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Picazón en las patitas

La hora del cuento  · 

Picazón en las patitas

Por Ana Navalón

Leer es la mejor medicina, deja que la araña Marisa te lo cuente...

La araña Marisa tenía picazón en sus patita. En sus ocho patitas. Se rascaba y se rascaba, cada vez una patita, pero la araña Marisa seguía teniendo picazón en las patitas.

Bajó a la cocina y le preguntó a su abuela, la araña Nana, si había algún medicamento para curar la picazón en las patitas.

—¿No será picor, querida? —preguntó la abuela mientras mezclaba huevos y harina. Algún dulce rico estaba preparando.

—No, abuela, no —dijo Marisa—. Lo que tengo es picazón en las patitas.

—En tal caso, veamos si hay algo en el botiquín que nos pueda ayudar.

El botiquín de la abuela Nana era una caja grande de madera, con un cierre de metal. Miró todos los botes y cajas que allí guardaba, ajustándose las gafas y acercándolos a la luz. Leía en voz baja lo que ponía en cada envase: dolor de cabeza, dolor de muelas, dolor de pies, picaduras de insectos, pisotones, dolor general, dolor muscular, para dormir, para el resfriado, para la gripe, para cuentitis,  placebo, para el agotamiento general, para heridas, para arañazos... Pero nada para la picazón.

—Mmm... ¿estás segura de que no te duele nada, de que es picor?

—No, abuela, no —insistió Marisa mientras se rascaba las ocho patas a la vez—. Es picazón en las patitas.

—Entonces me temo que no tenemos nada. Ve a la farmacia y pregúntale al farmacéutico si tiene algo.

Marisa se puso entonces su abrigo rojo y salió cojeando de casa. Tenía que cruzar todo el bosque para ir a la farmacia y, la verdad, era un tanto complicado andar con aquella picazón en las patitas.

Al pasar junto al río se encontró con el Sapo Toño, que estaba sentado en un nenúfar, contando los peces que nadaban a su alrededor. Al ver acercarse a Marisa exclamó:

—¡Oh, pero qué visión! ¿Es caperucita la que se acerca rascándose las patitas?

—No seas bobo, Toño. Soy yo y tengo picazón en las patitas. Voy a la farmacia para que me den algún remedio —explicó Marisa.

—¿Picazón en las patitas? ¿Y duele?

—No, no duele. Es picazón en las patitas.

—Yo eso no sé lo que es, a mí nunca me ha pasado nada así en las patas. A lo mejor es porque me paso el día dentro del agua, ¿has probado a mojarte los pies?

Marisa no había probado a mojarse los pies, pero pensó que no sería una mala idea, así que lo intentó. Metió primero una patita y luego otra más. Así, despacito y con cuidado, acabó con las ocho patitas dentro del río. Contó hasta tres y como seguía teniendo picazón en las patitas, decidió que era mejor ir a la farmacia. Agradeció al sapo Toño su ayuda y siguió su camino, mientras se rascaba sus patitas.

Junto a un árbol, tumbada en la sombra, se encontró con la gata Marta. Parecía que acaba de despertarse de la siesta, porque estiraba todo su cuerpo. Cuando vio a Marisa se alegró y la saludó muy contenta. Pensó que a lo mejor podían ir a merendar juntas.

—¡Hola Marisa! Es casi la hora de la merienda, ¿te apetece tomar pastel?

—Hola, Marta, muchas gracias, pero no puedo. Tengo que ir a la farmacia a por un medicamento. Tengo picazón en las patitas.

—¿Picazón en las patitas? ¿Y duele?

—No, no duele. Es picazón en las patitas.

—Yo eso no sé lo que es, a mí nunca me ha pasado nada como lo que dices. A lo mejor es porque varías veces al día lamo mis patitas para que estén limpias. ¿Te has lamido hoy las patitas?

