado de nerviosismo, dolor de vientre, llantos continuos.

Importancia del juego

Los juegos tranquilizadores como canciones con mímicas o aquellas en las que intervienen el contacto corporal y las caricias, narrarle cuentos, o simplemente columpiarse abrazados unos instantes son los más adecuados si descubres que hay situaciones que le provocan estrés.

Ten presente que como tú eres el mejor recurso antiestrés que tu hijo tiene, si se sobreexcita con facilidad deberás llevar a cabo estos juegos especialmente antes de ir a dormir, antes de comer, antes del baño e incluso antes de llevarlo a la guardería, a fin de que todo aquello que puede generarle un conflicto sea para él mucho más fácil de amortiguar y por lo tanto menos impactante.


 

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Palabras clave de este post: estrés, bebés, familia

Nora Rodríguez

Nora Rodríguez  ·  Happy Schools Institute

Escritora, ensayista y pedagoga, así como pionera en el estudio de la violencia escolar en España y un referente mundial en innovación pedagógica. Durante más de veinte años ha impartido conferencias y formación sobre educación a profesores y directivos de diversas universidades, y a padres en organismos internacionales.

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