Marisa no tenía por costumbre lamerse las patitas, pero pensó que no sería mala idea. No le haría ningún mal, así que lo intento. Se lamió con cuidado sus ocho patitas, como si fuese un gato. Contó hasta tres y como seguía teniendo picazón en las patitas, decidió que era mejor ir a la farmacia. Agradeció a la gata Marta su ayuda y la merienda que le había ofrecido, y siguió su camino, mientras se rascaba las patitas.

Más adelante en el camino se encontró con la tortuga Paca. Había salido a pasear y cuando vio acercarse a Marisa, la saludó efusivamente Se dio cuenta de que andaba muy despacio y le preguntó que le pasaba.

—¡Hola Marisa! ¿Estás bien? Hoy me parece que andas con cierta dificultad.

—Sí, Paca, sí. Tengo picazón en las patitas.

—¿Picazón en las patitas? ¿Y duele?

—No, no duele. Es picazón en las patitas.

—Yo eso no sé lo que es, a mí nunca me ha pasado nada como lo que dices. A lo mejor es porque siempre ando muy despacio. ¿Has intentado andar más despacio? Con tus ocho patas siempre andas muy deprisa.

Era verdad que gracias a su ocho patas la araña Marisa siempre andaba muy deprisa. Pensó que no sería mala idea y que no le haría ningún mal, así que lo intentó. Anduvo junto con la tortuga Paca, las dos muy despacito. Contó hasta tres y como seguía teniendo picazón en las patitas, decidió que era mejor ir a la farmacia. Agradeció a la tortuga su ayuda y siguió su camino, mientras se rascaba las patitas.

Llegó por fin a la farmacia y el ratón Ramón, al verla entrar, también se acordó de Caperucita.

—¡Buenas tardes, Caperucita! ¿Dónde vas tú tan bonita?

— Buenas, don Ramón. Vengo a por un medicamento porque tengo picazón en las patitas.

—¿Picazón? ¿No será picor?

—No, don Ratón —dijo Marisa muy educadamente—.  Es picazón en las patitas.

—¿Picazón? ¿Y duele?

—No, no me duele. Sólo es picazón en las patitas.

—Veré entonces si hay algo por aquí.

Se metió en la rebotica y Marisa lo oyó mover cajas, frascos de cristal, abrir cajones, cerrar puertas de armarios. Ojeó también un par de libros, buscando algún remedio. Al cabo de unos minutos sacó la cabeza:

—¿Estás segura de que no es dolor?

—No, no es dolor. Es picazón en las patitas.

Volvió a ocultar la cabeza y se volvieron a oír ruidos de cajas, de frascos de cristal, de cajones y de puertas de armarios. Sacó la cabeza por la puerta de la rebotica y volvió a preguntar:

—¿Estás segura de que no es picor?

—No, no es picor. Es picazón en las patitas.

—Tengo cremas y pomadas para el picor...

—Pero no es picor, es picazón, señor, picazón en las patitas.

El ratón suspiró:

—En tal caso lo único que te puedo ofrecer es un remedio casero. Siéntate tranquila, lee, haz algo que te guste y por nada del mundo te toques los pies. He leído en un libro que es la mejor medicina para la picazón de pies.

La araña Marisa no estaba muy convencida de que ese remedio fuera a funcionar, pero al fin y al cabo no le haría ningún daño. Le agradeció a don Ratón su ayuda y volvió a casa, dispuesta a intentarlo.

Al llegar a casa le contó a su abuela lo que le había propuesto el señor farmacéutico. Su abuela también pensó que no era un mal remedio y, como había hecho rosquillas para merendar, le preguntó a Marisa si podrían añadirse con un poco de chocolate a la medicina propuesta.

Marisa decidió que no le haría ningún mal y en seguida puso la mesa para poder merendar. De todos modos tenía que merendar, porque la merienda era la comida más importante del día. Después de merendar se sentó en el sofá y se puso a leer. Así pasó la tarde la araña Marisa y así se le pasó la picazón en las patitas.

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Palabras clave de este post: cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos de animales

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josefina

Me gusta

pepi

me ha parecido muy entretenido

maria rosa /

Me ha gustado mucho/10 p/